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El PP andaluz aquejado de ‘albiolismo’

El PP andaluz no está electoralmente fuerte, sigue sin remontar y la estela de lo sucedido en Cataluña con el PP de García Albiol, amenaza en Andalucía a un líder que no acaba de despegar ni de puertas afuera, ni de puertas adentro en el partido. En el PP andaluz, tras la debacle en Cataluña, crece nuevamente la vieja sensación de que perderán otra vez frente al socialismo de Susana Díaz cuanto esta decida convocar las próximas autonómicas.

Quienes han hablado últimamente con el dirigente andaluz del PP Javier Arenas cuentan de su pesimismo respecto al futuro electoral de su partido en Andalucía.

Arenas Bocanegra es, sin duda, el dirigente político que mejor conoce a la derecha andaluza y que, en 2012, fue capaz de llevar a la victoria en las urnas autonómicas, aunque sin mayoría absoluta y sin poder gobernar en virtud del pacto Griñán-Valderas.

Su enésimo intento por lograr la Junta de Andalucía junto a su enésima espantá camino de Madrid fueron factores determinantes que influyeron en el devenir de una derecha andaluza que nunca consiguió ser alternativa en el gobierno a un socialismo que lleva instalado en la Junta desde el arranque mismo de la transición y del proceso autonómico andaluz.

Son muchos los que piensan aún hoy en el PP andaluz que, si Arenas hubiese aguantado en Sevilla, no aceptando el cargo de ministro de Trabajo que le ofreció Aznar, desmontando de paso la cúpula del partido en Andalucía, otro gallo habría cantado para los populares en las sucesivas elecciones. También se entiende que haber dicho “no” a ser ministro de Aznar, no lo hubiese hecho nadie en esas épocas.

 

No tuvo los reaños políticos suficientes Javier Arenas para quedarse y aguantar que el PSOE le siguiera llamando eterno perdedor.

 

Su último intento para ser presidente de la Junta fue el más desgarrador porque estaban convencidos, al igual que los propios socialistas, que esta vez Arenas y el PP lograrían una victoria suficiente y gobernarían por fin Andalucía. Como estarían de seguros que los cargos se repartieron mucho antes de que se abrieran los colegios electorales para votar. En aquellos meses previos, los sondeos, empujaron gráficamente a la limpieza y puesta en orden de despachos que, presumían sus ocupantes socialistas, cambiarían de inquilino.

Pero el Javier Arenas que ahora no oculta su desencanto  a cuenta de la deriva del partido que él creó a partir de los restos de la Alianza Popular de Don Manuel, volvió a marcharse a Madrid y esta vez sin cartera, aunque muy pegado al Mariano Rajoy que había salvado de las garras del aguirrismo en el congreso de Valencia. No tuvo los reaños políticos suficientes Javier Arenas para quedarse y aguantar que el PSOE le siguiera llamando eterno perdedor.

Fue a partir de ese momento cuando definitivamente se jorobó el PP andaluz y para mucho tiempo.

 

El error de las marchas de Arenas a Madrid

 

Arenas no acertó poniendo en la presidencia del partido a alguien que le debía todo lo que había sido hasta entonces en política, creyendo que lo dirigiría desde Madrid con mando a distancia. Juan Ignacio Zoido heredó un poder vicario en el PP-A, pero sus múltiples responsabilidades lograron pronto que se visualizase aquello de quien mucho abarca, poco aprieta. Recuérdese que el diseño inicial del relevo de Arenas tenía su lógica gatopardista. Zoido de presidente y Antonio Sanz de Secretario General. Fue Zoido quien vetó expresamente la figura del hoy delegado del Gobierno en Andalucía para ocupar la sala de máquinas del partido. Ya entonces, Zoido, sabia que poner a Sanz a controlar el aparato del partido era tanto como dejar en manos de su viejo mentor Arenas el control del poder orgánico. 

Y pasó  lo que suele ocurrir en estos casos de herencias de reinos y tronos. El heredero, al cabo de poco tiempo, impulsa una gestión propia (o de camarilla cortesana) que choca frontalmente con los intereses no solo de quien le apadrinó, sino de sus caballeros y sus damas, miembros todos de la gran mesa del arenismo andaluz.

 

Tras las primeras decisiones de Zoido en el partido que no gustaron a Arenas, las relaciones entre ambos comenzaron a deteriorarse y enfriarse.

 

Así pues, desaparecer del escenario político andaluz y nombrar a Zoido como sustituto, han sido uno de los errores más clamorosos del habilidoso dirigente del PP nacional, coetáneo de Rajoy.

Tras las primeras decisiones de Zoido en el partido que no gustaron a Arenas, las relaciones entre ambos comenzaron a deteriorarse y a enfriarse. Fue cuando el hoy ministro del Interior se echó en los brazos de María Dolores Cospedal, la principal adversaria interna de su promotor Arenas. Y todo se fragua en una Semana Santa, entre paso y cofradía, en los palcos municipales del alcalde Zoido, el de aquella mayoría superguay de Sevilla que su no-gestión acabaría consumiendo. A partir de ahí la historia es suficientemente conocida por reciente. 

