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Aquella playa en la Ribera de Triana (II)

Arrabal de Triana. Arrabaleros trianeros. Me gustan las letras que ha inspirado. No tenemos nada que envidiarle al arrabal argentino.

El erotismo salvaje de los viejos de Triana, como el de Carmen la del Titi, que rememora las zarabandas prohibidas siglos atrás (so pena de destierro) y que se muestra en el documental Triana pura y pura. Y otras letras, “que me perdone Sevilla, dueña de mil maravillas, paraíso universal, donde se pone mi Triana, que se quite lo demás“. Personajes que transitaron como Carmen la de Triana, cigarrera de la calle Betis, que inspiró novelas y óperas; los amantes del Puente de Triana, Trini y Julián que enamorados y abrazados con fuerza se tiraron por el puente una tarde gris.

Allí los marineros, que atracaban en el muelle de las Delicias o en Tablada, contrataban los servicios de las cortesanas que vivían en chozas repartidas a lo largo del muelle.

Arrabal de Triana. Arrabaleros trianeros. Me gustan las letras que ha inspirado. No tenemos nada que envidiarle al arrabal argentino. Tenemos nuestras rutas del mar.  Y nuestras viejas cantinas, nuestras bodeguitas, esas que llaman a las almas que no tienen puerto. Mujeres bravas y ardientes, que pasean por el barrio más bravas mil veces que el mar y que el viento. Para mis manos tumbagas, pa´ mis caprichos monedas. Triana es honesta. Las letras del flamenco han dejado miles de historias de amor, desamor y otras perlas antológicas para la crueldad. “Soñé que la nieve ardía, soñé que el fuego nevaba, soñé que tu me querías mira que cosas soñaba” . El rock trianero y sus noches de amor desesperadas. Todo es de color. El rap y sus rezos. Soleares de Triana. Músicas del agua. De esas que pone Julio en Gladys Palmera. Playa de Sevilla.

La ribera que se extendía a ambas orillas del río. En la orilla derecha, la más alejada, la favorita de muchas prostitutas y homosexuales, que daban a la playa usos muy distintos a los de un bañista convencional (playa de la orilla izquierda). El Muelle de la Paja era el principal foco en esta zona. Allí los marineros, que atracaban en el muelle de las Delicias o en Tablada, contrataban los servicios de las cortesanas que vivían en chozas repartidas a lo largo del muelle. Como esa copla que canta Poveda “Vente conmigo y haremos una chocita en el campo y en ella nos meteremos”. Triana Puente y Aparte.

A las disputas, a la gresca, a los disturbios y a trifulca. De ahí el nombre de la playa de María Trifulca, aunque acabó teniendo mala reputación.

Rameras que cruzaban el puente de Alfonso XII, en busca de algún marinero perdido, mejor si era americano, a los que también lavaban sus ropas en el río después de copular. El río invitaba a todo, tumultos, confusiones, desórdenes, bullas y bullicios. Y a la jarana, al cisco, a la escandalera, al jaleo y al follón. A los guirigay, al escándalo, al pandemónium y a la pendencia. A las disputas, a la gresca, a los disturbios y a trifulca. De ahí el nombre de la playa de María Trifulca, aunque acabó teniendo mala reputación. Unos cuentan por las peleas, otros por una tal María, de carácter gruñón que frecuentaba una conocida casa de citas y que abrió un ventorrillo en la playa.

La esencia marinera de lo que fue. En la nostalgia, han abierto un restaurante con ese nombre y en breve otro concepto, en el Muelle de Nueva York.

Desde que me perdí, desde que te perdiste. En aquella Ribera de Triana. En esos charcos de problemas, de liosos, busca pleitos y desconcertados de mentes. Sin embargo, elijo a los “des-generados”, como etiquetó Johansen a los que buscan la esencia y la libertad creativa, a los que disfrutan de eso. Aquí te espero. Trans-amnen (más allá del río) con la fuerza de mis flaquezas.

Aquella ribera de Triana,  primera parte.