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El presupuesto de los 900 €, las pensiones y el paro

España, no olvidemos, tiene eso que se llama convenios colectivos que suelen fijar salarios por encima del salario mínimo.

 

En la era de la política de audiencia que decía Peter Mair, un buen eslogan lo es todo, y el anuncio del acuerdo para los posibles primeros presupuestos generales del Estado de la era Sánchez lo tiene: los 900 €. El Salario Mínimo Interprofesional de 900 €, cifra redonda y rotunda -nada que ver con uno que fuera de 899€ que parecería las rebajas- No es extraño, pues, que los políticos de la oposición estén que echan chispas buscando un contra titular.

La posible subida del Salario Mínimo ha dado para innumerables tuits, de mayor éxito cuanto más simples y panfletarios eran. Pero así somos, porque hasta el FMI ha reaccionado un poco diciendo que bien y un poco diciendo que mal. ¿Cómo explicamos, si no, esta frase: “Hay que ser cuidadoso con los salarios mínimos, por un lado, para no excluir a gente del mercado laboral. Pero, por otro lado, también hay justificación por cuestiones sociales”? Muy hábiles, contentan a derecha e izquierda. Que eres conservador, te fijas en la primera parte de la afirmación; que estás más en una línea social, en la segunda.

 

Ya en nuestro país, Pablo Casado, el líder popular se ha juramentado a “hacer lo posible” para evitar la subida del salario mínimo a 900€. No le ha parecido bien, parece. Sus razones tendrá, yo ya no critico nada. 

 

Diana Furchgott-Roth, execonomista jefe del Departamento de Trabajo de Estado Unidos – ¿habrán coincidido ambos en Harvard? No sé, igual de ahí viene su rechazo- afirmaba que las subidas del sueldo mínimo reducían significativamente las probabilidades de que los trabajadores poco cualificados lleguen a la clase media. Según ella el incremento de los salarios más bajos lleva a que los empleadores se decanten por trabajadores más cualificados y sustituyan por máquinas a aquellos de menor formación.

No parece que ese sea el problema de España. Aquí no es que los no cualificados tengan difícil llegar a la clase media, es que la propia clase media tiene difícil mantenerse como tal. Resulta que los bajos salarios, encima, afectan por sus bajas cotizaciones al mantenimiento del sistema de pensiones, que esa es otra, con los pensionistas todo el día manifestándose. Han encontrado una causa y más vale no enfadarles que tienen tiempo libre y, detalle importante, la costumbre de acudir a votar.

 

España, no olvidemos, tiene eso que se llama convenios colectivos que suelen fijar salarios por encima del salario mínimo. Así pues, directamente, quizás no más del 10% de los trabajadores se vean afectados. Directamente, insisto.

 

Pero donde el salario mínimo tiene una gran influencia es en el acceso a prestaciones sociales como, por ejemplo, los subsidios por desempleo. Ahí, ya, creamos un problemilla. El Secretario de Estado de Seguridad Social cuya misión son las pensiones ofreció hace poco algunas ideas para llenar esa hucha donde si esto fueran los dibujos animados ya veríamos telarañas.

Pues bien, ese Secretario de Estado se ocupa de las pensiones y no tiene entre sus competencias el presupuesto del desempleo, aunque también sea prestación de Seguridad Social, pero no suya y se dirá, que leches, eso es de la Secretaria de Empleo que, a su vez, bastante tiene con lidiar con el enfado de los Inspectores de Trabajo por decir que, prácticamente, allí no se había hecho nada hasta que llegó ella.

Gobernar, ya ven, es ir ofendiendo colectivos, hasta que el grupo de ofendidos supera al de contentos y se pierden las elecciones. Es la democracia. Pues bien, sigo.

 

El Secretario de Estado llegó a la idea de que el fondo de pensiones podía llenarse con lo que sobraba del dinero del paro.

 

Han sido años duros, en los que se llegó a pagar 30.000 millones anuales en concepto de desempleo. Por razones varias -incluyendo el recorte en las prestaciones y el aumento del paro de larga duración con su secuela de dejar a gente sin cobrar nada y sí, también, la mejoría del empleo- la factura ha caído hasta unos 17.000 y, zas, puede que sobre dinero. Miel sobre hojuelas. Un éxito del Secretario de Estado que se encarga de las pensiones.

La alegría, ya saben, dura poco en casa del pobre. Partimos ya de nuevo escenario que añade a lo que hay, esto: la sentencia del Tribunal Constitucional que consideró no debían tenerse en cuenta las rentas de la unidad familiar para acceder al subsidio de mayores de 55 años (que dura hasta que uno puede jubilarse o hasta que uno encuentre empleo. ¿Con esa edad, que piensan que ocurrirá antes?); la promesa del Gobierno de rebajar la edad para cobrarlo de nuevo a 52 años; la de subir además lo que el SEPE cotiza por jubilación en este subsidio y, también, que no se corte cuando se llegue a cualquier edad para jubilarse, sea anticipada o no, sino la edad ordinaria de jubilación, que bien puede ser 67 años. Por otra parte, el aumento del empleo y la rotación -ese salir y entrar continuamente del paro-hace que más personas tengan derecho porque están cotizando y que lo usen.

 

Ahora, a todo eso, añadan lo del Salario mínimo. Para acceder al subsidio, las rentas propias o las de la familia (en este caso divididas entre los que la componen) no puede superar el 75% del salario mínimo.

 

Hoy la barrera son 552 €. Si se sube el salario a 900€, sería 675€. Vean el ejemplo: una familia de 4 personas, madre trabajadora, dos hijos, y padre que pide el subsidio. Si el sueldo de ella son 2.200€, él ahora no puede cobrar el subsidio. Con el nuevo salario mínimo lo cobraría si ella gana menos de 2.700. Y habría que tener en cuenta no solo a los nuevos que piden el subsidio, sino a aquellos que lo han pedido en los últimos doce meses y no se les dio por superar -muchas veces por poco- esas cuantías.

Conclusión: no, la hucha de las pensiones no se va a poder llenar con lo que sobre del desempleo, porque probablemente no sobre nada. Es más, quizás hasta se necesite completarlo con dinero de los impuestos. Curioso, verdad, gobernar es una pérdida de dinero.