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Un presidente ¡hasta los cojones!

Porque en ese Consejo de Ministros todo estalló por los aires, junto con la paciencia del Presidente.

“Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Esto lo soltó en pleno Consejo de Ministros del 9 de Junio de 1873 Estanislao Figueras y Moragas, primer Presidente del Gobierno durante la Primera República española. Dicho y hecho. Sin previo aviso, cogió un tren en la estación de Atocha y se fue rumbo a París. A la mañana siguiente, viendo que no se presentaba en el Ministerio, los ministros Francisco Pi y Margall (segundo Presidente del Gobierno de la República) y Emilio Castelar (el cuarto) ordenaron ir a buscarle a su casa. El personal del servicio fue claro: “El señor hizo la maleta anoche, y se fue a tomar un tren para Francia”.

Y es que nuestro protagonista no estaba de humor.

En estos tiempos de dimisiones exigidas y abundantemente practicadas para enmascarar en muchos casos auténtica cobardía e ineptitud, y aprovechando que los nostálgicos celebran el 14 de Abril -día de la proclamación de la Segunda República- como fecha señalada en el calendario de su liturgia particular, no está de más recordar este insólito, curioso y particular hecho de la Historia de España. Y es que nuestro protagonista no estaba de humor. La verdad es que en un país difícil de gobernar, a diferencia de la opinión del dictador Francisco Franco, había que tener los nervios de acero y saber muy bien donde se metía uno. No parece que este fuera el caso. Porque en ese Consejo de Ministros todo estalló por los aires, junto con la paciencia del Presidente. El 11 de Febrero de 1873 había dimitido el rey Amadeo I de Saboya, también, hasta las narices de todo aquello. Con dos guerras civiles abiertas, la Primera Guerra de Cuba (1868-1878) y la Segunda Guerra Carlista (1872-1876), periódicas insurrecciones republicanas y endémicos golpes de estado, la monarquía parlamentaria fruto de la Revolución Gloriosa de 1868 contra la monarquía liberal de Isabel II y consagrada en la Constitución de 1869 parecía tambalearse. El general Serrano, uno de los artífices de dicha revolución, había intentado del monarca la suspensión de las garantías constitucionales para atajar el creciente clima insurreccional, a lo que el rey se negó con aquél famoso “Mi, contrario”. Su impresión del panorama que se le presentó no pudo ser más clara: “No entiendo nada, esto es una jaula de locos”. Y cuando se fue, la proclamación de la República por las Cortes (ahora autodenominadas Asamblea Nacional) bajo la amenaza de insurrección de los republicanos federales de desatar una insurrección generalizada si no se hacía, no era presagio de que la cosa fuese a mejorar.

El Presidente de la Asamblea Nacional, Cristino Martos, dio un Golpe de Estado fallido el 8 de marzo ante la política del Ministro de Gobernación

El pobre Estanislao no podía empezar mejor su gobierno. Las conspiraciones monárquicas, la desbandada de los grandes hombres de negocios españoles, las huelgas continuas, las ocupaciones de tierras y la mala situación económica fueron factores que se añadieron a los que dieron al traste con la monarquía antecedente. Los republicanos federales, lejos de darse por vencidos, crearon sus propias juntas revolucionarias, no reconocieron al gobierno de Madrid, suspendieron ayuntamientos y se lanzaron a hacer la revolución por su cuenta. ¿Alguien daba más? Pues sí. El Presidente de la Asamblea Nacional, Cristino Martos, dio un Golpe de Estado fallido el 8 de marzo ante la política del Ministro de Gobernación, Pi y Margall, federalista también, de darles a estos cargos en los ayuntamientos y diputaciones para calmar sus ansias revolucionarias. Las calles se llenaron de soldados y en poco tiempo la suerte estuvo echada. No sirvió de nada. El 23 del mes siguiente lo intentó otra vez con el mismo resultado. Los golpistas huyeron y los republicanos federales cercaron el Congreso de los Diputados para linchar a los del Partido Radical, artífices de la intentona golpista.

Hay huidas que cuestan caras. Por no hablar de las incompetencias.

