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10ª y última etapa, 14 de febrero de 2026: Juana Mendoza

El testimonio de Juana Mendoza, superviviente de la huida tras la caída de Málaga, revive el impacto de Cerro Muriano y la represión franquista en la Desbandá.

La décima marcha a Almería ha transcurrido con un ambiente festivo y con bastante buen tiempo. Hemos entrado en la ciudad, 469 personas, 235 hombres y 234 mujeres. Allí se nos han sumado más de 200 personas, que nos esperaban y la banda de música republicana, con la que hemos recorrido varias calles del centro, ya en modo manifestación, acabando esta al lado del monumento almeriense en recuerdo a las víctimas del campo nazi de exterminio de Mauthausen.

En paralelo a la marcha, se ha celebrado, la cuarta edición de Encuentros Escolares con Supervivientes de La Desbandá, Manuel Triano y María Hidalgo, y las hijas del exilio, Amparo Sánchez y Carmen Negrín.
Eran nueve los institutos previstos en la planificación, pero no se pudo hacer el instituto de Marbella, por alerta climática y cierre de actividad lectiva. El alumnado participante ha sido de 4º de ESO y 1º y 2º de bachiller, un total de 480 alumn@s. También han participado 150 alumn@s adult@s, entre Málaga (IES Gaona) y Adra (IES Abdra).

Como apoyo se ha contado con 34 becad@s (18 chicas y 16 chicos), que están cursando estudios universitarios. Más de la mitad de ell@s, ya estuvieron el año pasado.

La organización de esta actividad que comenzó ya en el mes de octubre: Contactar con profesor@s, buscar nuevos IES, explicar la normativa jurídica que ampara estos encuentros con estudiantes, enviar documentales y material que dispone la ASC La Desbanda, coordinar cuadrante con fechas y horarios mientras se realiza la marcha integral. Es decir, un trabajo arduo meses, que no es visible.
Nos llega otra historia de Málaga, de una persona superviviente de la Desbandá a través de Prado, una compañera que hace la marcha por primera vez. Se trata de Juana Mendoza García de 91 años, que se la contó a su hija Inma, y esta a su íntima amiga Prado.

La madre de Juana Mendoza era Juana García. Natural de Villanueva de la Concepción y criada en una pequeña casita de campo junto a la orilla del río Campanillas. Su padre, Juan Mendoza Gallardo, era natural de Campillos y de profesión albañil. El matrimonio tuvo tres hijas, Isabel, María y Juana, la autora de los recuerdos.

Cuando comienza la guerra, su padre es movilizado por la República, y nunca más supieron de él. Le llegó la noticia a su madre, de que había muerto en combate en Cerro Muriano, provincia de Córdoba. Pero lo dieron por desaparecido y su madre, no tuvo cuerpo que enterrar, ni tiempo para llorar.

La batalla de Cerro Muriano tuvo lugar el 5 y 6 de septiembre de 1936, después del intento republicano de tomar Córdoba capital en agosto. La cubrieron los fotógrafos Robert Capa y Gerda Caro. Se supone que fue Robert Capa, quien hizo la foto en la batalla, de un miliciano cayendo abatido en combate, mientras en una de sus manos sujeta un rifle. El miliciano, anarquista, era Federico Borrell García. La foto alcanzó gran difusión internacional después de que se publicara en la Revista Life. La derrota republicana, supuso la huida masivas de la población civil de la zona, y el avance de las tropas fascistas por los pueblos del valle del Guadalquivir, aplicando una política de asesinatos masivos de la población. En Palma del Río, un cacique mandó ejecutar a 300 jornaleros.

Juana García, se quedó viuda, con dos hijas pequeñas, Isabel, Juana, quien nos cuenta la historia, y que entonces contaba 2 años y María, de la que estaba preñada. La foto del padre siempre estuvo en el salón de la casa, pero para la niña de 2 años, siempre fue una imagen, ya que no tenía ningún recuerdo de vivencia con él.

Cuenta Juana Mendoza, que su madre era una mujer menuda y pequeña, como la saga de mujeres que le han sucedido, pero eso no le restó ni un ápice de decisión y voluntad. Con dos niñas de corta edad y preñada se trasladó a casa de su hermana Antonia que vivía en la Cortina del Muelle en Málaga. Antonia era su hermana menor, trabajaba en una pensión junto al puerto y estaba recién casada con el bueno del tío Manuel. Allí tendría cobijo y compañía para lo que pudiera venir.

