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Margarita y el salto a la tapia

Laviana rehusó la fama, pero la gloria profesional se apoderó de ella.

El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad
si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra.

Arturo Graf

 

Van Gogh, Allan Poe, Beethoven, Newton, Virginia Wolf, Hemingway, Nietzsche, Kafka, Tolstoi, Rousseau, y otros y otras ilustrísimas sin las cuales el mundo no hubiera podido subir, bajar, girar o caminar. Sin ellos – y ellas-  todo sería gris y abrupto, los silencios ruidosos, los libros tendrían sus páginas en blanco, y los arboles sus hojas muertas.

Todos tuvieron severos episodios de conductas y comportamientos, denominados asociales, diagnósticos de esquizofrenia, de bipolaridad, de delirium tremens, neurosis, paranoia, o locura declarada. Si los hubieran encerrado en un manicomio, hoy el mundo sería un desierto… sin arenas.

Margarita Laviana, icono de una de las más brillantes generaciones del siglo XX, rehusó la fama, pero la gloria profesional se apoderó de ella. Aquellas cosechas y las venideras, deben saber que  Marga fue una de las artífices, junto con algunos valerosos y aguerridos personajes  (como Manuel González de  Chaves, Paco Yanes, Felipe Vallejo entre otros muchos, jóvenes profesionales, médicos, trabajadores sociales, auxiliares de clínica, monitores ocupacionales…) de uno de los pasajes más revolucionarios de la historia de la Salud Mental de este país, y muy especialmente de Andalucía.

 

Desafiando las leyes de la inercia, las administrativas, las del miedo a perder, las del confort profesional, se enfrentó a lo más añejo de las instituciones, quebró el principio de “uniforme mental”, desmontó los “manicomios carcelarios”.

 

 

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Margarita Laviana fotografiada por Paco Sánchez

 

Desafiando las leyes de la inercia, las administrativas, las del miedo a perder, las del confort profesional, se enfrentó a lo más añejo de las instituciones, quebró el principio de “uniforme mental”, desmontó los “manicomios carcelarios”, nos emplazó a sirias y troyanas a derribar muros, y al grito de “¡Saltar la tapia¡”, llevó/llevaron a cabo la mayor reforma psiquiátrica de nuestros tiempos, desde la psicología clínica. Y lo hicieron aquí, en Sevilla, en la tierra  en la que se espera que el sol brille cada mañana. Y ella lo consiguió, lo consiguieron: sacaron a los enfermos mentales de la oscuridad.

Puso el dedo en la llaga, el foco en el conflicto, en la aberración  y en el drama. Buscó en el gremio y en la sociedad las alianzas y, como una autentica amazona,  galopó, hasta enterrar los barrotes de acero, las correas, y demás utensilios privativos de libertad utilizados en lo que hasta entonces veníamos en llamar “Casa de locos”.

 

En torno a estas tesis crecieron las personas que, con Marga, consiguieron que los denominados “enfermos mentales”, fueran libres, y no estuvieran encerrados y sometidos para ser curados.

 

Aunque Marga pertenecía a una cultura eminentemente dinámica, era miembro de la corriente “Psiquiatría democrática” y bebía de las fuentes de Basaglia, iniciador de los movimientos de desinstitucionalización en Italia, quién fue encarcelado durante la guerra, por los fascistas de Mussolini, y terminó siendo director de un hospital psiquiátrico. Basaglia entraba por segunda vez en una institución cerrada que se llamaba manicomio, y dijo aquello de: “Estas dos instituciones son diferentes, pero en realidad tienen la misma finalidad. La cárcel protege a la sociedad del delincuente, el manicomio protege a la sociedad de la persona que también se desvía de la norma”.

Explicaba que: “El enfermo mental es, pues, la persona que se encuentra internada en estas instituciones que sirven no al cuidado, sino a la custodia del paciente. Se las encierra en un lugar en el que ciertamente sus trastornos no van a ser sanados, y en el que se le hace un nuevo tipo de terapia que consiste en recuperarlos, no ya mediante una ideología de cura, sino mediante una ideología de castigo”.

También se abasteció de Foucault, quien se planteó iluminar  la psiquiatría moderna, al ver en el tratamiento moral, y en el nacimiento del llamado “asilo de los locos” la normalización de los sujetos, quienes a juicio de los médicos quedaban “curados” cuando se estabilizaban en un tipo social moralmente aceptable. Para Foucault la misión liberadora de la psiquiatría constituía uno de los mitos fundantes, ya que la coerción física se había sustituido por la sumisión a las rutinas, y al orden,  religiosamente seguido gracias a métodos inspirados en el miedo y la intimidación, donde la locura era constantemente juzgada.

