Confidencial Andaluz

Un policía en el PSOE

Un policía en el PSOE
21:02 | 17 de mayo, 2017
Jose Manuel Sanchez Fornet

Jose Manuel Sanchez Fornet*

Conozco las reglas del juego de la democracia y en mi profesión, la que nunca habría tenido en ningún régimen que no fuera la democracia. Ser policía es ser el brazo armado del Estado, cumplir las leyes y las ordenes legítimas emanadas por conducto reglamentario de los mandos y responsables políticos, y servir y proteger a la ciudadanía. Siempre he cumplido con esa obligación cuando he actuado como policía y en todos mis años de dirigente y liberado sindical (28 años como vocal del Consejo de Policía y en el mismo periodo, más de 20 como secretario general y uno como presidente de honor del sindicato policial mayoritario).

 

Si la mayoría decide que sea Susana Díaz quien dirija los designios de la organización abandonaré el partido para no volver nunca más.

 

Desprecio a esos policías presuntamente apolíticos que con sus palabras y hechos evidencian su ignorancia que son dignos miembros de una policía sectaria, endogámica, politizada y que nunca han aprendido a trabajar en democracia. Esos que nunca han levantado la voz contra los dictadores y los corruptos pero veían diablos si un compañero confesaba sus simpatías por el PCE (era el enemigo en los primeros años de la transición), rol este de enemigo de la Patria que ahora desempeña Podemos.

 

En Alemania, tras el último atentado, la Policía hizo uso de una disposición legal explicando que durante una semana y en una determinada zona, cualquier ciudadano podría ser identificado.

 

Es fácil ser policía en España en este momento si eres conservador, obediente (cumpliendo órdenes aunque sea extralimitándote en el ejercicio del cargo), religioso, y si aplicas el principio, inculcado en las academias de todos los Cuerpos, del principio de Autoridad sobre el de servidor público con empatía ante la ciudadanía, que no está reñido con la firmeza frente al delincuente. Los planes operativos exigen determinado número de identificaciones (en contra de la  sentencia del T. Supremo que legalizó la ley 1/92, que fija como requisitos para identificar a una persona en la vía pública que sea sospechosa de haber cometido un delito o de que puede cometerlo), con lo que las actuaciones ilegales son por orden de servicio. En Alemania, tras el último atentado, la Policía hizo uso de una disposición legal explicando que durante una semana y en una determinada zona, cualquier ciudadano podría ser identificado. Esa disposición la ampliaron una semana y después, vuelta a la normalidad. Como en toda Europa. Aquí cualquier policía puede identificar a 5, 10 o 50 personas a capricho, además de recibir órdenes expresas para hacerlo pudiendo ver reducido su salario si no lo hace. Yo siempre me opuse y mi sindicato, mientras lo dirigí, también.

 

He pretendido siempre ser un policía que cumpliera los principios básicos de actuación de la ley 2/86 y de la Constitución, emanados de lo que para mí es la norma más importante que existe en la Humanidad, y que debería servir para articular la convivencia, que es la Resolución 217 A (III), Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, texto votado por la mayoría de representantes de gobiernos de toda ideología y religión, y que sin embargo, defenderlo en la Policía española desde que ingresé, en 1980, era prueba de ser “rojo”. Un poli “rojo” que decían mis enemigos, y que a mí nunca me ha ofendido porque nunca he negado mis ideas.

 

Ingresé en la Policía en enero de 1980 (el mismo día que cumplía 21 años), me afilié a un sindicato clandestino en 1982 y al PSOE poco después (ambas cosas eran ilegales en ese momento), porque las cosas no avanzaban ni al ritmo ni en la línea que yo consideraba era posible hacerlo respecto a un modelo policial eficiente y a un perfil de policía con empatía y formación para cumplir los mandatos constitucionales.

 

Lo poco que se había avanzado en lograr un perfil de policía adecuado para una democracia (a pesar del GAL, Fondos Reservados y otras prácticas corruptas), se acabó con Corcuera.

