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Julia, la mujer que nunca se rinde

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Kechu Aramburu*

Hidalgo de Argüeso, la manzanilla, las bodegas, el abolengo, Sanlúcar de Barrameda,… lo suyo hubiera sido comportarse, vivir, incluso militar en la derecha pero ese prisma estereotipado con el que se observan los perfiles, no encajaba en la ruta de la radicalidad. Julia decidió ser libre y estar con las libertadoras, sin la edad de los mayores, y luchando por la Democracia se hizo comunista, trasteó por el sendero del conocimiento, de la observación de la realidad, y aunque es sabido el inacabado maridaje de algunos clásicos – referentes de la ortodoxia- comulgó con las tesis feministas y se  hizo amazona de la causa dentro y fuera.

 

Víctima de Billy el Niño, conoció los calabazos y el exilio, se curtió en el cuerpo a cuerpo, y en la organización.

 

A Julia, ni le sobra ni le falta patrimonio material, de lo que tiene excedentes. Es de una extravagante generosidad, por silenciosa y callada;  lleva alpargatas y bolso de paja, su pelo es rabioso como ella y no se deja manejar. Es flaca, como la flaca que decía Jarabe de Palo, y menuda con su correspondiente antónimo, grande. Ella es la esencia, es como una Chanel 5, aunque para camuflarse utiliza a Paco Rabanne. Su porte respira grandeza, pero de la última capa de la cebolla, de la que no se toca, de la que sólo… se siente.

Julia fue un personaje clave en el franquismo, no como mujer de nadie sino como antifascista aguerrida e implacable. Víctima de Billy el Niño, conoció los calabazos y el exilio, se curtió en el cuerpo a cuerpo, y en la organización. Su mayor defecto, entonces y ahora, es uno tremendamente peligroso: tiene la mala costumbre de decir la verdad mirándote a los ojos, – especialmente con los fuertes- ; no repara en los cargos de quien tiene enfrente, y no tiene bula. Lo que se ha ganado es un alicatado respeto de quienes la conocen en primera o cuarta línea.

 

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Jaime Aja, Antonio Maíllo , Julia Hidalgo y Felipe Alcaraz. (Foto Facebook)

 

 

Julia ha removido sigilosamente cimientos de algunas estructuras poderosas, que los movidos nunca sabrán

 

Sólo ha gestionado sus silencios en los calabazos, y en un tramo de su vida decidió escribir su guión y no afilar más las navajas punzantes que hubiera podido utilizar. Tragó saliva, contó hasta tres, y sabiamente se aferró a sus hijos, a sus amistades, y al Partido. Hoy es una maestra en desactivar y prevenir la adversidad.

Julia ha sido oráculo clandestino (por ser mujer) de algunos secretarios generales del Partido Comunista, incluso de Izquierda Unida, casi siempre en momentos trágicos. Sabe demasiado… pero tiene tres garantías: es una tumba, no compite y le asiste la cordura. Aporta, además de todo, sabiduría, pureza de raza ética, insobornabilidad, sentido férreo de la igualdad, y la justicia, compromiso funerario de veinticuatro horas, y un saber estar sencillamente aterrador. Ella cabalga con ilustres y  pone la tortilla de patatas detrás del mostrador de la caseta de feria de Sanlúcar o interviene en Congreso de Los Diputados en el 40 aniversario de la democracia, representando a lo más genuino de los represaliados, y a la vez pasa la noche contando votos en la sede de su pueblo, en todas y cada una de las elecciones. Ella es de verdad.

Julia ha removido sigilosamente cimientos de algunas estructuras poderosas, que los movidos nunca sabrán, pero era sagaz en diferenciar la paja buena de la que no, hábil y rotunda en llamar a las cosas por su nombre. Su dehesa, aislada del mundanal, ha sido y es,  refugio de grandes operaciones, allí donde solo perturba un reloj que marca las horas. Ese micro territorio además de ser un remanso de paz, es trayecto de viajeros políticos que hacen parada y fonda, para reponer fuerzas, discursos, tácticas y estrategias de unidad

No necesita llevar ningún pin en la solapa, pero le tienta el ritual. Su inexplicable sobriedad hace que sus señas de identidad aparezcan cada vez que utiliza un vocablo, es una artesana en el discurso comunista cuando se dirige a los débiles, y una orfebre cuando es el tema mujer el que aparece en el orden del día. Su fuerza es inversamente proporcional a su estatura, con ella siempre hay que proveer micrófonos movibles, o atriles bajos. Afortunadamente no es corpulenta, porque es tan arrolladora, transporta tanto oxigeno, que esta intoxicada sociedad , si la conociera, tendría miedo a saber que es posible luchar sin morir en el intento, porque hay muchas mujeres anónimas que se han dejado la vida en ello, y lo han conseguido, sin ninguna muleta.

Y me despido con unas palabras de una mujer que Julia ama profundamente, Pasionaria, que decía: “Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”.

Desde la misma trinchera… hasta ahora, hasta luego y hasta siempre, Julia.

 

*Kechu Aramburu es Profesora. Ex eurodiputada, diputada y parlamentaria andaluza con IU. Actualmente es independiente.

@KechuAramburu