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Los patriotas

El Partido popular estima que estas recreaciones neofranquistas le darán rédito electoral ante el avance de la prefabricada reconstrucción del lerrouxismo.

En España es un hecho excepcional, histórico y sociológico, la recurrencia de la paramnesia del déjà vu o del “día de la marmota”, incluso con escenografías y protagonistas iguales a pesar del tiempo y los epifenómenos consumados. El patriotismo polvoriento y carpetovetónico al que ha dado aliento la derecha para contrarrestar al díscolo nacionalismo catalán ha tenido una plástica representación observando en Málaga a varios ministros del Gobierno cantando “el novio de la muerte” en una procesión con protagonismo legionario. El decorado y la representación penetra en los intersticios de ese patriotismo atrabiliario y africanista cuyo punto culminante lo padeció Unamuno cuando al criticar la fuerza bruta de los militares sublevados fue contestado por Millán Astray con el grito de ¡muera la inteligencia! El Partido popular estima que estas recreaciones neofranquistas le darán rédito electoral ante el avance de la prefabricada reconstrucción del lerrouxismo, aquel populismo perverso de otrora o muro político contra el catalanismo, que representa hoy Ciudadanos.

Se prescinde de la política y la resolución de los problemas se dejan a los instrumentos represivos del Estado.

Sin embargo, el hecho axial de la situación que padece el país no es el atrezo que algunos partidos quieran levantarse a su alrededor para focalizar sus entresijos identitarios, sino la eclosión real y objetiva de los déficits democráticos que ponen en peligro las libertades y derechos que definen a una sociedad avanzada y escrupulosa con la soberanía ciudadana. Las restricciones involucionistas a la libertad de expresión, de manifestación, la carencia efectiva de separación de poderes, la corrupción, la crisis identitaria y de representación, configuran una quiebra poliédrica que engloba la totalidad de la vida pública, donde se prescinde de la política y la resolución de los problemas se dejan a los instrumentos represivos del Estado. “Haga como yo, no se meta en política”. Cuenta la leyenda que con tal consejo zanjaba el dictador Francisco Franco las discusiones entre sus ministros cuando se ponían tensos. Es, en definitiva, la abolición de la política como creación de convivencia. La democracia es, como bien decía Shumpetter, un mecanismo de selección de líderes. Pero también tiene que ser un ejercicio de deliberación pública y debate colectivo para proceder a la toma de decisiones sobre todo aquello que definimos como público.

Ciudadanos se presenta como algo nuevo con ideas muy viejas y, con pocas responsabilidades de gobierno, libre de corrupción.

El Ibex 35 se encuentra en plena operación Ciudadanos. Los medios de comunicación tradicionales utilizan el mismo argumentario de agipro para coadyuvar a que el mapa político se configure al gusto y el interés de las minorías organizadas. Ciudadanos se presenta como algo nuevo con ideas muy viejas y, con pocas responsabilidades de gobierno, libre de corrupción. Por su parte, el PSOE se encuentra en una encrucijada histórica y política de suma incomodidad. La incapacidad de su líderes de generar una auténtica alternativa, la carencia de pensamiento crítico, de análisis y consiguiente estrategia diferenciadora, el seguidismo de las políticas de la derecha incluso en sus vertientes más retardatarias, el complejo de ubicarse como partido de Estado y no de la sociedad, el alejamiento del mundo del trabajo y los movimientos sociales, lo sitúan en una tesitura paradójica de pensar que fuera del régimen de poder cada vez más oligárquico no hay nada sin comprobar que lo que se encuentra extramuros del sistema es la ciudadanía.