 

En 1991 abandoné el PSOE tras la “operación Columna” y los ingresos en cárceles y psiquiátricos de miembros del clandestino Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC) tras una monumental bronca con Corcuera ante otros miembros de la dirección nacional del sindicato (en esa fecha era secretario de organización nacional). Lo poco que se había avanzado en lograr un perfil de policía adecuado para una democracia (a pesar del GAL, Fondos Reservados y otras prácticas corruptas), se acabó con Corcuera. Con él llegó el proceso de involución que sigue existiendo hoy, que ha tenido algunos periodos de parones sin retrocesos pero esta policía está a años luz de la que existía en 1990. Nada ha ido a mejor desde la perspectiva de la protección y respeto de los derechos de la ciudadanía. Se manipulan estadísticas, se dejan sin atender miles de llamadas al 091 porque el personal se ha distribuido para que los mandos tengan más puestos de catálogo (más dinero) pero detrayéndose del 091, servicio esencial y la joya de la corona de la Policía; la obediencia ciega, el corporativismo que lleva a proteger a delincuentes, la ausencia de derechos profesionales, concesión de recompensas, ascensos manipulados, nombramientos por amiguismo político… y un largo etcétera que no son el motivo de este artículo y que podrían llevar varios folios.

 

En el año 2000 el PSOE me pidió que participara en la elaboración de su programa electoral en el área de Interior y lo hice. Y en el año 2004, también. Cabe decir que nada de lo que se dice en esos programas respecto a reconocimiento de derechos en la Policía y la Guardia Civil y respeto de los derechos civiles de la ciudadanía se cumple. Se redactan con fórmulas de literatura política que desde el primer momento ya se sabe que no van a cumplir. Conocí ahí a socialistas honrado/as que luego ocuparon cargos en el Consejo de Ministros, como la ministra de vivienda entre 2004-2007 con Zapatero, política coherente y cuyas propuestas, que fueron muy controvertidas en aquel tiempo, empezaron a verse como muy positivas poco tiempo después, María Antonio Trujillo; o Juan Fernando López Aguilar, a quien después siendo ya ministro denunciamos por hacer lo que hicieron antes otros ministros, después Soria, y hoy siguen haciendo todos, que es disponer de los vehículos de protección ciudadana, los que atienden las llamadas al 091, cuando visitan su tierra dejando sin seguridad a la ciudadanía y sin que nunca nadie haya entendido que la seguridad de la ciudadanía es prioritaria sobre la pompa y el boato del ministro que además lleva escolta personal.

 

En el año 2000 el PSOE me pidió que participara en la elaboración de su programa electoral en el área de Interior y lo hice. Y en el año 2004, también.

 

 

Recuerdo que causé baja en el PSOE en 1991 mediante carta al ministro Corcuera y a Ferraz, señalando que mi idea de socialismo no era lo que ellos hacían contra los guardias civiles demócratas (vi a varios con el mismo tic nervioso en el cuello que les movía involuntariamente la cabeza, tras pasar por prisiones y psiquiátricos), y tras esa carta tuve acumulados hasta cinco expedientes disciplinarios (la historia se repitió desde 2012 hasta hoy, tras negarme a retirar la denuncia del ático, acumulando cuatro, uno todavía pendiente, y con el sindicato implicado huyendo por los cerros de Úbeda), y en ambos casos seguí apoyando, como decía mi conciencia y los mandatos de congresos de mi organización, la desmilitarización de la Guardia Civil y la denuncia contra políticos corruptos por muy poderosos e impunes que se creyeran.

 

La historia se repitió desde 2012 hasta hoy, tras negarme a retirar la denuncia del ático, acumulando cuatro, uno todavía pendiente, y con el sindicato implicado huyendo por los cerros de Úbeda.

