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Recordatorio de la matanza yihadista en Cataluña

Si la seguridad en Cataluña hubiera estado a cargo de la Guardia Civil, la matanza de la Rambla no se hubiera producido.

Entramos en la semana del primer aniversario de los crímenes yihadistas, de agosto de 2017, en Barcelona y Cambrils. Algunos torticeramente parecen querer reescribir la historia. Incluso llegan a responsabilizar a la Guardia Civil de propiciar aquellos atentados. Es indecente que se pretenda retorcer los hechos. Hay que denunciar la trampa ideológica de los secesionistas, que quieren convertir la próxima concentración en Barcelona, en recuerdo dolorido y solidaridad con las víctimas del terrorismo yihadista, presidida por los Reyes, en un respaldo a los políticos y responsables autonómicos policiales, cuya ineficacia posibilitó aquella carnicería. A pesar de las declaraciones iniciales de los jerarcas independentistas, de boicotear la presencia de los soberanos, los soberanistas catalanes no parece que vayan a tener mucho éxito. Tras el estrepitoso fracaso de la estrategia de sacar a Cataluña de España, pienso que la actual: sacar a España de Cataluña, tampoco tendrá mucho recorrido.

 

Estado negligente

 

Hace un año, analicé el caso a la luz de los datos disponibles. Hice un relato ―que resumo ahora como testimonio― que se ha confirmado tras el levantamiento parcial del secreto del sumario del caso: “Es un hecho incontrovertible que en ese pueblo (Alcanar) de Tarragona, en el límite con Castellón, los yihadistas, que vivían en Ripoll (¡a 300 km!) habían “okupado” impunemente un chalet. Es innegable que éste, a plena luz y durante muchos meses, había sido utilizado por los asesinos como “cuartel general” para planear sus crímenes, almacén de sustancias y gases explosivos, laboratorio y refugio. Y es innegable que la Policía de la Generalidad no detectó, durante todos esos meses, el gran trasiego de personas y sustancias sensibles que forzosamente fueron de aquí para allá en el eje Ripoll-Alcanar. 

 

Fijado lo anterior ―que son hechos―, está también fuera de cuestión que dicho chalet explosionó hacia las 23:00 del día 16 de agosto de 2017. Fue una explosión de enorme potencia puesto que se oyó en muchos kilómetros a la redonda y dejó el edificio completamente arrasado. Es de suponer que los Mossos acudieron diligentemente para averiguar lo sucedido. Y, a partir de ese momento, se dieron las siguientes circunstancias: 

  1. Dato previo incuestionable y esencial para el análisis: el nivel de alerta antiterrorista en vigor, decretado por el ministerio del Interior para toda España, era el 4 (“riesgo alto” de ataque terrorista). Estaban pues superados los niveles 1 (“riesgo bajo”), 2 (“riesgo moderado”), y 3 (“riesgo medio”). 
  2. El edificio de la explosión se había “evaporado” materialmente. 
  3. Había un muerto y un herido. Éste era de incuestionable aspecto norteafricano. Fue atendido “in situ” y evacuado al hospital. No fue interrogado por la policía de la Generalidad, ni en el lugar de la explosión ni luego en el hospital.
  4. Habían aparecido más de 20 bombonas de butano (más tarde se descubrirían hasta más de 100).
  5. Personada la titular de juzgado de instrucción nº2 de Tortosa (partido judicial al que pertenece Alcanar), la juez indicó a los Mossos que aquello parecía algo más importante que un mero accidente doméstico, y que posiblemente las bombonas estuvieran preparándose para un atentado. La respuesta: “Señoría, no exagere”.
  6. La Policía de la Generalidad determinó que aquello era un accidente doméstico. Al ser algo supuestamente de su competencia, y muy celosos de su presunta “autonomía”, no se permitió que los Tedax de la Guardia Civil “husmearan” entre los restos.

 

A la vista de todo lo anterior, y dando por sentado que individualmente los Mossos son tan profesionales como los de las FCSE, la conclusión cae por mera gravedad: allí se produjo, como mínimo, un horrible error de juicio.

 

Un error que, al ser posterior e inconcebiblemente mantenido, no produjo alerta extraordinaria ni refuerzo alguno de la seguridad en Cataluña por parte de la policía autonómica. Y así, alrededor de las 17.00 del día siguiente ―es decir, ¡18 horas más tarde!―, saltó la trágica sorpresa de la masacre de Barcelona. Entonces sí que se cayó en la cuenta de ese fabuloso error: la Policía de la Generalidad se “puso las pilas” y adoptó todo el rigor de una alerta de “riesgo alto”. De esa forma, un control montado por los Mossos pudo desbaratar casi plenamente la matanza que, hacia la medianoche de ese día, los criminales pretendían perpetrar en Cambrils”. 

 

Ante esos HECHOS irrefutables, resultó inicialmente inexplicable la inmediata y cerrada defensa que la jerarquía independentista (CUP incluida) hizo de una actuación de los Mossos muy mejorable. Pero a lo largo de los dos meses siguientes eso se aclaró, cuando la intentona secesionista dio la cara (golpe parlamentario de 6 y 7-S, referéndum ilegal  y fallido del 1-O y efímera DUI de 27-O). Estaba pues en preparación todo un programa de atentados contra la Constitución y el Estado de Derecho, para cuyo desarrollo se necesitaba imperiosamente contar con la pasividad, cuando no actividad cómplice, de los Mossos. Por eso los golpistas y medios afines pregonaron como éxito lo que había sido un gran y sangriento fracaso ―incluso hubo condecoraciones por medio―, para asegurar la “fidelidad” de la jerarquía policial autonómica a tal programa.

 

 

 

El gobierno de la Generalidad y la jerarquía de los Mossos despreciaron lo inolvidable: la policía autonómica, dentro de la ley, está al servicio de TODOS los catalanes y no solamente al de los independentistas. Por eso, entre otras razones, Forn (exconsejero de interior) está en el talego; y Trapero (exjefe de los Mossos, procesado por delitos de sedición y organización criminal, posiblemente lo estará pronto). Cada vez que se conoce un nuevo dato, tras el levantamiento parcial del sumario del caso, se refuerzan los hechos relatados y se fortalece mi convicción, expresada hace un año: “si la seguridad pública en Cataluña hubiera estado a cargo de la Guardia Civil, la matanza de la Rambla de Barcelona no se hubiera producido”.