Jarrones chinos
El exdelegado del Gobierno en Andalucía reprocha a miembros del Gobierno sus críticas públicas a Felipe González y a Javier Lambán, y cuestiona el trato hacia referentes históricos del PSOE
He visto y oído a una Ministra del Reino (no recuerdo su nombre) hablar despectivamente del Excmo. Sr. Don Felipe González Márquez.
El adanismo de la dirigencia política actual, incluída la monclovita, a lo que tanto aportó el podemismo de la nueva política que venía a salvarnos, ha dejado unas consecuencias más graves de lo que parece.
Mi abuela, con su sabiduría natural, decía que algunas personas debieran lavarse la boca antes de hablar de otras. Y eso deberían hacer quienes ahora denuestan a sus conmilitones que consiguieron justamente que el Partido e instituciones que ahora están destrozando, alcanzasen las cotas de prestigio y logros para los ciudadanos que ellos con los militantes y votantes consiguieron.
La historia pondrá a cada uno en su sitio.
Y ésos que ella llama despectivamente jarrones sin sitio en la estantería, seguirán en la historia y en la estantería, mal que les pese a todos.
Otro Ministro del Reino, también con valentía y solemnidad, señaló la puerta de salida de la militancia socialista al mejor Presidente de la democracia invocando, además, a Alfredo Pérez Rubalcaba. Hay que tener arrojo para ello. Y desconocimiento.
Otro Ministro del Reino, y ya van tres, ha encontrado explicación al descalabro de su Partido (que es el mío, también) en las recientes elecciones de Aragón. En su fría elucubración, fruto no de un calentón, sino después de una semana de sesudo análisis atribuye el fracaso al Excmo. Sr. Don Javier Lambán Montañés, tristemente fallecido hace seis meses, para desgracia de su Partido, de Aragón y de España y su Política (con mayúsculas). Soy incapaz de encontrar un adjetivo calificativo en nuestro rico vocabulario de nuestro idioma oficial español y en el de las otras lenguas cooficiales en los correspondientes territorios de la Patria para poder acompañar esta forma de proceder de quien se sigue sentando en el Consejo de Ministros.
Pero ella y ellos, y quienes son como ella y ellos, siguiendo con el símil introducido de los jarrones, se romperán como los ceniceros de barro que por escasa calidad del material, no soportan el paso del tiempo y se deterioran, decoloran y se rompen fácilmente.
Nadie se preocupa por su pérdida. Valían poco. No se pierde nada cuando se caen al suelo y se rompen.
Nunca serán historia. Nadie los recordará.
En cambio, los jarrones chinos con alto valor cerámico y de diseño, siempre permanecen. Y ellos es así porque quienes aprecian su valor, que somos los más, nunca los olvidan, los limpian, los cuidan y los siguen teniendo en lugar preferente en la estantería de la verdad de la historia de todos.
Esos jarrones son los que cuando hacemos limpieza en las estanterías siempre permanecen. Nunca nos desprendemos de ellos. Les dan lustre al salón de la casa desde el sitio de honor que les corresponde. ¡Cómo vamos a tirar lo que tiene valor! Estaríamos locos. En cambio, los ceniceros de barro, si no se han roto ya, los quitamos de en medio. No aportan nada. No pasan a la historia.
Como decía mi sabia abuela, lávense la boca, por favor. Les apesta el aliento.