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Las bajezas “legales” de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez es una bomba de relojería en el gobierno de España

El gobierno de Pedro Sánchez es legal, pero está lleno de bajezas que degradan todavía más la política española. Hay que estar hecho de una madera especial para gobernar con tanto lastre y despreciado por gran parte de la sociedad española. El suyo no es un gobierno fuerte, ni ejemplar porque sus carencias morales, hipotecas y faltas de apoyo lo convierten en disminuido y deficiente. Su gobierno, desde el punto de vista democrático, es ridículo y vergonzante, como si un lisiado compitiera en unos juegos olímpicos con la élite mundial del atletismo.

 

 

Gobernar con el apoyo de la escoria política y moral de España, donde se encuadran los golpistas, los herederos del terrorismo asesino etarra y los nuevos totalitarios populistas, es la mayor bajeza, pero también es bajo y denigrante carecer de los votos del pueblo, que son los que de verdad otorgan legitimidad en democracia.

 

Pero la lista de bajezas y carencias éticas de Pedro Sánchez es enorme e incluye haber comenzado su mandato incumpliendo su promesa de convocar elecciones inmediatamente, tener que pagar facturas indecentes y rechazadas por la voluntad popular a sus socios protectores, haber aceptado ante Ángela Merkel el papel de país colonizado que recibe a los inmigrantes que Alemania rechaza, probablemente porque son violadores y delincuentes, haber entregado la custodia de los golpistas catalanes presos a sus cómplices de la Generalitat y sobre todo proyectar hacia la sociedad española la inquietante imagen de un presidente que gobierna lleno de deudas pero al que la ambición de poder le hace capaz de pagar facturas e hipotecas indignas y dañinas para España.

Hay bajeza en su curriculum falsificado, donde aparecían títulos académicos falsos y cargos inflados, como también es rastrera y frívola la elección como ministro de Cultura de una persona que tuvo que dimitir en menos de una semana por haber defraudado a Hacienda.

 

Esta llena de miseria y bajeza su obsesión por desenterrar a Franco y expulsar su cadáver del Valle de los caídos, medidas que toma sin que sean prioridades, ni estén respaldadas por la mayoría de los españoles, sólo para obtener votos de la parte más radical y llena de odio de la población española.

 

 

No es menos indigna su aplicación arbitraria e injusta de la ley de Memoria Histórica, recordando a los españoles constantemente los abusos y crímenes del Franquismo, mientras se ocultan los muchos asesinatos, quema de iglesias, robos y salvajadas del bando republicano, logrando con esa política la que quizás sea la más indecente e irresponsable de las políticas posibles en España: dinamitar la reconciliación de los españoles y resucitar el odio y el enfrentamiento que nos condujo a la guerra civil.

Más importantes que los muchos errores ortográficos de sus twits son sus errores de protocolo y tacto, como el de recibir primero en la Moncloa a los dos presidentes autonómicos más desleales, los del País Vasco y Cataluña, relegando y devaluando de ese modo a los que sí pueden ofrecer lealtad y respeto a las leyes. Si no hubiera sido un mediocre resentido e hipotecado, tenía que haber comenzado justo al revés, otorgando prioridad a los leales a España y a su Constitución.

Después hay cientos de detalles que no constituyen bajeza, pero que son repudiados por la mayoría de los españoles, como haber devuelto a los golpistas catalanes el control de sus finanzas y haber trasladado a cárceles catalanas los políticos presos sin exigir nada a cambio, siguiendo de ese modo la única ruta que nunca debe emplearse con los nazis: la de ceder ante sus pretensiones, un camino que les fortalece y les hace incrementar sus exigencias y desafíos, como quedó demostrado con Adolf Hítler, al que el premier británico Chamberlain, por cobardía, consintió muchos abusos que al final condujeron a la II Guerra Mundial.

 

Pedro Sánchez es una bomba de relojería en el gobierno de España, país al que debilita y empobrece con su política imprudente y llena de una osadía impropia cuando se carece de apoyos suficientes y de votos populares en las urnas.

 

 

Ha aumentado también los gastos y disparará el déficit público, lo que acarreará a España duras sanciones económicas por parte de Bruselas. También ha empezado a subir los impuestos, cuando prometió que no lo haría, proyectado una imagen de falsedad y mentira que recuerda demasiado al pasado de Rajoy. La ruta de Sánchez conduce a la pobreza, al descrédito de España y al enfrentamiento y la ruptura de la convivencia, con demasiadas bajezas que representan impactos directos en la linea de flotación del buque España, seriamente dañado ya por la corrupción y la baja calidad política y moral de sus predecesores.