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Del cristal con que se mira

"Nada es verdad ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mira"

No es la primera vez que escribo sobre este asunto y, tal y como anda el panorama político español, me da la impresión de que tampoco va a ser la última. Me refiero, claro está, a las distintas varas de medir que los medios de comunicación utilizan para difundir algunas informaciones sobre corrupción política que, junto a la matraca independentista catalana, son los pilares sobre los que se fundamentan numerosos programas de algunas cadenas televisivas privadas en manos de magnates pseudoprogresistas (Roures, Berlusconi y Planeta, incluídos) que consiguieron sus licencias gracias a la generosidad y a la corta vista mediática del PP de Aznar. Ya no importa la categoría o la importancia del escándalo en cuestión, es lo de menos, sino quién o quiénes son los afectados. Y así, casos como el de los EREs andaluces, con más de 800 millones defraudados, dos ex presidentes, medio centenar de altos cargos y hasta doscientos implicados, pasan a un segundo término o a escasos minutos del cierre de un informativo que abre a toda plana y le dedica programas monográficos a un mastar burdamente falsificado. Inaudito. Como decía Antonio Machado, “nada es verdad ni es mentira, todo es del color del cristal con que se mira”.

Lo cierto es que la campaña contra la Cifuentes me ha parecido totalmente desmedida en cuanto a los minutos y horas diarias que algunos medios de comunicación les han dedicado.

Como han podido comprobar, el último tsunami mediático ha sido el protagonizado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y su famoso master falsificado. Dejando claro de antemano la gravedad del engaño y su empecinamiento en un desmentido que iba cada día a peor, esto de los másteres es un puro cachondeo cuando los beneficiados son los líderes políticos o sindicales y que las universidades, todas las universidades, los han utilizado como un sacapastas incontrolable y un regalo intencionado a los poderosos, lo cierto es que la campaña contra la Cifuentes me ha parecido totalmente desmedida en cuanto a los minutos y horas diarias que algunos medios de comunicación les han dedicado.

De todas formas, la presidenta debería de dar cuanto antes un paso y abandonar su puesto, no por la gilipollez cometida, que también, sino por mentirosa y porque no ha sabido reconocer su error, quedando a los pies de los caballos de la oposición. Cifuentes ha pasado en un abrir y cerrar de ojos de ser una de las posibles aspirantes a suceder a Rajoy, al ostracismo político por un falso master que nadie sabe para qué coño le iba a servir. El PSOE, Ciudadanos y Podemos lo han visto claro y, con el inestimable apoyo de los poderosos medios de comunicación “antipopulares”, van a aprovechar la ocasión para quitarse de enmedio a una enemiga a la que posiblemente nunca le hubieran ganado en las urnas. Ya se sabe que a enemigo que huye, puente de plata.

El (mal) ejemplo de la política madrileña le puede servir a su partido para hacer un profundo examen de conciencia sobre la pésima gestión que están haciendo de las diversas crisis (desde la catalana a la Gürtell pasando por ésta última) en unos momentos bastantes críticos para el PP. Y para que comiencen a ser conscientes de la soledad mediática en que se encuentran después de haberle concedido graciosamente a la izquierda el monopolio de la mayoría de los medios de comunicación de masas, comenzando por las televisiones privadas y públicas y siguiendo por el dominio de las redes sociales, creadoras de amplios estados de opinión. Objetivamente, el PP tiene lo que se merece por su insistente torpeza informativa.

Beltran Pérez: he de confesar que, pese a todo, saqué una buena opinión tanto de su actitud como de sus aptitudes.

Cambiando de tercio ahora que se aproximan los festajos taurinos de la Feria. No quisiera acabar este artículo sin hacer alusión a la última comida de Ágora Hispalensis en la que compareció el candidato del PP a la Alcaldía de Sevilla, Beltrán Pérez. Había ciertas reticencias sobre sus capacidades políticas dada su relativa juventud (que no experiencia) y la cruenta lucha interna librada en el seno del PP sevillano de la que ha salido vencedor por un escaso margen de votos.

He de confesar que, pese a todo, saqué una buena opinión tanto de su actitud como de sus aptitudes. El candidato sabe que lo tiene complicado con un alcalde, Juan Espadas, que apenas si ha movido ficha para no quemarse y que, como ha dicho alguien,“es un politico de derechas aunque él lo quiera ignorar”, con el auge y la escalada nacional de Ciudadanos y, sobre todo, con el escaso conocimiento que los sevillanos tienen de su figura pese a haber estado una docena de años como concejal en el Gobierno municipal con Zoido, y en la oposición con Monteseirín. Acumula por lo tanto un gran bagaje político y ha sabido rodearse de un equipo que conoce al dedillo las necesidades y las carencias de una capital de Andalucía, Sevilla, que lleva ya muchos años renunciando a sus auténticas potencialidades económicas, culturales, industriales, urbanísticas en provecho de otras ciudades andaluzas como Málaga.

Pese a su enorme ilusión y sus ganas de trabajar por Sevilla, me parece poco probable que consga alzarse con la Alcaldia cuando los vientos soplan en contra de su partido”.

No sé si podrá hacerlo pero Beltrán tiene algo que hasta ahora nadie había planteado o, como fue el caso de Monteseirín con el Metrocentro, las Setas o la torre Pelli, lo hizo de forma fallida y muy costosa para los bolsillos del ciudadano. Y no es sino un proyecto completo del futuro de la ciudad como capital de Andalucía, un proyecto que abarca desde nuevas fórmulas económicas que promuevan el desarrollo, la potenciación de la mancomunidad del entorno a la capital, las comunicaciones, la cultura, el empleo, las grandes inversiones industriales, el potenciamiento de la pequeña y mediana empresa, el turismo, el nuevo urbanismo y un largo etcétera de medidas que deberá concretar en su programa.

El reto que se le plantea hasta el 26 de mayo de 2019 es ímprobo y, pese a su enorme ilusión y sus ganas de trabajar por Sevilla, me parece poco probable que consga alzarse con la Alcaldia cuando los vientos soplan en contra de su partido. Habrá que esperar, pero no cabe duda de que nuestro comensal dejó sobre el mantel de Baco una impronta de nuevo líder de la derecha en Sevilla que yo no recordaba desde que, hace ya más de tres décadas, su padre político, Javier Arenas, ingresó en las filas populares. Habrá que seguir de cerca su próxima trayectoria.