 

El PP-A paga los platos rotos de la bulla entre Arenas y Cospedal

 

El PP andaluz, como organización, ha tenido que sufrir consecuencias nada benéficas de la soterrada batalla interna que en las alturas venían manteniendo Arenas y Cospedal con Zoido como actor secundario necesario. Intervino por sorpresa una tercera en discordia, Soraya Sáenz de Santamaría, que es la que logra improvisar un aspirante a líder de la derecha para Andalucía llamado Juanma Moreno Bonilla; un cuadro proveniente de las NNGG y que su cotización a la Seguridad Social siempre dependió de la vida laboral que le garantiza el PP. Protagonizó una elección a la búlgara en un congreso regional cuyos delegados sabían que había sido el dedo último de Rajoy el que finalmente dio el ok a Juanma. Rajoy se acabaría desmarcando del fichaje a la gallega. “Estás ahí porque tú lo has querido querido Juanma”, le soltó en un mitin.

 

La maniobra de imponer a Bonilla fue urdida en secreto por el poderoso Moragas, amigo de Bonilla y jefe de gabinete del presidente, con el aval de la vicepresidenta.

 

A Javier Arenas, que olfatea bien dada su dilatada experiencia como podenco de la política, en aquel cruce de caminos le pareció mejor sumarse al sorayismo frente a la operación de Cospedal y Zoido al que para entonces ya considera un traidor y un desleal, de colocar de presidente regional del PP-A al alcalde de Tomares y Senador José Luis Sanz, un tipo que había levantado gran consenso a nivel regional pero que, de pronto y en horas, se vio descabalgado por el dedo de Mariano Rajoy a favor del malagueño Juanma.

La maniobra fue urdida en secreto por el poderoso Moragas, amigo de Bonilla y jefe de gabinete del presidente, con el aval de la vicepresidenta. De lo acertado o no de la decisión dan cuenta los resultados posteriores en las urnas, exactamente lo mismo que le ha pasado recientemente al PP y  a la Sra Vicepresidenta con su intervención en Cataluña haciéndose fotos sonrientes con Oriol Junqueras.

 

PP-A: del  40,66% de votos al  25,6

 

La evolución del voto de la derecha en Andalucía, representada por el PP, nunca bajó del 30% en los años precedentes, siendo el resultado de las autonómicas de 2004 con un 31,78% el más bajo de todos. Cuatro años antes, en el 2000, el PP andaluz había logrado el 38%. En 2008 subió nuevamente hasta el 38,45% y en las de 2012, las ultimas de Arenas como candidato, consiguió el 40,66%. Fue en las primeras elecciones del candidato Moreno Bonilla, en 2015, cuando el PP-A alcanza su peor dato de la historia con un 25,6% de los votos que lo devolvían a los tiempos de AP. Aquel descalabro lo justificaron explicando que el nuevo líder era demasiado nuevo y poco conocido. Nadie argumentó, por ejemplo, que el partido en Sevilla le hizo numerosas cobras a Bonilla, no dejándole entrar en la muy mariana ciudad, donde hasta el ABC se mostró muy beligerante con el político malagueño que le habían colado a Zoido sin enterarse.

Ante el acoso mediático sevillano, combinado con el fuego amigo racheado  desde diversos puntos, fue cuando Bonilla picó el anzuelo y pactó con el PSOE disfrutar de una parte de la tarta mediática de la RTVA, migajas como se ha visto, reparto que en lo que va de legislatura sigue intacto, con Ciudadanos y Podemos fuera de los órganos de control de la radio y la Tv publica de los andaluces. IU tiene un sillón en el consejo, pero ni pincha ni corta y habla poco.

De tal forma que es difícil hallar en las filas del PP andaluz actitudes e iniciativas politicas que confirmen su interés real por el presente y futuro de un servicio esencial de la comunidad como es la RTVA. Como al PSOE solo parece interesarle las veces que salgan ellos y sus cosas en la nuestra.

 

El PSOE-A pacta un cachito de la RTVA con el PP-A

 

A nadie se le escapa, a estas alturas, que Canal Sur cuida y mima mucho más la imagen y la proyección política de Susana Díaz que la de Bonilla, relegada a comparecencias en directo donde, casi siempre, se le hacen preguntas cómodas, trufadas con imágenes donde se le dan masajes de populismo visitando una cooperativa de aquí y otra de allá, nada que deba preocupar a quien reparte la pasta de apoyo al cooperativismo andaluz. Todo ello acompañado con un rosario de críticas de manual que se repiten en Bonilla semana tras semana. Con tal de aparecer en los telediarios el líder popular se esfuerza en cada comparecencia en buscarle a Susana Díaz alguna cuestión de carácter nacional para replicarñe y chupar cámara a nivel estatal. Ninguno de los diversos jefes de prensa que ha tenido Juanma Moreno en su gabinete han sido capaces de “vender” un producto que sigue sin ser comprado por la gente.

