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No vuelvas a ser candidato, Mariano

Las últimas confesiones de Correa, el Bigotes y otros implicados en el “Caso Gürtel” retratan a un Partido Popular podrido por la corrupción y con sus entrañas éticas hechas trizas, que no está preparado para gobernar un país como España, dramáticamente necesitado de un proceso de regeneración. La podredumbre que reflejan los escándalos juzgados es tan intensa que el partido hasta podría ser inhabilitado por la Justicia para ejercer el gobierno.

El elevado nivel de contaminación ética en el PP indica al menos que Mariano Rajoy está amortizado como presidente del gobierno de España. Su época ha pasado y él debe facilitar el relevo porque perpetuarse en el poder ni es democrático, ni decente. Su desprestigio como líder de una formación seriamente dañada por la corrupción y sus recientes fracasos en el tema catalán, donde ha cometido errores de manual, impropios de un político experimentado, como el fracaso al impedir el referéndum del 1 de octubre, la gestión de la crisis, haber permitido que Puigdemont se escape a Bélgica desde donde se ha convertido en un flagelo para España, la aplicación light del artículo 155 y haber logrado que su partido fuera derrotado estruendosamente en las urnas catalanas, aconsejan que no vuelva a presentarse como candidato y que de por finalizada su carrera política.

En términos técnicos, su imagen está definitivamente deteriorada y ya resulta imposible de regenerar, dada la intensidad y profundidad de sus vínculos con la corrupción, la mentira, el incumplimiento de sus promesas y su pasividad.

Aunque los expertos creen que, a pesar de su deterioro como político y de los muchos errores acumulados, Rajoy podría ganar de nuevo las elecciones, dado el serio deterioro del PSOE y la escasa solvencia de las otras opciones, Rajoy debería dar un paso atrás y en lugar de competir como “el menos malo” de los candidatos, dejar sitio a un nuevo equipo que pueda presentarse ante la ciudadanía española con un historial político limpio.

La principal razón para que se retire pronto es el profundo deterioro de su imagen, que él, a pesar del relativo éxito económico y de su creciente brillantez como parlamentario, no ha podido limpiar. Su perfil como político está inevitablemente dañado hasta para sus votantes más fieles, muchos de los cuales lo votan con la nariz tapada y porque creen que es el menos malo.

En términos técnicos, su imagen está definitivamente deteriorada y ya resulta imposible de regenerar, dada la intensidad y profundidad de sus vínculos con la corrupción, la mentira, el incumplimiento de sus promesas y su pasividad y cobardía ante los problemas y desafíos.

A pesar de las muchas y sólidas razones que aconsejan su retirada, él quiere seguir presidiendo su partido y el gobierno de España, convirtiéndose en un obstáculo serio para la necesaria regeneración de la política y la nación española.

No te presentes, Rajoy. Hazlo por salud democrática. Recuerda como José María Aznar renunció voluntariamente a presentarse para un tercer mandato y mira también cómo en numerosos países del mundo existe la limitación de mandatos que aconsejan la democracia, la experiencia y la comprobada veracidad de la sentencia “El poder corrompe”.