 

 

Conocí a ZP en 1995, cuando era ponente de la ley de segunda actividad para la Policía (una buena ley hecha con nuestras propuestas). Al llegar al Gobierno en 2004, a los pocos meses, Zapatero dijo a Segundo Martínez, comisario principal nombrado director general de Seguridad en Moncloa, que tenía un amigo en la Policía y que me invitara a café. Segundo así lo hizo y yo, que lo tengo por hombre recto, desde el primer día le pedí al presidente que estuviera presente en los distintos cafés que se sucedieron. En Moncloa presencié por casualidad una escena de dolor de la esposa de Zapatero. Cuando llegué a la sede envié en nombre del sindicato un ramo de flores a ella y me afilié de nuevo al PSOE como forma de combatir a quienes chapoteaban en la sangre de las víctimas. Eran los tiempos en que la extrema derecha y el PP realizaba los escraches a ZP sin importarles si sonaba el himno de España o el himno a los caídos.

 

Los cafés acabaron cuando Rubalcaba llegó al ministerio porque quería control absoluto de las relaciones. Pasado un tiempo, cuando el ministro de Interior dijo que íbamos a ir a Moncloa a tomar café con el presidente me negué. Dado que el ministro había sido capaz de impedir que el presidente tomara café con un amigo y tenía capacidad política para tomar todas las decisiones que afectaban a Interior, ya no eran necesarios porque serían en otra condición. Los cafés pasamos a tomarlos en el despacho de Rubalcaba, del que he de decir que es el mejor amigo como amigo y el peor enemigo como enemigo; no explicaré intervenciones telefónicas ilegales contra mí que un comisario borracho, alto cargo, dijo que eran por encargo del ministro (porque es posible que fuera mentira), pero sí recordaré siempre que gracias a Rubalcaba al menos doce familias de policías honrados injustamente condenados fueron indultados. Todos injustamente condenados y justamente indultados.

 

Los cafés pasamos a tomarlos en el despacho de Rubalcaba, del que he de decir que es el mejor amigo como amigo y el peor enemigo como enemigo.

 

 

Y todo esto viene a cuento para explicar que, tras doce años afiliado de nuevo al PSOE (aunque he sido poco o nada de asistir a actos políticos porque estaba ocupado en lo mío) el próximo domingo 21 de mayo voy a ir a votar y voy a votar a Pedro Sánchez. Siento también respeto por Patxi López, pero creo que la única ocasión en que los militantes pueden ganar el pulso a las élites y la Casta política instalada en este partido es que el secretario general sea Pedro Sánchez.

 

Si la mayoría decide que sea Susana Díaz quien dirija los designios de la organización abandonaré el partido para no volver nunca más. Ser socialistas es ser de izquierdas, y lo que evidencia el PSOE andaluz en sus 38 años en el Gobierno es, o que las políticas socialistas han fracasado, o que no se han aplicado nunca, porque Andalucía sigue en la cola de España en todos los medidores de bienestar y prosperidad, y a la cabeza en paro, pobreza y miseria. Yo creo que han sobrado dispendios, empresas, enchufes y señoritos pijorrojos y han faltado políticas socialistas que contribuyan a reducir la desigualdad. Que la Duquesa de Alba, con sus fincas improductivas y millones de euros de financiación de la UE fuese reconocida por la Junta en 2006 (Manuel Chaves) como Hija Predilecta de Andalucía, a la vez que se incumplía la promesa de mejorar la sanidad (estuve en un hospital en Granada con mi padre, con un baño compartido para dos habitaciones con seis personas en cada una de ellas), son hechos irrefutables que nadie, con mentiras, discursos o demagogia podrá cambiar. Un PSOE de izquierdas, por eso voy a votar el día 21 porque creo que es como mejor se puede ayudar a la gente que más lo necesita. La Policía es mi profesión y el uniforme no es un burka mental, me importa lo que le pasa a la gente y por ello opino y actúo en consecuencia como ciudadano.

 

*José Manuel Sánchez Fornet es  Policia. Ex Secretario General del SUP. Portavoz del Observatorio contra la Corrupción.

@sanchezfornet

 

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