En el PSOE hay quien sostiene que es muy bueno eso de sacar a Bonilla en Canal Sur TV, cuanto más mejor, “cada vez que sale pierde votos el PP en algún sitio de Andalucía” afirman con guasa. Cuántas y cuántas veces saca la tele pública andaluza a Bonilla junto a Gabriel Amat, el líder del PP de Almería, que en el ocaso de su vida política se le complica por la investigación judicial de la llamada “Trama Amat” en Roquetas. Pues el presidente regional parece encantado con ese tipo de coberturas que, parecen más bien su granito de arenas en el apoyo oficial a un Gabriel Amat en horas bajas, pero guardián de grandes e inconfesables secretos de la famiglia popular.

 

En dos provincias el PP ha quedado dividido por la mitad y enfrentados en los tribunales de Justicia, en espera de que el juez confirme si ha habido trampas en los respectivos congresos provinciales.

 

En el cachito que el PSOE cede desde hace años al PP en la RTVA, debería hacerse constar que los populares disponen, como el PSOE, de su cuadra de tertulianos. Conocidos periodistas, en minoría respecto a los de la izquierda o independientes, que hacen su papel como dignos voceros de los intereses del equipo Bonilla y del PP andaluz. Por cierto, es muy difícil escuchar críticas subidas de tono o políticamente incorrectas hacia Susana Díaz en la voz de estos tertulianos de cuota pepera. Curioso fenómeno al menos.

La gestión a niveles provinciales del partido es una cuestión que merece capítulo aparte. Pero tampoco parece que el balance del equipo Bonilla, con la Secretaria General Loles López como punta de lanza, sea positivo desde el punto y hora en que en dos provincias el PP ha quedado roto por la mitad y enfrentados en los tribunales de Justicia, en espera de que el juez confirme si ha habido trampas en los respectivos congresos provinciales recientes. En Jaén, el alcalde de Porcuna, tomará decisiones el 24 de enero, posiblemente pasándose al grupo de los no adscritos, algo que parece que no hará en solitario en aquella provincia. Lo mismo sucede en Granada, donde la justicia determinará en julio si hay que repetir el congreso provincial o no, donde resultó vencedora la candidatura del senador Sebastián Pérez, apoyada descaradamente y a la luz del día desde la dirección regional de Moreno Bonilla. Y en Sevilla no han terminado en los tribunales por poco, pero la candidata no oficial, Virginia Pérez, ganó el congreso frente al zoidismo y al bonillismo de tal forma que Javier Arenas vuelve a velar desde la distancia el partido en Sevilla.

Los más críticos con Bonilla en el partido le achacan, como prueba de su incapacidad para liderar el PP-A, el no haber sabido aplicar prudencia y mesura que tan tumultuosas citas congresuales habrían necesitado de un verdadero dirigente, de un auténtico líder regional.

 

“Nos empieza a pasar como al PP de Cataluña, que todos sabían que García Albiol no sumaba, y esa es la misma sensación que tenemos con Juanma”

 

Sondeos de consumo interno vaticinan caída del PP-A y subida de Cs

 

La falta de dinero para afrontar los habituales sondeos de la Universidad de Granada con el denominado Egopa, nuestro principal termómetro demoscópico, hace que no se publiquen encuestas desde hace meses. No ha faltado quien culpe a las turbulencias políticas vividas en el propio PSOE y al papel de una presidenta “ausente” durante meses, a que se haya cortado el grifo de encuentas, esas que todos están dispuestos a vencer o darles la vuelta llegado el caso y si no les gustan.

 No obstante, se asegura que el PSOE-A sí maneja sondeos propios para consumo interno. Según ha publicado la periodista Lourdes Lucio dichos sondeos empiezan a vaticinar descalabro del PP en beneficio de Ciudadanos que sube, mientras que el PSOE-A también subiría, lo que les permite sacar pecho y proclamar que “estamos de escándalo”.

Dicho sondeo también confirmaría que la unión electoral entre IU y Podemos no les dará más fuerza, sino que bajarán.

El panorama electoral futuro del PP andaluz no es bueno y no porque lo vaticine una encuesta pagada por el PSOE, sino porque en sus propias filas crece la inquietud y la desazón. Un cargo público del partido le comentaba hace unos días a un amigo, “nos empieza a pasar como al PP de Cataluña, que todos sabían que García Albiol no sumaba, y esa es la misma sensación que tenemos con Juanma”. Es lo que muchos en privado empiezan a barajar con preocupación, que el PP-A está aquejado de “albiolismo” en la figura de su máximo dirigente Juanma Moreno. Como Xavier García Albiol, simpático, populista, sin iniciativa que marque el paso al gobierno de Susana, mal asesorado, particularmente en la comunicación y con menos influencia en el gobierno de Rajoy de la que cabría imaginar.