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Cuando escucho a Wagner me dan ganas de invadir Groenlandia

La ignorancia como capital político y la deriva autoritaria de un capitalismo cada vez más incompatible con la democracia.

“Cuando escucho a Wagner más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, dice Woody Allen en la película Misterioso asesinato en Manhattan. Sin embargo, Wagner ya no es necesario, los impulsos emocionales tienen hoy unos artefactos íntimos más rudimentarios, ya que padecemos un tiempo en el que ser malintencionado, perverso, cruel e inmoral es loable como en otros tiempos oscuros pero en este caso sin Wagner. Ser ignorante en la actualidad puede dar buenos réditos en términos políticos. Para Donald Trump, por ejemplo, la ignorancia ha sido una ventaja. Muchos de sus partidarios se identifican con él por su falta de conocimiento y su poco pudor al respecto, sin importar que sea un líder político que atenta contra los derechos de cualquier comunidad que no sea la de los súper ricos norteamericanos. Es lo que se ha llamado en psicología el efecto Dunning-Kruger: personas que creen saber más de lo que en realidad saben. Cuanto menos conocen del tema más seguras parecen estar en sus declaraciones. Con la ignorancia en el poder, estamos condenados a repetir una y otra vez los mismos errores. Lamentablemente, como acertadamente señaló Bertrand Russell: “El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”.

Decía Borges de las novelas de Faulkner que no sabemos qué ocurre en ellas, pero sí sabemos que lo que sucede es terrible. Vivimos hoy en esa paradoja que Galbraith diagnosticó hace más de cuarenta años como “era de la incertidumbre”, donde los éxitos del sistema de mercado en la economía se compadecen con la inestabilidad, la ineficiencia y la inequidad social. Es la consecuencia de una fase del capitalismo que ha dejado mucha gente desconcertada y desamparada que busca reconocimiento desesperadamente.

El fenómeno Trump representa de una forma muy plástica un ciclo ascendente de vertebración estructural del neoliberalismo en una inmersión autoritaria que trasciende a la caricatura de una individualidad soberbia y alocada. Los ciudadanos de la democracia más antigua del mundo han visto profanar sus símbolos por individuos que se sienten excluidos y buscan su redención en el autoritarismo y la ira.

La metafísica posmoderna con el final de las grandes narraciones, es decir, las ideologías emancipadoras y la desaparición de la historia –no es posible cambiar la historia si como tal no existe- ha supuesto un capitalismo cada vez más incompatible con la democracia, suplantada por patriotismos neofascistas excluyentes y beligerantes con la otredad. Ciudadanos a los que la dinámica del capitalismo posmoderno les arroja a la marginalidad, sin tener conciencia del origen de sus quebrantos sociales y económicos por ser propicios  al consumo de mentiras, teorías conspirativas y resentimientos.

Es una vertebración estructural de la política que amiseria la vida pública hasta el delirio de la gusanera. “Sigan al dinero” les recomendó William Mark Felt (Garganta Profunda) a los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein en el caso Watergate. Trump y sus amigos multimillonarios no hacen política sino negocios. Con Donald Trump se está produciendo un verdadero cambio de paradigma. Ya no es el capitalismo financiero vigente desde los años ochenta el que domina. Ya no son las grandes instituciones de Wall Street, como Goldman Sachs y JPMorgan, ni los poderosos industriales como Bechtel, quienes envían a algunos de sus dirigentes a puestos ejecutivos clave sino que estamos asistiendo al nacimiento de una plutocracia dominada por multimillonarios independientes, que trabajan únicamente para sus propios intereses. En todas partes, los súper ricos tienen la misión de destruir el “Estado profundo”, el que en la retórica de Trump se interpone en el camino de la verdadera democracia. Ello constituye un capitalismo de rentas y depredación, en el que todos se han aprovechado de los defectos del sistema para construir posiciones inexpugnables. Sus artífices comparten la misma visión de un mundo sin democracia que les permita actuar y prosperar sin trabas.