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Pedro el Profanador

En mi casa una bolsa-espectro se ha asomado dentro de un mueble contándome que en el limbo hay una confusión que “¡Te Cagas!”

 

 

 

Cuenta la leyenda que cuando en un jardín aparece un colibrí,
nos viene a contar que las almas de los que amamos están bien.

Popular

 

De la cárcel se sale pero de la muerte no.

Popular

 

La ignorancia lleva al miedo,
El miedo lleva al odio,
El odio lleva a la Violencia. Esa es la ecuación.

Averroes.

 

Es normal aparecerse. El olvido es el clavo último que sella a la muerte. Cada cierto lapso es bueno jugar a los encuentros sorpresivos. Antes paseabas cementerios, dejabas vasos de agua en las ventanas. Creías en los aparecidos, apenas se te caía una pestaña la ponías entre tus yemas pidiendo un deseo. Los ausentes coreábamos, bailábamos disforzados, reíamos apostando si se cumplía o no. Los transeúntes pensaban, imaginaban viento en el movimiento inexplicable de las hojas, éramos nosotros, los descarnados en la loca fiesta del azar. Aunque no podamos “chivarte” los números de la lotería, ni asegurarte una siguiente elección para el congreso, ni librarte de controversias a la hora que tu Ministra hable como Alí Babá frente al único hijo de puta representante de los 40 restantes ladrones… Los muertos estamos mejor seguros que los vivos, esa seguridad  nos inmoviliza hasta el punto muerto “valga la rebuznancia”. Únicamente asustando, caemos en la cuenta que para algo hemos muerto.

 

Pedro ¿Qué ha pasado de esa maravillosa inocencia estremecida en los pasillos de las bibliotecas? ¿De tus zapatos  derechitos y en fila evitando aparecieran los espectros? ¿Qué se ha hecho de la botella rodando bajo la mesa apenas se acababa el vino? ¿De tirar el primer trago en homenaje a tus muertos? ¿De encontrar tréboles en los bosques del contento?

 

Has cambiado, malamente Paraskivas (Pedro). Esa profesión te está quitando la paz, la alegría, el recreo para la monotonía del cansancio, que al final resultan ser lo mismo.

Mienten quienes sediciosos afirman, tu acción no pretende profanar la tumba de cierto muerto. Aquí ya hay pancartas aplaudiendo e himnos con los brazos en alto, lágrimas vivas deslizándose calavera abajo hacia el fin de las fatigas. Aquí, no le dejamos caminar por ningún plano. Él sabe perfectamente sus condiciones, su vocecita aflautada retumba nerviosa, los ojitos pequeños funcionan pésimos en los juicios de ultratumba. Aquí no se transmite el NODO como soundtrack de fondo. Faltarle un huevo, es lo menos importante cuando cobardemente firmó sentencias para librarse, inventando juicios como castillos de naipes, cualquier fascista supone exonerarse así de sus culpas. “Piter”, no vas mal, pero recuerda, en la vida acostumbrada de esta España hay pocas maneras de exhumar un cuerpo dentro de un cerebro. Cuídate de esos “centros” pretendiendo confirmar su extraña alianza con su Dios al ser caritativos,  alimentando pobrezas irremediables. Rogando a las fábricas no dejen de producir tristeza, desencanto, descontento. La iglesia sería un certero punto referente. Los domingos las señoras repartirán monedas opacas desde lo tremebundo de sus lacas, sobre sus zapatos altos, detrás del relicario cubriendo sus mantillas. La luz demoníaca de su compasión confirmará: “¡Que pobres son los pobres!”, lo barato que resulta comprar parcelas en los cielos.

 

Míralos sentados y orondos bajo esos trajes, esos zapatos castellanos, esa sófera gomina. Son la momificación perfecta de una derecha  subida de tono hasta el escándalo. Hablando a gritos de padres buenos, de familias santas, de gente honesta. Las fuerza vivas reclamando una justicia  tomada a mansalva, con disparos, madrugones y cunetas donde crucificaban la verdad, acribillándola de tretas.

