Confidencial Andaluz

Cuestión de dinero

La imagen que ha trascendido del encerrado en el palomar de Dos Hermanas. Cfse

Cuestión de dinero
17:25 | 31 de diciembre, 2015
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Caty León

Al final era solo una cuestión de dinero. Mil euros, para ser más exactos. El “hombre del palomar” sumaba a la desgracia de cobrar una pensión la de tener una familia avisada y dispuesta a todo por lograr “administrar” la ganancia. “Es la casa un palomar /y la cama un jazminero…” escribía Miguel Hernández dándole un toque lírico a esta estancia, sitio de encuentro de aves que se arrullan con palabras de amor “sencillas y tiernas” en letra de Serrat. El palomar era también el escenario de los encuentros entre Marlon Brando y la joven Eva Marie Saint mientras los estibadores del puerto planeaban vengarse contra cualquier chivato. Un espacio poético en el que suceden cosas.

Pero este palomar de Dos Hermanas no era un lugar idílico sino una cárcel, un campo de concentración, un zulo, un sitio de ignominia. La que señala con el dedo a los humanos que, olvidando los lazos de sangre y la más elemental de las virtudes, la compasión, se atrincheraron en una pensión de mil euros para mantener al hermano más débil en lo que los medios llaman, con delicadeza, “condiciones infrahumanas”.

En las novelas de misterio de Agatha Christie siempre hay dos soluciones al crimen: venganza o dinero. Ambos mueven las conductas humanas más allá del amor, la pasión o el despecho. Lo más sencillo de todo es buscar quién sale ganando, a quién reporta beneficios. Aquí, en este caso, la respuesta está clara: los hermanos del hombre que, con problemas mentales, dio en convertirse en un prisionero del interés y la maldad.

Porque la maldad existe y no habría que dudarlo. Argumenten ahora los psiquiatras y los psicólogos tal o cual tipo de trastorno que lleva a las personas a cometer actos de este cariz. Dígase que la necesidad obliga, que ellos no sabían que estaban obrando mal, que la cosa se les fue de las manos…, que no fueron veinte años de reclusión, sino diez…Cualquier argumento se estrella contra la simple realidad de la fotografía que, piadosamente, presentan los medios a la consideración del público. En ella se observan un camastro sucio y desvencijado y, sobre él, apenas posándose, unas piernas torturadas, las piernas de quien no ve la luz del sol, ni camina, ni sueña, ni espera, ni confía. El retrato de una desgracia inconfesable.

Pero este palomar de Dos Hermanas no era un lugar idílico sino una cárcel, un campo de concentración, un zulo, un sitio de ignominia. La que señala con el dedo a los humanos que, olvidando los lazos de sangre y la más elemental de las virtudes, la compasión, se atrincheraron en una pensión de mil euros

A la deshonra de atentar contra su propia sangre, se une el ensañamiento contra quien, por esas jugadas terribles de la naturaleza, estaba en situación de desventaja. Un enfermo mental es el más desventurado de los hombres, el que carece de la única defensa que los humanos podemos blandir ante los ataques ajenos: el raciocinio. Así que, en este caso, todos los datos que conocemos se unen para pintar un terrorífico cuadro que debería hacernos pensar.

Pensar en la indiferencia, el desconocimiento, el desinterés, de los vecinos. Tanto como presumimos los andaluces de ser tan hospitalarios, de conocernos tanto, de poseer un trato cercano, más allá de la deshumanización de otras latitudes; tanto como blasonamos de un estilo de vida en el que la relación humana es la clave y he aquí que, en nuestras propias narices, ocurren cosas como esta.

Pensar en la falsedad de los lazos que, supuestamente, nos unen con los miembros de nuestra propia familia. Cuando aparece el interés monetario, la familia termina. Ahí las disputas por herencia, los crímenes por un quítame allá esas tierras, las trifulcas por cualquier pequeña posesión.

Pensar en que, como decía la señorita Marple, la naturaleza humana es la misma en todas partes. Y en esa naturaleza hay una doble dimensión que no deberíamos olvidar y que surge a la par, sin que podamos deslindar una de la otra: la grandeza de las gestas y la generosidad de la entrega, contra la bajeza, la maldad y el oprobio que representa este caso. Cuestión de dinero.

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