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A propósito del cabreo de Isco con un periodista de El País

"Yo a ti no te voy a contestar. Diga lo que diga, tú vas a poner lo que quieras. Te voy a dejar que sigas en esa línea y que intentes molestar lo menos posible a la selección.

 

Los compadreos entre periodistas y políticos, cantantes, artistas de cine o futbolistas pocas veces traen algo bueno. La distancia permite trabajar mejor, con más perspectiva, porque los periodistas no somos protagonistas sino testigos privilegiados de lo que sucede, y confundirlo u olvidarlo no ayuda precisamente a la calidad de lo que luego hay que contar.

 

En las coberturas de fútbol que me tocó realizar durante mis años de reportero siempre me rechinaron los cariños y los odios que percibía entre los jugadores y la prensa especializada. Demasiada familiaridad, y ya se sabe que no hay familia donde no acabe existiendo algún conflicto. Lo recordaba el jueves pasado, cuando Isco Alarcón, jugador del Real Madrid y de la selección española se negó a contestar en rueda de prensa oficial la pregunta estrictamente técnica de un redactor de El País cuyas crónicas durante el pasado mundial de Rusia no parecieron gustarle mucho al futbolista malagueño.

 

“Yo a ti no te voy a contestar -arrancó Isco tras la pregunta de Diego Torres-. Diga lo que diga, tú vas a poner lo que quieras. Te voy a dejar que sigas en esa línea y que intentes molestar lo menos posible a la selección. Nosotros estamos en el campo y no necesitamos a gente que nos esté pegando palos”.

 

Tela marinera: En resumen, en cuatro sencillas frases, Isco:

  1. Se permitió no contestar la pregunta técnica.
  2. Realizó un severo juicio de intenciones: “diga lo que diga, tú vas a poner lo que quieras”.
  3. Se arrogó la portavocía de todos los jugadores cuando sugirió al informador “molestar los menos posible a la selección”
  4. Reconoció su dificultad para admitir las críticas, algo a lo que está expuesto por su trabajo y se supone que sabe que está incluído en el sueldo: “no necesitamos a gente que nos esté pegando palos”.

 

Me rechinó que Torres se callara sin más tras el exabrupto, pero me sorprendieron muchas más cosas de ese para mí extraño episodio, como que nadie protestara en la sala, o que el encargado de repartir los turnos avalara la actitud de Isco dando paso a la siguiente pregunta como si no hubiera pasado nada. ¿Vivo en otro mundo si pienso que lo suyo hubiera sido que el representante de la selección le hubiera recordado a Isco su obligación de contestar? ¿O estoy equivocado y no existe tal obligación?

 

Aunque la asociación de ideas pueda sonar exagerada, lo que hizo Isco es exactamente lo que suele hacer Donald Trump con frecuencia y todo el mundo coincide en que tal proceder es intolerable. Vamos a ver que yo me aclare, ¿a Trump le llamamos impresentable cuando se comporta groseramente, los periodistas estadounidenses le montan un gran pollo coral, y a Isco nosotros tenemos que reírle la gracia?

 

Porque eso fue lo que pasó cuando al día siguiente le tocó comparecer a Sergio Ramos, y éste inició su respuesta a Torres con un condescendiente “Yo sí te voy a contestar” ¿Soy yo el único a quien le chirría esta manera de funcionar? ¿Es así como los periodistas nos hacemos respetar? Para más inri, al día siguiente aparecieron titulares en medios como El Español o Periodista apoyando el “zasca” de Isco a Torres olvidando, creo, que así dotan de autoridad moral al futbolista y a sus compañeros para que hagan lo mismo con cualquier otro informador cuando les apetezca.

 

Mientras los periodistas españoles actuemos de esta manera, nos merecemos lo que tenemos. No se pueden tolerar los desplantes, ni los insultos, ni las ruedas de prensa sin preguntas, ni tampoco los conchabeos.

 

Luego, cuando un político decide comparecer por plasma, vamos y nos quejamos. La dignidad del oficio periodístico hay que defenderla en todos los frentes, trabajársela a diario y a conciencia. Lo de Isco es un pésimo síntoma no ya por él, que es buen jugador, parece buena persona y sin duda fue víctima de un calentón, sino porque desplantes como el que se permitió sugieren la existencia de un tipo de relación entre personajes públicos y periodistas nada sano para el buen desempeño del oficio.