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7ª Etapa, 11 de febrero de 2026: Carmen

Los buñuelos de Carmen, 84 años y memoria viva, abren una jornada marcada por el testimonio estremecedor del hijo de un superviviente de la retirada.

Hemos salido del polideportivo de la Rábita, 245 personas (117 mujeres y 128 hombres). Como es habitual en los últimos 10 años, hemos desayunado buñuelos, o sea unos churros con mucha masa, con chocolate. Para preparar ese trabajo, Carmen, que es la compañera que lo hace, se levanta a las 3 de la mañana. Tiene 84 años, y es colaboradora del Ateneo Republicano del pueblo. Fue José Antonio Berenguer, miembro de la Desbandá, quien la animó a preparar el desayuno el primer año, y luego ella, decidió que siempre que pasáramos por allí, tendríamos sus buñuelos y su chocolate. Siempre se busca algún ayudante, Berenguer es uno de ellos y otr@s compañer@s de la Desbandá, pero ella es la directora de la obra y está también currando al pie del cañón.

Como ella nos ha dicho esta mañana, lo hace, porque sabe lo duro que es andar, ya que, como mujer pobre, tuvo que ir más de una vez andando, desde la Rábita a Granada capital; más de 200km entre ida y vuelta. También ha dicho que lo hace, porque es un trabajo voluntario, y ella quiere hacer ese trabajo de manera voluntaria.

Después de Carmen, ha hablado la alcaldesa socialista de Albuñol, municipio al que pertenece la Rábida. Nos ha felicitado por nuestra lucha, y por mantener la marcha en condiciones meteorológicas, y además con más gente que nunca. Espera seguir viéndonos pasar por allí, y si ella sigue de alcaldesa, seremos tan bien recibidos como el primer año.

En la marcha me he encontrado con José Díaz, un compañero que viene de Alcalá de Henares de Madrid, pero su origen es andaluz y su padre, Ambrosio Díaz hizo toda la Desbandá.

Ambrosio, era de Badalatosa, un pueblo de jornaleros de la Sierra Sur de Sevilla, políticamente, muy de izquierda. Antes de que cayera el pueblo, el 3 de agosto de 1936, se reunió con varios compañeros, todos de edad, entre 18 y 19 años y decidieron huir a Málaga, que era la zona republicana que seguía resistiendo. Se hicieron con caballos y se fueron hacia Málaga, para luchar desde allí contra la ofensiva fascista. En febrero del 37, salieron huyendo con la mayoría de la población en la Desbandá.

José Díaz, recuerda como su padre Ambrosio le contaba historias de cuando la retirada de Málaga. Él, recuerda algunas nítidamente, pero otras se le han olvidado, ya que su padre murió bastante joven siendo él, todavía muy niño, y escuchaba los relatos de su padre como relatos de aventura. Él, nunca había oído hablar de la Desbandá hasta hace bien poco, porque su padre siempre hablaba de la retirada de Málaga. Pero tiene dos recuerdos de los que le contó, que son escalofriantes.

El primer recuerdo fue del paso del Guadalfeo. Él y sus compañeros estaban como mucha gente viendo como podían pasar con la corriente tan crecida, cuando llegaron caminando, un oficial del ejército republicano con su mujer y tres hijos. Al considerar el oficial que no sería factible pasar y que en breve llegarían las tropas fascistas italianas y los apresarían, se decidió por un suicidio colectivo. Con su pistola mató a sus tres hijos, después a su mujer y luego se mató él. O este hecho se ha repetido por distintas fuentes, o fue un hecho que ocurrió de manera similar con otros militares que iban huyendo con su familia. Lo seguro, es que este hecho lo vio, en vivo y en directo, Ambrosio, el padre de José Díaz.

El segundo, es un hecho del que no habíamos oído hablar, y en él, Ambrosio y sus compañeros no fueron espectadores sino actores directos. Iban agotados de la marcha, y en un lugar, que no puede identificar José, aunque su padre se lo referiría, vieron un camión al margen de la carretera. Era una zona de largas subidas y de largas bajadas por la carretera. Entonces se les ocurrió que, aunque el camión no tuviera gasolina, podrían, cerca de una cuesta abajo como estaban, echarlo a rodar y bajar toda la pendiente sin andar. Así lo hicieron, y además, numerosas personas de las que pasaban decidieron también subirse al camión que bajó la cuesta, atestado de gente. La mala fortuna hizo que antes de llegar abajo, en una curva de la carretera, quien conducía, perdió el control del coche, y esté volcó, chocando con una casa que había en la curva y arrollando a un grupo de personas que por allí andaban. José no recuerda, si su padre le contó que hubo víctimas mortales o personas heridas, tanto dentro como fuera del camión, pero el cree, que como le describió el suceso, seguramente al menos, hubo algunas personas heridas dada la magnitud del accidente.

