Confidencial Andaluz

Adelgace sin esfuerzo

Adelgace sin esfuerzo
12:55 | 17 de julio, 2016
Marcial Vazquez

Marcial Vázquez

Han abierto un nuevo negocio cerca de donde vivo. En su fachada, muy llamativa, aparece en letras grandes “ADELGACE SIN ESFUERZO”. Cuando lo vi, la verdad, me vino de manera instintiva a mi mente las promesas electorales. Igual que hacemos creer a la gente que adelgazar, aunque uno tenga 50 años y un metabolismo ya asentado, se puede lograr “sin esfuerzo”, los políticos están dispuestos a convencernos de que es posible lograr 2 millones de empleos o el sostenimiento y mejora de todas las pensiones si ellos logran gobernar. Intuyo, a estas alturas, que pocos piensan que se pueda lograr adelgazar porque sí. Sin embargo, aún existen miles de votantes dispuestos a comulgar con las ruedas de molino que sean necesarias siempre que vengan de su partido.
La pesadilla política que estamos viviendo en España desde el 20-D nos ha servido para certificar el estado real de nuestro sistema democrático. Ha sido como un chequeo donde hemos testado que después de 40 años de democracia no hemos conseguido superar las enfermedades más comunes de la adolescencia política. Lo más preocupante de esto es que los españoles parece que no queremos aprender ni en carnes propias ni a través de la historia; y así ese riesgo tóxico y peligroso para la estabilidad nacional e institucional llamado pluripartidismo polarizado y parlamentos fragmentados, nos está conquistando sin resistencia alguna del cuerpo social. Queríamos a toda costa acabar con ese diabólico bipartidismo y aplaudimos, como necios insensatos, un “nuevo tiempo” donde la política no solamente no será mejor sino que será más confusa y sesgada.
Pensemos, por un momento, que se logra formar gobierno con la actual configuración parlamentaria. El PP logra, con 137 diputados, investir a Rajoy pero sin el apoyo o pacto de gobierno con Ciudadanos, por lo que hablaríamos de un gobierno totalmente débil y expuesto al bloqueo legislativo. Es decir, se lograría formar gobierno pero sería casi imposible para dicho ejecutivo la tarea de “gobernar”. Es absurdo que hablemos de negociaciones o de democracia consociativa porque ni existe actualmente un clima favorable ni se transforma la forma de hacer política de un sistema cainita y polarizado de la noche a la mañana. Cierto que en la transición también se produjeron enfrentamientos claros a la hora de plantear la dirección política del país. Pero entonces todos los partidos, o por lo menos los principales, compartían un mínimo común denominador que estimulaba el acuerdo y el pacto interpartidista. En la actualidad es todo lo contrario: los partidos piensan que no existen incentivos para ceder siempre y cuando no obtengan una ganancia directa, inmediata e intransferible dentro de ese proceso de negociación.
Usando el paralelismo inicial, pensemos en las “dietas milagro”. Para estimular nuestra fe en ellas usan a supuestos ejemplos que pasaron de estar con un sobrepeso de 45 kilos a poder desfilar por la playa en verano orgullosos de sus cuerpos. Si él o ella lo pudieron lograr, ¿cómo vas a fracasar si lo intentas? El resultado está más que garantizado. De este modo estamos ya acostumbrados a escuchar promesas o modelos políticos que funcionan en el exterior y que nos proponen importar a nuestro país como si eso fuera tan sencillo y automático. Podría decirse, llegado el caso, que políticas exitosas en países con distinta cultura e institucionalización son un fracaso garantizado cuando se “trasplantan” a nuevas realidades. Pero aún así me gustaría hacer un ejercicio de voluntarismo y proponer la solución ideal para nuestro actual problema de gobierno: la “fórmula mágica” que utilizan en Suiza.
Allí existen unos 7 “ministerios” que se reparten los partidos más votados, ya sea con la fórmula 2:2:2:1 o también 2:2:1:1:1. Si los suizos pueden funcionar así y son un ejemplo de democracia, ¿por qué en España no probamos algo parecido? Que formen un gobierno los 4 partidos más votados y se repartan, proporcionalmente, las áreas de gobierno. ¿No nos dicen que “los sillones” no son lo importante y que los españoles han pedido “diálogo y consenso”? En este sentido no podríamos encontrar una idea mejor.
Pero claro, esto sería imposible. ¿Cómo va a haber un gobierno presidido por el PP, con un vicepresidente del PSOE, con ministros de Ciudadanos y también de Podemos? El sistema acabaría por explotar a los pocos meses. La cuestión, en definitiva, es que tenemos a la peor élite política posible en el momento histórico más complejo y determinante desde la II guerra mundial. Estamos viviendo un cambio de modelo, de época y de futuro a escala internacional (sobre todo europea) donde España no está jugando ningún papel ni como invitado. Directamente ni está. Y dentro de nuestra casa nacional nos dedicamos a jugar a los dados con las elecciones y al ajedrez con el poder, a ver quién tiene “más huevos” y a ver quien consigue “aguantar más” debajo del agua aunque dicha falta de oxígeno prolongada pueda tener efectos irreversibles en el cerebro del ganador. Con una diferencia: que nosotros no seremos los ganadores pero sí compartiremos los daños.

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