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‘Showpolitik’

Lola Alvarez / Opinión.- Aquí, la que suscribe, lo confiesa con toda honestidad: no me está gustando nada lo que estoy viendo en esta campaña. Siempre concebí la política como algo serio y esta especie de showpolitik que nos está rodeando en las últimas semanas, no me gusta ni un pelo. Se me ocurrió decirlo, alto y claro, en una charla de bar, con unos sociólogos callejeros, politólogos de mercadillo y marketineros de ocasión, mientras trasegábamos ideas y tapitas de lomo al rebufo navideño, y me montaron una que mejor ni les cuento. Que si esto es lo moderno, que si ayuda a dar otro aire a los candidatos, que si los acerca a la gente… no me convencieron.
Y es que, francamente, no sé a qué aspira nuestra clase política con estos shows que nos están montando a través de la caja tonta. No, no voy a recordarles los programas por los que hemos visto pasar, en las últimas semanas, a los candidatos a la presidencia del país, y a alguna de su equipo, montando los números más curiosos que jamás hubiéramos imaginado. Ahora resulta que para contarnos lo bueno que son en lo suyo – entiéndase, en hacer política, resolver los problemas del país – bailan, hacen zumos, cantan, dicen tacos, tocan la guitarra, lagrimean, cuentan chistes malos, parten queso, viajan en globo, beben cerveza, se cuelgan de un aerogenerador , juegan al billar y hasta se medio desnucan en una carrera de coches. Hacen de todo lo inimaginable, oiga, pero nada que nos diga, claro y por derecho, qué llevan en la cabeza para arreglar los muchos problemas a los que nos enfrentamos en este país nuestro que Dios guarde. Eso queda para los debates, dicen.

[blockquote style=”1″]Y allá van las teles, marchando una de debates adobados con promociones mas propias del “Sálvame” o del “Gran Hermano”, calificándolos con adjetivos tan grandilocuentes como falsos: “decisivo” “histórico” “único”.[/blockquote]

Y allá van las teles, marchando una de debates adobados con promociones mas propias del “Sálvame” o del “Gran Hermano”, calificándolos con adjetivos tan grandilocuentes como falsos: “decisivo” “histórico” “único”. Acostumbrados a la estética audiovisual del “Sálvame” – que no del “Salvados”- hay muchos que van y se lo creen.
Lo anotaba el otro día mi querida Kechu Aramburu, en su artículo de El Correo de Andalucía: “Algo poco decente está ocurriendo cuando nos tratan como público y no como pueblo”. Ay, Kechu, mucho me temo que hace ya tiempo que volvimos a llenar los graderíos del circo romano. La banalidad de la política le llaman.
Y es que el nivelito es de llorar. Mientras veía la otra noche el debate a 3+1, que montaron Antena 3 y la Sexta, repasé el currículo de los intervinientes. Más allá de sus carreras políticas ninguno/ninguna, tiene detrás un curriculum con el que avalar su capacidad para lo que pretende. Ya sé que más de uno me podría recordar a Ronald Reagan y su pedigrí de actor – malo- de Hollywood y mire usted donde llegó el cowboy. No me vale. Que lo hagan otros no justifica nada. Nunca compartí aquello del millón de moscas…
A estas alturas de la película, me temo que nadie está ganando nada y más bien estamos perdiendo un poco todos. El día 20, hablará el público.