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3ª Etapa, 7 de febrero de 2026: Paco del Cañuelo

Del horror del río de la Miel y el Molino de Papel a las fosas en caleras señaladas por un testigo de 94 años: la memoria sigue apareciendo al borde del camino.

 

Compañer@s, en primer lugar, disculparme por algunos errores de bulto en las anteriores crónicas. La más evidente el poner el año 2025, en vez de 2026. Más me dolió no subtitular la crónica de ayer. Siempre pongo algún subtítulo a la etapa y la de ayer era “María Villalón y Franto Ojeda”, por su testimonio de descendientes de refugiados de guerra y por la preciosa canción, cuya letra han compuesto, en recuerdo de la Desbandá. En mi descargo, tened en cuenta que soy un marchista más, y tengo que escribir las crónicas una vez que se acaba el día, y estamos algo cansad@s.

El proyecto de marcha de hoy era muy bonito. Andar hasta Almuñécar, seguir luego en autobús hasta Salobreña, donde pernoctábamos en el Polideportivo más cómodo que conocemos, y en el que además podíamos pernoctar mañana también. Es un gran alivio, cuando se repite dos noches en el mismo lugar, al no tener que recoger todos los bártulos, cargarlos en el camión, para volver a descargar al día siguiente e instalarte en un nuevo sitio.

Todo esto se ha suspendido. Al haber alerta naranja en la comarca de Almuñécar, Salobreña y Motril, no tenemos autorización, ni de usar el polideportivo, ni de hacer el homenaje a la Desbandá el domingo, por riesgo de desbordamiento del río Guadalfeo.

Así, esta noche no teníamos donde dormir, aunque en esta situación, el Ayuntamiento de Nerja, nos ha brindado la posibilidad de volver a pernoctar esta noche y mañana domingo, otra vez en Nerja, gesto que lo honra y que debemos agradecer desde la Asociación de la Desbandá.

Finalmente, hoy hemos iniciado la marcha hacia Almuñécar, hemos andado unos 13km, en condiciones similares a las de ayer, con lluvia intermitente, y antes de llegar a Cerro Gordo, que es la elevación montañosa del límite oeste de Almuñécar, nos hemos vuelto otra vez a Nerja.

Desgraciadamente, la marcha de mañana se ha suspendido junto a todos los actos organizados. Alternativamente, esta tarde tendremos una Asamblea donde se va a explicar la marcha que se hace desde Barcelona a la frontera francesa en recuerdo de la retirada de más de medio millón de personas de Cataluña, junto a las de otras partes del estado, a comienzos de 1939, ante la inminente caída de Barcelona.

Para mañana, también se ha organizado un acto por la mañana, con las personas supervivientes de la Desbandá, e hij@s del exilio que nos acompañan, y por la tarde, la proyección del documental de Mauthausen, “Memoria de las cenizas” y la entrega de premios de relatos cortos y poesía, Manuel Luque Gálvez (alias Pita), que se celebra por segundo año. Confiamos, que el lunes podremos reanudar nuestra marcha, que sería desde Motril hasta Castell de Ferro.

Esta mañana, hemos participado en la marcha, 150 hombres y 143 mujeres. Hemos hecho tres paradas. La primera en el Puente Viejo del barranco de Maro, lugar de Memoria Histórica. El compañero Pepe Montes ha leído el documento que explica el porqué de su designación de Memoria, y específicamente, porque por allí pasaron decenas de miles de personas, siendo hostigadas por las fuerzas de aviación y barcos de guerra de las fuerzas fascistas.

La segunda ha sido en el barranco de la Miel, otra zona más adelante, todavía en la provincia de Málaga, donde la sierra de la Almijara baja hasta el mar. Allí, el compañero Nacho, nos ha leído el testimonio de José Ginés, un cabo republicano, de 23 años, natural de Cuevas de San Marcos y de ideas socialistas. En su relato Ginés cuenta que el 7 de febrero estuvo todo el día defendiendo Málaga, por las alturas del monte Coronado, hasta que dieron la orden de retirada. Él salió el día 8 de Málaga, cuando todavía sonaban disparos en la ciudad y estaban entrando por la calle Cuarteles, tropas del ejército de África, con mercenarios marroquíes y legionarios.

Con varios compañeros, salió huyendo hacia Almería, pero evitando la carretera, yendo campo a través por la zona de montaña. A la altura del río de la Miel, con la sed apretando, bajaron a beber al cauce del rio, cerca del Molino de Papel. Lo que allí vieron fue horroroso. Mientras las gentes pasaban por la estrecha carretera, presa entre el mar y la montaña, los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera, disparaban contra las paredes de piedra para que los desprendimientos aplastaran a la multitud. El ataque era combinado con cinco aviones en formación de ataque descargando su fuego sobre el barranco. Cuando el ataque cesó y José bajó a la carretera, consideró que era una escena solo imaginable, viéndola. Personas muertas, heridas, destrozadas con porciones de cuerpo repartidas por la carretera, una bacanal de sangre, mientras niños y niñas de corta edad, lloraban al filo de la carretera porque se habían perdido de sus mayores, mientras miles de personas continuaban presurosas su marcha huyendo de la muerte.

