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El pecado de la soberbia

Daniel Gutierrez Marin
Daniel Gutiérrez Marín

Dice el aforismo latino, atribuido a Julio César, «divide y vencerás». Un pájaro de altos vuelos. En una columna publicada el 25 de enero en El País, el napoleónico Iglesias retaba a los socialistas descaradamente. «No confiamos en los aparatos del PSOE, pero admiramos a sus bases y a sus votantes. […] las bases socialistas simpatizan más con nosotros [Podemos] que con esas derechas [PP y Ciudadanos]». Envuelto en su característica soberbia a la que nos tiene acostumbrados, Iglesias tiraba de manual de gallito para sacarle los colores a Pedro Sánchez: ¿a qué no hay huevos de preguntarle a los militantes? El líder de Podemos sabía de sobra que Pedro, «el guapo», pertenece a esa fauna política que procede de las gallináceas, incapaz de altos vuelos. La estrategia de los podemitas es ahogarlo en su propia altanería: Sánchez se jacta de haber sido el primero en ser nombrado secretario general gracias al voto de todos los militantes. Venga, Pedro ─le dice Iglesias─, ¿a qué no eres capaz de preguntarle a los tuyos con quién desean pactar?

Algunos analistas ya lo han avisado: preguntarle a las bases sobre un posible pacto es un tiro en el pie. Izquierdo, en este caso. El partido corre el riesgo de quedar dividido y, desde luego, el PSOE no es el SPD alemán, quienes redactaron un documento de 200 folios y debatieron durante cuatro meses antes de pactar con la derecha alemana en una gran coalición. Lo curioso es que aquí no se debate para pactar con el PP sino para hacerlo con una fuerza del mismo bando, aunque cualquiera lo diría. Susana Díaz, siempre tan hábil, se ha percatado del engaño y ha sentenciado rotunda: lo importante es que los militantes sepan qué se va a pactar y con quién se llevará a cabo el pacto. La democracia radical tiene como ingrediente imperfecto la demagogia, decir lo que otros quieren escuchar. Sócrates de eso sabía un rato. Aunque la respuesta natural ante un pacto con Podemos pueda ser afirmativa, no sería descabellado que muchos militantes se echasen atrás si se les habla de la verdadera naturaleza de Podemos.

[blockquote style=”1″]Lo curioso es que aquí no se debate para pactar con el PP sino para hacerlo con una fuerza del mismo bando, aunque cualquiera lo diría. Susana Díaz, siempre tan hábil, se ha percatado del engaño y ha sentenciado rotunda: lo importante es que los militantes sepan qué se va a pactar y con quién se llevará a cabo el pacto.[/blockquote]

El Partido Socialista Obrero Español se enfrenta, 95 años después, a una nueva escisión. En 1921 había que decidir entre la Internacional Socialista o la Comunista soviética. Ahora, Podemos ha tenido la habilidad de rescatar, sin quererlo, aquel debate en el que se enfrenta el respeto hacia la democracia liberal o se combate como un instrumento endiablado del capitalismo. Sin duda, los podemistas aprovecharán para sacar tajada del izquierdismo infantil del que todo buen socialista estará dispuesto a hacer gala con tal de demostrar su pureza de sangre. Aunque eso suponga dilapidar al propio partido. De nuevo el pecado de la soberbia. Para más señas, Iglesias no ha tenido reparo en decirlo: su principal objetivo en las pasadas elecciones era derribar al PSOE. Lo dejó por escrito en los Principios Políticos de su partido y un artículo publicado en la New Left Review, que es algo así como la «biblia» de la Nueva Izquierda.

Es muy probable que tras las votaciones sobre el pacto con Podemos, el PSOE no vuelva a ser el que hemos conocido. Como un ángel caído del paraíso socialista, Iglesias ha tentado a la hegemonía socialdemócrata española con el pecado de la soberbia y todos corren hacia ella sin saber que detrás se abre un precipicio de incertidumbres. Algunos pocos parecen haber recuperado el espíritu de Besteiro, entre ellos Susana Díaz, advirtiendo que el órdago lanzado entre líneas de fuego amigo es la cicuta que Sánchez le dará de beber al PSOE para enterrar, sin solución de continuidad, la maltrecha democracia liberal española.