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La rana hervida

Esponjada y plácidamente ajena a lo que, nunca mejor dicho, se estaba “cociendo”

 

Ahí estaba ella, cada vez más aturdida, grado a grado y en medio de una ligera neblina vaporosa que comenzaba a formarse en el interior de la olla. Esponjada y plácidamente ajena a lo que, nunca mejor dicho, se estaba “cociendo”….

 

Desilusión, desconfianza y desidia. Descripción de las sensaciones y emociones que podría experimentar cualquier español que preste atención a la realidad política de nuestros días. Formar parte del sueño de la democracia parlamentaria, pero al mismo tiempo, albergar angustia o temor por una eventual degeneración en “pesadilla civiliana”.

 

Si tengo que citar una secuencia lógica que represente el flujo de acontecimientos que suelen degenerar en cualquier tipología de conflicto, en el primer estadio siempre ostentará protagonismo la “desigualdad”.

 

La fórmula sería la siguiente:

 

+ desigualdad = + resentimiento

+ resentimiento = + división

+ división = + conflicto

 

He ahí la cuestión, en un contexto de inestabilidad, desgobierno, corrupción, degradación, oportunismo, egoísmo, materialismo, etc. Potenciar la división, a través de un discurso, que ahonda en el radicalismo de fanatismo feroz, sin lugar a dudas resultará en un caldo de cultivo en el que no habrá ni buenos ni malos, el “y tu más” de nuestros días habrá desatado una escalada que probablemente culmine en un punto de no retorno, ….habrá perdedores, muchos perdedores.

 

 

¿Es la política actual en el macro sistema financiero un mero prestidigitador que basa todo sus trucos pura y llanamente en la retórica demagógica?

 

 

Es frustrante comprobar día tras día, como están cayendo en los mismos errores fatales que nos han estado haciendo lamer nuestras “magulladuras” hasta que alentados por la bravuconería del ego soberbio, egoísta y ocioso, del que todo lo puede y lo quiere, volverán dispuestos a tropezar  con la misma piedra una vez más.

 

Los políticos, más los de “carrera”, deberían medir y modular mucho su discurso, pues los seres humanos, camuflados en el mimetismo de la masa y agitados, cuando no, adoctrinados en el resentimiento, son presa fácil del frenesí y viveza que encuentran en el conflicto. Lamentablemente, la mayoría de las veces dicha viveza es efímera, pues dependiendo del grado, el enfrentamiento puede desencadenar consecuencias funestas.

 

La democracia parlamentaria; basada en el sufragio universal, que no es otra cosa que la falsa sensación de ejercer el poder individual desde el anonimato que ofrece una masa, por otra parte, altamente maleable; nos muestra sus sombras a través de los grandes actores de la epopeya, los partidos políticos.

 

Cuando uno se pone a leer la prensa y se hace eco del discurso político imperante, no puede dejar de asombrarse por el halo altamente demagógico que envuelve a todas y cada una de las intervenciones de aquellos que deberían velar por nuestros sueños, por nuestro voto. ¿Es la política actual en el macro sistema financiero un mero prestidigitador que basa todo sus trucos pura y llanamente en la retórica demagógica?

 

 

Tres cuestiones básicas a enfrentar.

 

  1. Redistribución de la riqueza. (Principal + Interés = + Asimetría Financiera).
  2. Justicia social, sostenibilidad y protección de la libertad individual.
  3. Educación en valores = /+ conocimiento técnico. (+ Conocimiento Técnico + Producción).

 

 

La desigualdad, el gran problema.

 

No es que no se pueda atacar, es que no dejará de crecer mientras no se regule y se reestructure el sistema financiero. Si desde la esfera de la política actual no se puede ejercer la influencia deseada sobre el sistema para que el efecto resultante redunde de forma positiva en la ciudadanía; satisfaciendo a su favor las tres cuestiones básicas anteriormente planteadas, honrando el “quid pro quo” que debería existir entre el cargo electo y aquellos que lo han elegido; ¿por qué al menos no liberar al pueblo de la constante lapidación impositiva que supone una estructura de costes tan ineficazmente diseñada?

 

La democracia parlamentaria debería -subrayen debería- encontrar su auténtico sentido en la pura vocación de servicio, es decir, en la anteposición del bien común al propio. Todo lo que se extralimite de tal marco, se sitúa en el polo opuesto, o lo que de forma equivalente podríamos definir como, “oportunismo de sillón”. Aunque manipulables, es en las masas donde reside el auténtico poder, de ahí la importancia que desde la partitocracia se otorga al papel de la mayoría (que técnicamente no significa cualificada), una mayoría, que hace el papel estelar de rana hervida y es que, los actores principales conocen muy bien la parábola, si en una olla con agua hirviendo,  alcanzado el punto de ebullición, intentamos sumergir una rana en su interior, ésta salta como alma que lleva el diablo, sin embargo, si primero sumergimos la rana en la olla con agua tibia y la ponemos a hervir poco a poco,………muy poco a poco….