Para José Ginés, que logró llegar a Almería y sobrevivir al final de la guerra, lo ocurrido en el Río de la Miel, fue un crimen de guerra contra la población civil.

Tras la ocupación de la zona por las tropas fascistas, el edificio del Molino de Papel, que lo fabricaba aprovechando la energía del agua, y que data del siglo XVIII, no recuperó su actividad industrial. Lo convirtieron en un centro de detención y tortura.

Curiosamente, una compañera joven que forma parte de l@s voluntari@s que van por los institutos, acompañando a sobrevivientes y hij@s del exilio, en un actividad paralela a la marcha que hacemos, ha sentido que su percepción de que el Molino de papel, tenía un pasado siniestro, había sido acertada.

Esta compañera se llama Ana Jiménez, y viene de Jimena de la Frontera, pueblo cercano a la Sauceda. Esa zona, y la conocida como el cortijo de El Marrufo, fue la última que resistió en Cádiz, la ofensiva del ejército fascista que había desembarcado en Algeciras. Una vez conquistada la zona, el cortijo se convirtió en un lugar de ejecuciones casi diarias, desde noviembre del 36 a febrero del 37, donde se cree que asesinaron a unas 600 personas, y donde las mujeres eran habitualmente violadas, antes de ser fusiladas.

En la Sauceda, hay un centro de Memoria Histórica muy importante. El centro, a su vez promovió un panteón donde están identificados restos de las personas allí fusiladas. En una visita al panteón, Ana Jiménez, leyó el nombre de Jacinto Garcés, lo que le llamó mucho su atención, ya que solamente conocía un apellido Garcés, que era el de su abuela. Efectivamente, su abuela le confirmó que Jacinto Garcés era su abuelo que lo habían fusilado. O sea era el abuelo de su abuela, por eso la madre de Ana, ya había perdido el apellido Garcés, pero Ana, había percibido que ese nombre, era de alguien cercano a ella.

Lo mismo le pasó con el Molino de Papel. El pasado verano, de vacaciones con su novio en Nerja, visitó la zona del Molino y tuvo como una intuición de que allí había pasado algo malo. El novio le dijo que estaba demasiado obsesionada con la Memoria Histórica. Cuando esta mañana hemos estado junto al Molino y se ha relatado la memoria de José Ginés, ella ha sentido que su pálpito de considerar el Molino como algo siniestro era acertado. Es posible que haya sido casualidad, pero ella lo sintió así, y meses después le han confirmado que efectivamente, los fascistas convirtieron el molino, en un sitio de torturas y muertes.

La tercera parada que hemos hecho, ha sido en el último puente de la antigua nacional 340 que separa Málaga de Granada en dirección Almería. Allí hemos comprobado que la historia sigue viva, y que no solo nos siguen llegando historias de personas que huyeron con la Desbandá a través de sus descendientes, sino que siguen apareciendo personas que fueron testigos de ella.

Hoy, en esa parada en el puente, nos hemos encontrado con Paco, un hombre con 94 años, que lleva toda las vida viviendo en un pequeño cortijo que está por encima del puente, y nos ha contado que él y su familia, cuatro hermanos más y sus padres, fueron testigos directos del paso de las miles de personas que pasaron por allí. Fueron testigos también, de la muerte de personas debido a los bombardeos de los barcos y del ametrallamiento de los aviones. De hecho, nos ha señalado los sitios de dos zonas, donde hubo fosas comunes, aprovechando las caleras que allí había. Las caleras son hornos tradicionales, construidos como hoyos o pozos circulares en la tierra, diseñados para la calcinación de piedra caliza y su transformación en cal viva. Estos hoyos que había en la zona y que estaban vacíos fueron utilizados para echar entre 7 u 8 cadáveres. Después, según Paco, echaron piedras para evitar que los perros se comieran los cadáveres. Pero estaban tan mal enterrados, que el recuerda una mano saliendo entre las piedras y que además tenía un anillo en un dedo. No fueron los únicos muertos. Su padre descubrió el cadáver de un bebé entre unos zarzales, y pensaron que alguna madre desesperada, que no podía darle de mamar, lo abandonó. Estuvieron dos días viendo pasar gente, pero al pasar un obús rozando su casa, el padre decidió llevarse a la familia más arriba del monte y se refugiaron en una cueva de unos 8 metros de profundidad. Solo volvieron cuando cesaron los bombardeos de los barcos y las metrallas de los aviones.

Mañana no andamos, pero tenemos actos sociales y más historias vivas que contar, así que seguiremos con nuestras crónicas.