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A Susana no le gustan las repreguntas de los periodistas

Las ultimas entrevistas electorales concedidas por la presidenta dejan en evidencia una política de comunicación con vetos.

La presidenta de la Junta de Andalucía y candidata de su partido a la reelección se prodiga en estos días concediendo declaraciones a través de entrevistas de lo más variado. Desde aparecer en un par de revistas de sociedad – Marie Clair y Vanity Fair– incluso con fotos de su intimidad familiar (por ejemplo ha enseñado el rostro de su hijo por vez primera) o en medios convencionales muy seleccionados por ella y sus asesores. A veces la figura del entrevistador le inspira más confianza que el medio, como ha sido el caso de Carlos Herrera en la Cope.

 

Susana Díaz ha posado para ‘Marie Claire’ con su hijo a la salida del cole y lo hace a cara descubierta, sin difuminar el rostro, tal cual sucede habitualmente con las Infantas e Infantes o hijos de altos mandatarios.

 

Especialmente llamativas han sido las entrevistas concedidas en los últimos días al periodista Juan Manuel Marqués Perales del Grupo Joly o a El Diario, realizada por su director Nacho Escolar y la directora en la edición andaluza Lucrecia Hevia.

Llaman la atención estas entrevistas porque la dirigente socialista no se ha prodigado en atender a los periodistas y sus demandas informativas en estos años. En eso imita bastante a sus predecesores, incluido el inaccesible Pepote Borbolla de la última etapa antes de que lo echara Alfonso Guerra. Su política de comunicación está basada en una constante y permanente protección ante preguntas incómodas sobre aquellos temas de los que no le conviene o no le gusta hablar. Para ello usa la tribuna del Parlamento que, gracias al rígido Reglamento de la cámara, le permite decir siempre la última palabra e incluso no contestar a lo que le pregunten desde los bancos de la oposición. Y si me apuran, insultar o atacar al diputado/a que pregunta, cosa que no estaría bien vista en el caso de periodistas. O también utiliza los medios de titularidad pública como Canal Sur donde Susana se siente tan cómoda como en su casa porque sabe, de antemano, que no le sorprenderán con ninguna pregunta incómoda o con mala leche. Las escasas veces que estos años ha concurrido a tertulias de ‘la nuestra’, los responsables del ente bien que se que han encargado de seleccionar esa mañana a los contertulios adecuados, evitando incómodas presencias de determinados periodistas y sus puntillosas preguntas.

Pero el problema que tiene la presidenta de la Junta con los periodistas no parece que se circunscriba solo a las preguntas no deseadas que, evidentemente, se le suelen plantear como mero trámite periodístico en la mayoría de los casos. El problema real de Díaz radica en las repreguntas que el periodista de turno se le ocurra lanzarle en aras a que el ciudadano tenga una mayor y más completa explicación a los temas que interesan.

 

Miedo a la repregunta

 

Esta misma mañana ha quedado más que en evidencia este tipo de comportamientos en la entrevista concedida a Carlos Alsina.

Alsina, posiblemente el mejor entrevistador que hoy tiene la radio en España, es de esos periodistas que se preparan a fondo una entrevista y en la que, no solo pregunta por aquellos temas de interés general, sino que conociendo al personaje sabe cuáles deben ser las repreguntas en función de las respuestas, casi siempre conocidas de antemano porque figuran en el manual de la candidata. Escuchando como la Sra. Díaz balbuceaba ante algunas de las aclaraciones que le pedía Alsina, se entendía mucho mejor el pánico escénico que la presidenta le tiene a las ruedas de prensa donde incontrolados periodistas, – a sueldo de vaya Ud. a saber de quien– pregunten a la presidenta con libertad, sin complejos y sin miedo a represalias desde las alturas de sus respectivas empresa. Llegados a este punto no se sabe lo que es peor, si comparecer ante los medios vía plasma como hacía el criticado Mariano Rajoy o escudarse en el boato y la parafernalia propia del cargo de presidenta de la Junta para ni siquiera responder a las reiteradas demandas de entrevistas que periodistas y medios le han venido realizando en estos años que lleva al frente de la Junta. Tampoco se recuerdan ruedas de prensa multitudinarias; ella es más partidaria de los inevitables canutazos en mitad de un tumulto de cámaras y micrófonos, o lo que es lo mismo, política de titulares.

No se sabe muy bien si porque estamos en precampaña o porque ha llegado al convencimiento la dirigente socialista de que no es de recibo su sectaria y selectiva política de comunicación, que hoy dio a entender que meditará cuando Alsina también le reprochaba la falta de respuesta a sus peticiones de entrevista en los últimos años.

Alsina sabia muy bien por qué la Sra Díaz ha tardado tanto en atender a la radio del grupo Atresmedia. En su cúpula ya no manda el comando que el PP incrustó en la emisora, liderado por Mauricio Casals, un hombre de Soraya y de los intereses en juego gracias, entre otros, al Canal Isabel II y a Ignacio Gonzalez.

 

Periodistas en las RRSS critican una política selectiva de comunicación

 

Las redes sociales han transmitido, a través de las cuentas de diversos periodistas andaluces, esa política de comparecencias controladas que sus asesores de comunicación ( y de los otros) le han aconsejado a Díaz que practique desde el gobierno.