 

Piotr (Pedro), Míralos discurriendo en las pantallas, sagrados, reclamando nuevos colores a los rojos, sin percatarse de su tozudez carca y la fijación hipnótica de ser lo mismo, rematadamente lo mismo, lejos de la esperanza remota de cambiar. Extasiados ante la subacuática sensación de tirar los tanques de oxígeno y bajo el agua, poder respirar milagrosamente. Viven alelados, sacando la cuenta de recuentos fulleros, poniendo la verdad de su parte, olvidando disciplinadamente, a rajatabla, como quien aprende la difícil tabla del 8 para recitarla frente a una clase, harta de reciclar su mierda en mierda a la décima potencia. Perfumados en su tóxica nube prefabricada en cartón piedra. Es verdad, aunque se quemaron mil iglesias, también murieron los que nunca entendieron morir como resultado de un trámite erróneo. Salvándose los santos después del incendio, convirtiéndolos dos veces en mártires para asolar con sus imágenes, desfiles castrenses, hospitales, aulas escolares, bajo la siniestra tonadita de “Cara al Sol”, los tenebrosos 40 años siguientes. Habrá que descorchar la botella del recuerdo y categorizar que el hambre, la desigualdad abre feas salidas. Había mucha hartura, código ceñido a la locura, para que inmutable, tratando de cambiar, la cosa siga igualmente podrida. Lo peor de quitarle a un ser humano todo, es que en esa sádica extracción, se le quita el miedo. Un hambriento sin miedo es más peligroso que una hostia sin consagrar, un vampiro sediento o las ganas de follar de ciertos curas.

Petrusko (Pedro) Mira como aparecen defensores estrambóticos de este muerto. Dando sus caras marchitas, alevosas, inquisidoras con el odio crecido cual limo negro. Afirmando tu vocación de “okupa” asaltando el nido donde su fealdad se instaló para hacernos trizas. Alegando  la utilidad de los pantanos, las ciudades construidas de VPO, la instauración de una Seguridad Social en fechas sospechosas. Falsos logros esgrimidos sin  ningún pudor de una organización  comandada por el sentido feroz de lo injusto, simulando modernidad, europeizando lo cateto hasta el esperpento. Escondiendo su ley feudal, de herencias, el “por mis cojones”, arreglos, pánico y confiscación. Asegurando: “Un pobre si se hace rico es insoportable y si los ricos se hacen pobres, pueden adaptarse, ser mejores”. Blindándose tras esa antropofágica clase que los parió.

 

Pietro (Pedro), aunque parezca baldío, hueco, postergable, este cadáver está destapando el abolengo, lo bajuno, las pesquisas  acerca de quienes crearon la herida terrible de dolores viejos.

 

Llévatelo, los cuatro vientos difumarán su polvo en polvo, negándole el agua que él negó a los sedientos. Ahora es tiempo. Sus actuales compinches están liados entre lo rancio y lo nuevo falso. Sus niños enredados en másteres falsificados, sonríen a las cámaras pensando engañarnos como malos alumnos copiando un examen. Compran ropa por la tablet en el Congreso, confiados en seguridades vitalicias y vocabulario camionero. Roban cremas evitando envejecer, sin percatarse que su decadencia milenaria también se cargo la imperial Roma. Se respaldan  unos a otros y a “sus débiles” los dejan tirados en la calle, cojos de partido, quebrados de: “Lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”.  Para ser engullidos por la prensa piraña amaestrada. Confirmando su desinterés hacia cualquier cambio, su intríngulis safio, su estrechez produciendo extreñimientos mentales. Hablando de Venezuela cada cierto tiempo, confirmando sus valores, mientras aspirando coca, aspiran a ser presidentes de cualquier chaquetera forma.

Las calles se han poblado de un extraño rumor a rezos entre dientes y resecos labios, como esas películas de terror y sus rituales horribles en atrios de iglesias madrugadas. En mi casa una bolsa-espectro se ha asomado dentro de un mueble contándome que en el limbo hay una confusión que “¡Te Cagas!”. Pidiéndome desesperado refugio, ha descubierto un caudillo nunca muerto, aparecido entre los muertos, derrocando el misterio de la propia muerte, ser fascista es negar naturalmente todo. Eso provoca pavor hasta al peor de los espectros.