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Demasiados reyes del mambo

Sobran fantasmas en la política española y faltan estadistas que sirvan a la nación y no a su propio ego y al de sus partidos

Benito Fernandez
Benito Fernández

Puedo entender que alguien que está todo el día rodeado de pelotas y cogecosas que le doran la píldora y le dan palmadas en la espalda diciéndole aquello de “no le hagas caso a las críticas, lo estás haciendo de puta madre” acabe por creerse el rey del mambo y piense que es alguien imprescindible para salvar al mundo. Eso puedo entenderlo, lo que me resulta incomprensible es que cualquier mindundi se crea el no va más por el mero hecho de haber sido elegido por los mediocres de turno para encabezar una lista electoral, sea del partido que sea.

España es un país en el que suelen florecer estos especímenes aupados casi siempre por una ciudadanía más pendiente de comentar lo que le ocurre a la Pantoja o a Belén Esteban que en valorar las cualidades de un científico, un poeta, un artista, un intelectual o un estadista. No es de extrañar por lo tanto que aquí se haya gritado en los cuatro puntos cardinales con euforia de hincha futbolístico aquello tan denigrante del “¡Vivan las caenas!” defendiendo el absolutismo de Fernando VII, el peor rey que hemos sufrido, mientras permitíamos que nuestras escasas cabezas pensantes y mentes privilegiadas tuvieran que exiliarse de por vida.

La cosa, por lo tanto, no es nueva. Los actuales reyes del mambo se llaman Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias, a los que hay que sumarle el tal Artur Mas, que no les anda a la zaga. Antes lo fueron Suárez, González, Aznar o Zapatero, algunos de los cuales, al menos, tenía capacidades para serlo y demostraron sus dotes de gobierno. Pero el panorama que ha surgido tras las pasadas elecciones del 20 de diciembre no es sino una repetición de nuestros males más endémicos. Los españoles somos así de caprichosos, como niños consentidos que se aburren de un juguete que casi acaban de estrenar, el del bipartidismo, y se lanzan al vacío en busca de nuevas fórmulas que, según dicen algunos popes de la progresía y de las tertulias, necesita este país para afrontar los futuros retos que se nos presentan… La historia, la triste y penosa historia, la llevamos repitiendo durante siglos y parece que no escarmentamos.

[blockquote style=”1″]El bipartidismo es ahora el coco al que hay que destruir, la peste que hay que eliminar. Lo mejor, dicen, es la diversidad de ideas, los acuerdos entre fuerzas políticas para conseguir gobiernos multicolores que reflejen nítidamente a la sociedad multipartidista a la que representan.[/blockquote]

Existe un clásico refrán español que afirma que “más vale malo conocido que bueno por conocer” y digo yo que la fórmula del bipartidismo, que también tienen y padecen o disfrutan casi todos los países desarrollados de nuestro entorno, desde Estados Unidos a Francia, pasando por Alemania o Inglaterra, no nos ha funcionado demasiado mal en los últimos 40 años que llevamos de democracia. No sé por qué nos ha dado últimamente por denigrar una fórmula política basada en las mayorías que nos ha servido para que España se sitúe entre los países más desarrollados del mundo y hayamos conseguido un nivel de vida que ni soñábamos hace medio siglo.El bipartidismo es ahora el coco al que hay que destruir, la peste que hay que eliminar. Lo mejor, dicen, es la diversidad de ideas, los acuerdos entre fuerzas políticas para conseguir gobiernos multicolores que reflejen nítidamente a la sociedad multipartidista a la que representan.

Y pasa lo que pasa. Lo que está pasando en estos momentos en España y lo que puede llegar a pasar si PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos mantienen sus actuales posiciones y no llegan a un acuerdo de gobierno en el plazo de un mes. Que estamos abocados a estar sin Gobierno tres meses y a repetir de nuevo unas elecciones generales cuyo resultado todos temen y casi nadie desea. Y digo casi nadie porque yo sé de unos que están deseando que eso ocurra para merendarse de una vez al PSOE y quedar como únicos representantes de la izquierda.

Volviendo al principio de este artículo, todo esto está pasando porque tenemos un exceso de reyes de mambo, personajes salidos de la nada que se han visto aupados por los medios de comunicación en un abrir y cerrar de ojos a la cima de su pequeño pero egocéntrico mundo. Gentes que, como Pedro Sánchez, Albert Rivera o Pablo Iglesias, no han demostrado nada y son capaces de venderte burras cojas como si fuesen pura sangres. Reyes del mambo. Sobran por lo tanto fantasmas en la política española y faltan estadistas que sirvan a la nación y a sus conciudadanos y no a su propio ego y al de sus partidos. Y mientras los electores no nos demos cuenta de ello, y nos enteraremos cuando todo sea irreversible, España estará condenada a seguir gritando el “¡Vivan las caenas!”, aunque estas cadenas no estén ahora manejadas por un rey absolutista sino por unos mantas de diferentes partidos que dicen llamarse demócratas. Es lo que hay.