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Emergencia Nacional

Pedro Pitarch
Pedro Pitarch

Uno se desayuna casi diariamente con nuevos “destapes” o desarrollos de la galopante corrupción que oxida las cañerías de la política. Corrupción que alcanza, en distintas medidas,  a la mayor parte de los partidos políticos. Los casos de los ERE,s, Bárcenas, Gürtel, Pujol(es), Palau, Rato, Pokémon, señores de Urdangarín y un largo etcétera son difusores de una pestilencia que lo envuelve todo, que va más allá de la mera alarma social. Entre ellos, los casos relacionados con el Partido Popular (PP) se llevan hoy la triste palma. La sede central del PP, por ejemplo, a veces se asemeja a una casa cuartel de la Guardia Civil. Y no por lo que en aquélla suceda (ya que la Benemérita es un instituto ejemplar), sino por la frecuencia con que los tricornios pululan  por allí. Ya ni se sabe las veces que los miembros de la Unidad Central Operativa (UCO), por orden judicial, se han personado en la calle Génova de Madrid examinando y confiscando ordenadores, facturas y documentos indiciarios o probatorios de prácticas corruptas.

El presidente del gobierno en funciones y del PP, don Mariano Rajoy, parece gafe. Cuando más habría necesitado aparentar altura política para revalidar el cargo en la XI legislatura, más le han crecido los enanos. Don Mariano perdió una oportunidad de oro para evitar el dramático y sucio laberinto en que ahora se encuentra, cuando no optó por la dimisión —que en cualquier país serio hubiera estado cantada—, al difundirse su inoportuno sms a un Bárcenas ya enchiquerado (“Luis, sé fuerte; hacemos lo que podemos”).

Ahora tanto él como su partido se ven acorralados por los casos de corrupción que han venido estallando en los últimos tiempos: Gürtel, tarjetas “black”, Fabra, Púnica, Bárcenas, Brugal, Palma Arena son solamente una apretada síntesis de una reprobable ejecutoria de altos cargos del PP, o del  propio partido, a los que la justicia está poniendo coto. El fondo de tanto desafuero es siempre el mismo: la interconexión de las caras política y económica de corrupción. Tan ligadas están que parecen tener un objetivo común: el solapado dominio del poder político por parte de los poderes económicos, cada uno a su respectiva escala. 

[blockquote style=”1″]Con tantos casos de corrupción aflorados, más los que se sospecha vienen por el mismo camino, don Mariano y su PP, a pesar de ser los más votados el 20-D, se muestran incapaces de vertebrar el gobierno de la nueva legislatura. [/blockquote]

Y de aquellos polvos estos lodos. Lo más perverso de todo quizás no sean los hechos investigados o penados, sino la extendida práctica de intentar confundir la responsabilidad política con la penal, cuando los potenciales delitos salen a la luz pública. Con ello, aferrándose a la poltrona, se alargan los tiempos y se niegan principios esenciales entre ellos los de jerarquía, responsabilidad y control —por no mencionar el más castizo de la “vergüenza torera”— que son inherentes a quien está a la cabeza de cualquier organización mínimamente seria.

A este tenor se encuentra, por mero y candente ejemplo, el caso de doña Rita Barberá, flamante senadora y ex alcaldesa de Valencia quien, estando imputados/investigados más de ¡cincuenta! de sus ex-concejales y asesores en aquella ciudad, no se llama a parte. En una notable reproducción de la típica actitud tancredista de su jefe político, doña Rita, imperturbable, mira al tendido desentendiéndose del toro. Ella —parece indicar así— nada sabía de los trapicheos  que a su alrededor florecían. ¿Puede darse mayor descaro que el de la disculpa por desconocer, cuando la primera obligación era saber? O el caso, también calentito, de doña Esperanza Aguirre, ex de casi todo y actual presidenta del PP de Madrid, cuya sede fue por tercera o cuarta vez el foco de un registro a cargo de la UCO solo hace un par de días. Frente a la sospecha judicial de financiación ilegal de su partido, Doña Esperanza, aferrándose también a su poltrona, se quita de en medio con un “no me consta” de carcajada supina.   

Con tantos casos de corrupción aflorados, más los que se sospecha vienen por el mismo camino, don Mariano y su PP, a pesar de ser los más votados el 20-D, se muestran incapaces de vertebrar el gobierno de la nueva legislatura. Aparte de la posibilidad de nuevos comicios generales, la alternativa que resta, que genera gran repelús, es un gobierno del PSOE trufado de neo-leninistas, anti-sistema y otros inventores del hilo negro. En todo caso, habría que estar agradecidos a los medios, los magistrados y la Guardia Civil que están eficazmente ayudando a depurar responsabilidades por tanta corrupción. Aunque sea bien triste que España parezca hoy una especie de “estado judicial”. Anormal situación que se configura como la última línea de defensa social, el último freno, antes de la atomización política y la desestructuración social. Ambas, pilares del umbral revolucionario. En último extremo, el sistema político establecido en la constitución de 1978 está gravemente amenazado. Seamos sinceros y llamemos a las cosas por su nombre: estamos en un estado de emergencia nacional.