Y vino, llegó el miedo, se adentró por los callejones de la ciudad como lo hace la niebla que viene del mar y se filtró por la puerta de la pequeña habitación de mi tía Antonia. Las tropas fascistas estaban a punto de llegar.

Con lo poco que les pertenecía, como tantas otras personas, emprendieron el camino hacia Almería. El tío Manuel llevó en sus hombros a Juana Mendoza. Su tía Antonia se encargó de la hermana mayor, Isabel, y la madre, le bastaba con llevar su embarazo lo mejor que podía.

De las desventuras del viaje, a Juana Mendoz, su madre solo le contó lo más amable. Aquello que tuvo un final más o menos afortunado en toda esta historia de terror. Las instantáneas de la masacre, se la guardó para ella. Nunca hablaba de ello y vivió asustada el resto de sus días.

Sólo en los últimos años de su vida, cuando la línea del pasado y el presente se desdibujan, volvían a su memoria los hechos más terribles. Se despertaba en muchas ocasiones gritando y pidiendo ayuda para esos niños, a los que separaban de sus padres, hombres armados con fusiles.

En la marcha hacia Almería, después de varios días de caminata, habían aprendido a agudizar el oído. Atentos a cualquier ruido que viniera del cielo, para tirarse a la cuneta antes de que llegaran los aviones asesinos. Barrían a bombazos el camino con una sola pasada. El silencio daba paso a los lamentos y a los gritos de desesperación.

Con cada pasada de la aviación tocaba recomponer el grupo familiar. En una de esas, ni el tío Manuel ni Juana Mendoza, respondían a la llamada de la madre. Sus cuerpos, inertes, se veían en el fondo de un terraplén. Cuando bajaron, creyendo que los habían matado, descubrieron que dormían como piedras, fruto del cansancio acumulado.

La carretera se hizo muy larga hasta llegar a Almería días después. Tenían el consuelo de que, a la llegada, podrían refugiarse en casa de la tía María, hermana mayor del padre desaparecido en la batalla de Cerro Muriano, que vivía en Almería.

Llegaron a su domicilio al atardecer y llamaron a la puerta. Pero nadie abrió. La tía María respondió desde el interior, pidiendo que se fueran y que esperaran a que cayera la noche, y entonces entraran por la puerta trasera de la casa, y así lo hicieron.

Permanecieron en Almería, hasta la entrada de las tropas franquistas. Tuvieron sosiego, pero también mucha hambre. No había mucho que comer. A duras penas, la madre cocinaba sopa con la cesta de nabos que no todos los días podía conseguir. Almería era una ciudad pobre y asediada.

Las tropas franquistas, buscaban a refugiados malagueños, y los sacaban de las casas, para enviarlos por barco al puerto de Málaga. Su familia corrió la misma suerte. Dirigían a la gente, al muelle como si fuera ganado. Con tanto barullo las familias quedaban separadas.

Fue el caso de ellas. La madre de Juana Mendoza subió al barco con su hija menor, pero Juana e Isabel, su hermana mayor, se quedaron en el muelle. Con desesperación vio, que levantaban la pasarela del barco y las niñas quedaban solas en aquel lugar, y entonces decidió saltar de manera temeraria, con su cría en brazos, desde el barco al muelle. No sufrió percance y pudieron volver juntas a Málaga.

Juana Mendoza cuenta, que ya no viven ni sus hermanas, ni su madre, y que cuenda ella muera, desaparecerán los miedos que tan claros veía en los ojos de su madre.

Las palabras dirigidas a l@s marchista al final de la marcha, por Fernando Martínez secretario de estado, Marta Martín del Partido de la Izquierda Europea y Amparo Sánchez, más del presidente y la vicepresidenta de la Asociación, han estado amenizadas por la popular cantante de la Chanca de Almería Sensi Falán.
La sensación mayoritaria, es la de que nos vamos content@s por haber hecho la marcha, pero tristes por separarnos y con el deseo de volver. Ha sido una marcha, la de los temporales, que no olvidaremos. El año que viene, 90 aniversario de la Desbandá, volveremos con más fuerza.