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“Blas Fraidei”

¿Ves hombre? Si al final no somos tan diferentes. Nacidos, amamantados y adoctrinados en la sociedad de consumo.

Un viernes por la tarde, la última semana de noviembre en un parque comercial del extraradio:

Eufragio: ¿Qué hay Jeremías? ¿cómo va la conspiración mundial?, jajaja…

 

Jeremías: Buena pregunta, ¿cómo llevas tu la pleitesía al Nuevo Orden?

 

Eufragio: ¡Buenooo!, ya veo ya, donde las dan las toman… Aunque puedo comprobar que no mucho peor que tú, ya te hacia en algún lugar recóndito en un lejano bosque ¡comiendo raíces y asando sapos! Pero mira, aquí estás con la plebe, jajajaja …

 

Jeremías: Tiempo al tiempo…

 

Eufragio: ¿Y de momento qué?. ¿A disfrutar como el resto del rebaño del consumo desbocado, no?

 

Jeremías: Eso parece, había una buena oferta y no he podido resistir la jodida tentación de acudir al “redil”.

 

Eufragio: ¿Ves hombre? Si al final no somos tan diferentes. Nacidos, amamantados y adoctrinados en la sociedad de consumo.

 

Jeremías: En realidad sí que somos ligeramente diferentes, yo vengo a cubrir una necesidad básica e intento hacerlo al mínimo coste posible, después de todo, como bien has dicho, una vez que emprenda mi viaje de no retorno hacia el bosque, descalzo no iré. ¿Y a ti que te trae por aquí?.

 

Eufragio: Pues mira, mi visita al centro comercial es puramente de cazador de “gangas”, si veo algo que me guste y está a buen precio, pues a la saca.

 

Jeremías: Así sin más, sin anestesia. Un objeto más en casa apilado, sólo por el hecho de presentar buen precio y disfrazarse de oportunidad al considerarlo desde una visión simplista de la utilidad maximizada. Touché!

 

Eufragio: ¡Buahhh!, ya estamos con la palabrejas, “utilidad maximizada”, no sé a qué te refieres.

 

Jeremías: Si entendemos utilidad como la satisfacción que reporta el consumo de un producto y además en tu caso, lo haces por un precio por debajo del valor que subjetivamente le atribuyes al mismo, ya has alcanzado la utilidad maximizada.

 

Eufragio: Suena muy bien, pero entonces lo de ¿”visión simplista”?, eso que es, una “muestra de estima” hacia mi persona, ¿o qué?.

 

Jeremías: La visión simplista se basa en la subjetivización distorsionada del valor que le transfieres a tal objeto, ya que realmente no existe una auténtica necesidad vital que avale su adquisición. Tan sólo experimentas cierta satisfacción efímera a nivel de ego, por haber conseguido lo que a tu juicio se trata de una “oportunidad”, una buena compra, una acción económica racional e inteligente, vamos.

 

Eufragio: Luego estás diciendo que en realidad esa “ganga” no es para nada necesaria y realmente no aporta valor alguno, salvo el hedonismo experimentado por supuestamente haber realizado una transacción validada socialmente como inteligente o audaz, en términos de oportunidad de mercado. ¿Te refieres a eso?

 

Jeremías: Literalmente. Esa supuesta “ganga” a largo plazo, e incluso a corto plazo, no será más que un estorbo en el ya de por sí limitado espacio de tu hogar. Como diría Tyler Durden: “tenemos trabajos que odiamos para comprar mierdas que no necesitamos”.

 

Eufragio: Bueno, siempre puedo revenderla tras haberla disfrutado. Si todos pensásemos como tú, los negocios se irían al carajo, todo se derrumbaría. Es cierto que la mayoría de productos que consumimos en el primer mundo, no cubren una sola necesidad básica, pero contribuyen a estimular el flujo circular de la renta. Si te fijas, el centro comercial está “vivo”, se genera dinamismo social y económico, ¿que sería de todas la personas que trabajan aquí si dejásemos de comprar?, ¿qué ocurriría con todos los empleos asociados a la industria?. El consumo o gasto de unos es el trabajo o ingreso de otros y viceversa, siendo todos agentes del proceso al mismo tiempo e intercambiando dichos roles de forma cotidiana. Nuestro modelo de sociedad se estructura en base al consumo y por lo tanto, todo lo demás, incluidos los valores personales, actitudes y comportamientos, están supeditados a la búsqueda del bienestar personal a través del disfrute de servicios y la adquisición de bienes materiales. No hay más. En mi opinión, quizá no vivimos en un tipo de sociedad “utópica”, pero sí que lo hacemos en la mejor alternativa de realidad posible.

 

Jeremías: Como siempre nuestras opiniones son antagónicas, para mí la actual decadencia social comienza con la supeditación de la que hablas, la que reniega de los valores elevados y principios tradicionales atemporales, relegándolos a un segundo plano en favor de todo aquello que es superfluo, accesorio y material. A todo esto, al final como ya te darías cuenta, no te agregué al Facebook. Tras meditar y valorar lo que realmente las redes sociales estaban aportando a mi vida, tomé la saludable decisión de eliminar la cuenta. Ya te contaré, aunque prefiero hacerlo por carta o paloma mensajera, … Me tengo que ir, buena suerte con las “gangas”.

 

Eufragio: ¡Hasta otra! Ciao