Al llegar a Almería, a Ambrosio lo movilizaron y lo mandaron a combatir a la zona de Alicante. En combate fue herido y perdió la visión de un ojo y fue herido en una pierna, con la que ya no pudo andar normalmente. Al acabar la guerra, estuvo preso en el campo de concentración de Cartagena, que estaba compuesto por tres fortalezas: La Atalaya, el castillo de San Julián y el cuartel General Fajardo. Operó entre abril y noviembre de 1939 en que los edificios pasaron a depender de Prisiones. Las tres fortificaciones siguen en pie.

De allí, lo mandaron al campo de concentración de Cortijo de Vicos, situado en una zona rural cerca de Jerez, este campo funcionó desde agosto de 1936 hasta febrero de 1941. Actualmente es un centro de cría de caballos administrado por el ejército. Finalmente, en 1942 lo dejaron libre y volvió a su pueblo, a Badalatosa, pero una vez allí, lo desterraron a una distancia no inferior a 600km. Por ello, acabó trabajando de picador, en las minas de la Magdalena, cercas de la Robla. Así, José, el compañero que nos acompaña en la Desbandá de este año, de origen sevillano, nació en León. Su padre murió con 68 años, víctima de la silicosis, como tantos mineros. Tuvo 13 hijos e hijas, aunque las tres hijas últimas nacidas en León fallecieron siendo bebés. Cuando José tenía 12 años, Ambrosio decidió trasladarse con toda la familia a Alcalá de Henares, porque no quería que sus hijos acabaran trabajando en la mina.

José Díaz nos ha facilitado una foto, de su padre Ambrosio, y otra de toda la familia, de Ambrosio con su esposa y sus 10 hij@s, ya que las tres niñas pequeñas ya habían fallecido.

La actividad cultural de la tarde ha sido la presentación del libro “Soldado y desafecto. Memorias de Gabriel Enríquez Enríquez, 1917/1987”.

Se trata de las memorias de un soldado republicano durante el golpe de estado en España, que fueron publicadas por el Ayuntamiento de San Roque (Cádiz) en noviembre de 2025. El texto es el manuscrito original del propio Gabriel Enríquez, que fue cedido para su publicación por su nieta, Lola Alto Enríquez. La historiadora Malgara García ha sido la encargada de la edición del libro. En él, Enríquez narra sus vivencias de la Guerra de España, el exilio en Francia, los campos de concentración y los trabajos forzados en las fortificaciones del Estrecho de Gibraltar.

Ya en la cena, un compañero que marcha en la Desbandá, Xabier Peñalvez, también nos ha presentado el 2º tomo de su libro sobre las revoluciones a nivel mundial. Los dos tomos editados, van recorriendo lugares geográficos, donde se han desarrollado revoluciones populares. Los libros tienen una multitud de fotos de monumentos y edificios relacionados con esas revoluciones.

Tenemos que decir, que la Desbandá siempre ha sido bien recibida en Adra, y su ayuntamiento, ha puesto a nuestra disposición, la infraestructura pública que tiene. Ello, a pesar de que el PP, gobierna el consistorio por mayoría absoluta con 11 concejales, estando en la oposición, el PSOE con 6, Vox con 2 y el partido local independiente, Plataforma por Adra, con otros 2. Esto honra al PP de Adra, cuya actitud hacia nosotros, dista mucho de, por ejemplo, el PP de Roquetas, que consideran un agravio, que nuestra marcha pase por su pueblo.

Mañana llegamos al El Ejido. Andaremos hasta la pedanía de Guardias Viejas, y desde allí vamos en autobús a Vícar, donde el ayuntamiento del PSOE nos brinda una gran hospitalidad, aunque realmente nuestra marcha no pasaría por allí. Sin embargo, nos sirve de alojamiento en nuestro paso por El Ejido, y pasado mañana en nuestro paso por Roquetas. Aunque Vícar es menos conocida que El Ejido y Roquetas, es ciudad dormitorio de la gente que trabaja en los otros dos municipios, y por tanto su identidad política es distinta.