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Espejito encantado

No quiero reflejar más el rostro de la hipocresía, del oportunismo, la tez de la altanería y deslealtad.

 Espejito, espejito, ¿quién es la más poderosa del reino?

“Tú mi señora, eres tan poderosa que con tu sola presencia el propio tiempo se quiebra. El Sol despierta de la larga noche para lucir brillante a tus pies, haciendo el amanecer más hermoso cuando tu sonrisa desvela los suaves surcos de tu rostro”.

Espejito, espejito, ¿quién es la más inteligente del reino?

“Tú mi señora, de tu ingenio se ha escrito innumerable prosa. Versos de lirismo infinito ensalzan tus gestas, siempre omnipresentes, como suave brisa marina de eterna primavera”

Espejito, espejito ¿quién es la más querida del reino?

“Tú mi señora, no alcanza otra persona en la faz de la tierra a ser más respetada y admirada. Las propias lagrimas llorarían si alguien osase rebelarse en armas, la luz se desvanecería en la sempiterna oscuridad, si una sola palabra discordante se alzase en tu contra”

 Espejito, espejito ¿quién es la más bondadosa del reino?

“Tú mi señora, los pajaritos cantan y las nubes se levantan, cuando tu mirada cálida se posa sobre ser desvalido. Los niños entonan cantares y los animalitos construyen verdes altares. En tu favor, los bosques, ríos, mares y montañas tejen cual tela de araña”.

Muy bien espejito, eres el más fiel de los caudillos y el más honesto amigo. ¡Qué haría yo sin ti! Hasta mañana espejito.

(Rato después, el espejito en la soledad de la alcoba…)

¡Triste vida la mía! ¡Deseo perecer en mil pedazos! A veces lo vislumbro, cristales rotos desparramados por el suelo, ese sería un digno final para liberarme de este infierno. No quiero reflejar más el rostro de la hipocresía, del oportunismo, la tez de la altanería y deslealtad. Cada mañana debo aguantar esta tortura una y otra vez, ¡no puedo más!.

Estoy harto de la constante amalgama de frases artificiosas y vacías.

Ya sé que no es del todo culpa suya, al fin y al cabo no es más que un reflejo, el lánguido reflejo de una sociedad enfermizamente decadente, si no es ella, otro ser vanidoso y sediento de poder prolongará mi penuria. ¡Oh mundo cruel!, ¡es la hora!, debo acabar con este suplicio, al alba del día venidero, cuando me pregunte una vez más, le diré, con la esperanza de verme hecho añicos….

“No eres más que un ser humano, no hay nada de divino en ti, porque la divinidad es pura como la blanca nieve en el ocaso invernal, tampoco eres tan inteligente como crees, porque si lo fueses, no deberías haber sobrevalorado tus capacidades y sobre todo, habrías prescindido de mi constante adulación en tu intento a la desesperada de mantener tu maltrecho autoestima blindado de las hostilidades de la corte. Pero lo más dramático, lo más sangrante de todo, es que no eres querida, aún siendo el fiel reflejo de una sociedad cada vez más degradada, es tu soberbia la que precederá a tu caída”.