The news is by your side.

Las ventanas sin persianas de la Plaza Nueva

Mirar a través de las ventanas ha sido siempre erótico.

Mirar a través de las ventanas ha sido siempre erótico. Curioso. Intrigante. Si tenía visillos mucho más. Ahora hay una ventana que se llama WhatsApp (o guasap como lo escribimos en el Sur) y se ha instalado en nuestra vida. Con persianas y sin ellas, o sea, bloqueada o sin contraseña. No conozco a nadie que no lo use, hasta el más torpe en el manejo del smartphone se ha rendido a los encantos de la aplicación de mensajería. El guasap ha tenido su evolución y su innovación. Envías mensajes y recibes mensajes. Y ahí radicamos. Peligroso guasap. Divertido guasap. A veces interesante, a veces, conveniente otras, comprometedor.

Mensajes para una segunda cita y otros que nunca llegan. Mensajes que no se envían. Miles de mensajes enviados a alguien que borraste del pasado. Mensajes que gastan las palabras.

Hay miles de clases de mensajes. Mensajes sin lectura. Mensajes subliminales. Mensajes del alma. Mensajes fatales. Mensajes borrados. Mensajes que te marcan la vida. Mensajes de cotillas. Mensajes de buenos días. Que te salvan la vida. Mensajes que acaban con una relación. Mensajes de no sabe, no contesta. Mensajes de mujeres y mensajes de hombres. Mensajes de perdón. Mensajes de mayor a menor. Mensajes de alabanza atribuidos a la octava dimensión. Mensajes de amor. Mensajes que se borran una y otra vez. Mensajes fuera de la ley. Mensajes de todos los días y otros que no se olvidan. Mensajes para una segunda cita y otros que nunca llegan. Mensajes que no se envían. Miles de mensajes enviados a alguien que borraste del pasado. Mensajes que gastan las palabras. Mensajes etéreos, invisibles o muertos. Mensajes enviados sin avisar, de se busca o esos de amor de curso legal como nos cantó Serrat. Mensajes de la radio. Mensajes de botellas. Los copiados de la wikipedia. Los del agua, los de solo texto, los de la memoria, los mensajes con cuernos. Mensajes de políticos corruptos. Mensajes de candados. Mensajes que son un rumor. Mensajes que dices son del jardinero. Mensajes de SOS, de rescátame por favor. Mensajes que te llegan en medio de una reunión. Mensajes de la Facultad o del profesor. Mensajes de la conciencia. Mensajes de “estoy llegando ¿dónde me das el sobre?”. Los que llegan en momentos inapropiados, te complican la vida y acabas pagando. Los que marcan cicatrices profundas. Los que informan, los que anuncian, los que avisan, los mensajes de rutina o de recetas afrodisíacas. Mensajes de hijoeputas. Esos mensajes de audio que se activan cuando estás en la oficina, caminando por la calle o con tu madre en la cocina, por no hablar de quien escribe con faltas de ortografía.

Todos escribimos pero somos diferentes, una marea de gentes remando al mismo compás si bien se copia, se lanza sin leer, se repite o se reenvía. Y esos cientos de miles de mensajes recorren caminos que en ocasiones confluyen en el mismo sitio y desembocan en ti.

Mujeres que encuentran mensajes en el guasap y hombres que lo espían cuando no les ves. Y que le vamos a hacer si hay mensajes enviados por quien tiene las defensas intelectuales bajas. A saber, esto ya es un ir y venir de mensajes de los que andan encendiendo la mecha para acabar prendiéndose fuego.

Porque el guasap puede provocar que quien sin una escoba, puede que barra hasta tus pies. Sevilla es un ir y venir de sensualidad mientras esperas acompañado del guasap.

Mensajes y más mensajes y perdemos la cuenta e incluso la paciencia. Cómo los dedicados a enviar fotos de tetas y culos, esas que te aparecen cuando vas a enseñarle a alguien como te ha quedado de mono el salón o la túnica de nazareno colgada de la puerta del ropero. Grupos de guasap para porno y guarradas. Grupos donde se muestran las conquistas logradas. Grupos de polis que parecen matones. Grupos de despedidas, grupos de marineros; grupos de manadas y grupos de esos en los que nadie habla en serio.

Hay mensajes con facilidad de lectura cuando llegan y se iluminan en la pantalla de inicio dejándote  al descubierto en medio de una celebración. Mensajes deshonestos que se le leen en medio de una misa. Los que se leen con el rabillo del ojo al vecino del asiento en el tren o el autobús.

Hay quien no necesita velas ni pastel pero si mensajes de cumpleaños. Ni sex on fire pero si mensajes de fuego. Hay quien quiere pasión en el sofá con el guasap. Arrebatos apoyado en una mesa tras un guasap. Porque el guasap puede provocar que quien sin una escoba, puede que barra hasta tus pies. Sevilla es un ir y venir de sensualidad mientras esperas acompañado del guasap. Como esa chica que vi sentada en un banco de la Plaza Nueva la semana pasada, que escribía a uno de sus contactos: “Deja de mirarme el estado de guasap”, mientras alzaba la vista hacia el caballo del Santo Conquistador. Mira que vueltas da la vida, con esto del guasap.