Y en esto de los golpes, no nos podía faltar la constante española de turno -pese a quien le pese-. El 12 de Febrero, el 21 del mismo mes y el 9 de Marzo ya se intentó proclamar unilateralmente el ‘Estado Catalán’ dentro de la República Federal Española (que entonces no existía como tal). En Mayo hubo elecciones a Cortes Constituyentes que no sirvieron para nada dada la abstención del 60% del electorado y la negativa de la mayoría de las fuerzas políticas importantes a participar, en los que han sido los comicios con menos participación de toda la Historia de España. Se impusieron los federales por mayoría aplastante con 343 escaños frente a 31. Este grave vicio constituyente no supuso un obstáculo para que el 8 de junio se proclamase una ‘República Federal’ que casi nadie apoyaba… fuera de los republicanos federalistas.

Jarro de agua fría para Estanislao Figueras, que ya cansado de todo el lío quería que el líder federalista fuese Presidente y quitarse de una vez de en medio.

Del galimatías de los debates parlamentarios, como bien señaló Benito Pérez Galdós, no se sacó nada útil. Los federales presionaron una vez más para hacerse con el Gobierno a la vez que se alejaron de su líder, Pi y Margall, por tibio. Desde luego, la proclamación de una república federal, lo que ellos buscaban en definitiva, no debió ser suficiente. Jarro de agua fría para Estanislao Figueras, que ya cansado de todo el lío quería que el líder federalista fuese Presidente y quitarse de una vez de en medio. A la vista del cariz que tomaban las cosas, no parece que fuese un planteamiento descabellado, sobretodo cuando los generales Contreras y Pierrad prepararon un Golpe de Estado (otro más) para hacerse con el poder y crear una República Federal al margen del gobierno republicano (¡). Al percatarse de la trama, temiendo por su vida, deprimido por la reciente muerte de su mujer y totalmente hasta los cojones, Estanislao Figueras marchó a Francia. Seguro que no era el único que deseaba hacerlo. El resto de la historia viene a confirmar que la huida del Presidente quizá estuviera justificada: un nuevo Golpe de Estado forzó el gobierno de Pi y Margall, bajo el cual se creó el Proyecto de Constitución Federal de 1873. Antes de que entrase siquiera en vigor estalló la Rebelión Cantonal (12 de Julio de 1873 – 13 de Enero de 1874), que sumió a España en una tercera guerra civil simultánea. Los republicanos federales instaron la creación de cantones autónomos, algunos de los cuales llegaron a declararse la guerra entre sí. Quedó para la imaginería imperecedera el Cantón de Cartagena.

Al percatarse de la trama, temiendo por su vida, deprimido por la reciente muerte de su mujer y totalmente hasta los cojones, Estanislao Figueras marchó a Francia.

Los que sí que debieron estas hasta los mismísimos fueron precisamente los que habían derribado el autoritarismo de Isabel II, lo que se manifestó -como no podía ser de otra manera- en el Golpe de Estado del general Pavía, capitán general de Madrid, que dio lugar a la Dictadura del general Serrano. Con Cánovas del Castillo operando entre bambalinas para la Restauración monárquica encarnada en Alfonso XII, hijo de la denostada Isabel II, el último clavo en el ataúd de la República fue el Pronunciamiento Militar del general Arsenio Martínez Campos en Sagunto el 29 de Diciembre de 1874 a favor de la Monarquía Alfonsina. ¿Y nuestro huidizo Presidente? Regresó a España como una figura política muerta para fallecer en Madrid en 1882, en medio de polémicas y luchas que envolvieron igualmente a Pi y Margall y a Nicolás Salmerón, tercer Presidente del Gobierno de la República.

Después de 11 meses de República, que fue lo que duró esta etapa, España retornaba al orden por una vía parlamentaria aunque autoritaria y corrupta. Hay huidas que cuestan caras. Por no hablar de las incompetencias. Y las de los que tuvieron que ser líderes de la naciente democracia fue mortal. Lección que captamos al vuelo para los tiempos que corren. No vaya a ser que quienes acabemos hasta los cojones seamos los ciudadanos.