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Club de las amazonas o el sectarismo de género

En lo específicamente militar, queda por limpiar lo del “elefante blanco”, antes de que el grano reviente. Vienen tiempos de enormes dificultades.

 

Hace un par de semanas, dirigiéndome ―respetuosamente, como siempre―, a la ministra de defensa, doña Margarita Robles, escribía aquí mismo: “leal y honestamente, Ministra: ¡échele valor y limpie su casa!”. Y, por mera casualidad, coincidía con sus intenciones. Porque la “movida” ha comenzado ya en los “escalafones civiles” del Ministerio, con las promociones de Esperanza Casteleiro a SEDEF y de Amparo Valcarce (aquélla a la que el vicealmirante Gómez Fernández de Córdoba metió las cabras en el corral) a SUBDEF. Reconozco que no me ha sorprendido, porque ya en el post  avanzaba  que ”se movería el saco de los ratones, propiciando tanto la promoción de las féminas que hoy cubren puestos de nivel director general, como la entrada de nuevas féminas en el organigrama”.

Aunque es de aplaudir la sacudida del saco, sin embargo, doña Margarita lo ha hecho enseñando la enagua demasiado. Porque convierte el órgano central de Defensa en una suerte de club de las amazonas, donde todos los altos cargos de nivel subsecretario y superiores, estarán ocupados por féminas. Salvo error u omisión, solo el SEGENPOL y el SEGENCNI, ambos de nivel subsecretario, son, de momento, varones y militares (el primero retirado, y el segundo en la reserva en servicios especiales). Y eso, señora, no se llama igualdad ni paridad, sino desigualdad y disparidad. O, si se quiere, discriminación que, además, apesta a sectarismo de género. Asimismo, se cisca sobre el artículo 14 de la Constitución, que dice que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Con el agravante de, colateralmente, inocular en el ministerio de defensa ―que incluye una institución constitucional, las FAS―, el corrosivo virus de la desconfianza y la reticencia jerárquica.

En lo específicamente militar, queda por limpiar lo del “elefante blanco”, antes de que el grano reviente. Vienen tiempos de enormes dificultades. El AJEMA, almirante general López Calderón, las sintetiza como “de gran escasez de recursos presupuestarios”. Y el JEME, GE Varela, prevé que afecten negativamente al adiestramiento, mantenimiento y misiones. Tremendos augurios de desplome definitivo de la operatividad, cuando ésta, que nadie lo olvide, es la razón de ser de  todo el tinglado de la defensa (empezando por su ministra). Conviene recordar que, el 29 de enero de 2019, el general Alejandre, anterior JEMAD, declaraba valientemente ante la comisión de defensa del congreso de los diputados: ”hay que canibalizar para lograr la operatividad de unos, dejando fuera de servicio a otros”. Entonces, ¿qué habrá que hacer ahora? Se agiganta así el riesgo de dejar a España indefensa, así como de convertir al ministerio de defensa en mero ente paga-sueldos (pequeños).

Aún entendiendo la pereza que da relevar de sus responsabilidades a excelentes JEM,s que, además, tan eficazmente le paran los golpes, no todo han de ser laureles, Ministra. Por razón de calendario, e incluso estéticas (la cúpula militar actual es la más avejentada en la OTAN), parece preciso afrontar los desafíos referenciados con una cúpula militar renovada. Aunque supongo que habrá que esperar, al menos, hasta después de los “fastos gubernamentales” del 16 de julio. Casualmente, el día de la celebración de la Virgen del Carmen, excelsa patrona de la Armada española. En fin…