En torno a estas tesis crecieron las personas que, con Marga, consiguieron que los denominados “enfermos mentales”, fueran libres, y no estuvieran encerrados y sometidos para ser curados. Recordar aquello para no repetir errores, tiene en el cine escalofriantes ejemplos, que ayudan a entender más y mejor las historia de esta profesional. Sin ir más lejos: “Alguien voló sobre el nido de cuco” (1975), dirigida por Milos Forman, y basada en la novela homónima de Ken Kesey.

 

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Dirigió las Unidades de Rehabilitación Comunitarias en Sevilla, y posteriormente  volvió al Hospital Psiquiátrico de Miraflores como Directora, llevando adelante el plan final de su cierre, que se hace efectivo en el año 2000.

 

A pesar de ir contracorriente, y con el viento azotando en contra,  Margarita fue elegida Decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, acérrimo defensor de la Salud Publica. Miembro de la Comisión Nacional de la Especialidad de Psicología  Clínica. En el 1983 el Parlamento Andaluz aprueba la creación del Instituto Andaluz de Salud Mental, en el que Marga trabajó intensamente en  paralelo a la creación de Servicios Comunitarios integrados en el Sistema Sanitario Público. Dirigió las Unidades de Rehabilitación Comunitarias en Sevilla, y posteriormente  volvió al Hospital Psiquiátrico de Miraflores como Directora, llevando adelante el plan final de su cierre, que se hace efectivo en el año 2000.

Con un gran equipo,  trabajó mucho y bien en la puesta en marcha de Empresas Sociales, que hicieron posible que personas con enfermedad mental tuvieran empleo y residencias alternativas. Algo de lo que Marga se siente orgullosa, y Sevilla especialmente,  es, del diseño e implementación – junto Carole Rodríguez y otros muchos- del Programa de tratamiento intensivo comunitario, para trabajar con personas sin hogar y excluidos en general.

En la actualidad preside la Fundación Hispalense de Tutelas, abrochando su vastísimo y cualificado currículo.

 

 

Pero sobre todo,  Marga tiene su mejor reconocimiento en la capacidad de conseguir que todos se sintieran valiosos.

 

Su complementaria dimensión era su procedencia del maoísmo. Mujer de convicciones profundas, principios inquebrantables, solvencia y rigor acreditado, fuerza en el cerebro y en el corazón, pasión por su oficio y su gente, independiente de las sirenas, y muchísima comprensión, de esa que hoy llamamos empática. Pero sobre todo,  Marga tiene su mejor reconocimiento en la capacidad de conseguir que todos se sintieran valiosos. Huyendo toda su vida de la jerarquización, su apuesta por la igualdad en el trabajo se materializó, sin reservas, bajo el epígrafe de una indiscutible grandeza personal.

Antifascista, y feminista. En la Universidad, en la calle y en las ágoras donde confluíamos las y los luchadores por la libertad, trabando nuestras alianzas con el mismo objetivo, encontré a la grandísima Marga. Comprometida con la causa en los tiempos donde el formato no era de cartón piedra, estuvo en listas a diferentes comicios electorales con el Partido del Trabajo y JDM junto a Eladio García Castro, Paco Casero, Tomas Iglesias, y como independiente a las listas del Senado, así como a las municipales con Izquierda Unida,  con Adolfo Cuellar, Fernando Villamil, Rosa Bendala y tantos irrepetibles.

Escribió este verano: “Tengo un cactus que mide más de 4 metros cuajado de flores. Increíble que de una planta con tantos “pinchos” surjan flores tan bonitas. Mis mejores deseos para las personas que tengan algunos pinchos en su vida, y mis deseos de flores renacidas”.

Hace poco, finalizado su tiempo laboral reglado dejó este testimonio:

“Ayer fue mi último día de trabajo: jubilación, paso a una vida más llena de lo personal, tiempo para una misma….. Sin embargo me he levantado después de una noche en la que he tenido una serie de sueños cargados de cosas que he dejado sin acabar, la mesa llena aún de papeles, documentos a medias que tengo que hacer el esfuerzo por finalizar, y una extraña sensación de vacío sereno, cargado de miradas de personas que me llevo en el corazón para siempre. Muchos compañeros y compañeras, pero de forma especial muchos usuarios a los que he acompañado y me han acompañado algunos durante más de 30 años…Deseo seguir compartiendo con todos la lucha por la dignidad de nuestros servicios, por el derecho de nuestros usuarios y usuarias a tener una vida, “su vida”, y a ser algo más, mucho más, que una historia clínica. Gracias”

Esta fue, y sigue siendo, otra grandísima mujer,  imprescindible de una época

 

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