En el 90 aniversario del asesinato de Blas Infante
Noventa años después de su asesinato, los restos de Blas Infante siguen sin aparecer y su legado político continúa en disputa.
Noventa años sin Blas Infante, noventa años ya sin saber dónde está enterrado. Lo mandó asesinar Queipo de Llano el 11 de agosto de 1936 y, a día de hoy, el padre de la patria andaluza continúa siendo una de las más de cien mil personas represaliadas en la guerra civil cuyos restos mortales no han sido encontrados aún. Nacido en Casares (Málaga) el 5 de julio de 1885, Infante compartió su trabajo como notario en varias ciudades andaluzas con su pasión por acabar con el atraso económico y social de su tierra. No entendía cómo era posible que en un lugar tan rico como el suyo existiera una mayoría de población tan pobre, así que dedicó gran parte de su vida a luchar por conseguir una profunda reforma agraria que mejorara la situación de los jornaleros, una educación pública y universal y una mayor justicia social. En 1915 publicó su obra más importante, Ideal Andaluz, considerada el texto fundacional del andalucismo moderno.
Los conspiradores contra la República lo habían tenido siempre en su punto de mira, así que cuando aún no había transcurrido un mes desde el comienzo de la guerra civil, los golpistas fueron a buscarlo a su casa de Coria del Río y pocos días más tarde lo fusilaron en Sevilla. Tenía 51 años. Desde entonces, su cuerpo permanece en una fosa común cuya localización precisa nunca ha podido determinarse. Por eso no existe una tumba donde rendirle homenaje. Lo asesinaron porque defendía una Andalucía libre del caciquismo, de la miseria, del fanatismo y de los privilegios de unos pocos, y porque creía que la autonomía era un instrumento para conquistar dignidad y libertad. Ideó la bandera andaluza, el escudo y también el himno:
«¡Andaluces, levantaos!
Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la humanidad!»
Este es el estribillo de nuestro himno oficial desde 1982, cuando la Junta de Andalucía estaba presidida por Rafael Escuredo. Nadie podía imaginar por aquel entonces que, 44 años más tarde, en el verano de 2026, el vicepresidente andaluz iba a ser un ultra recalcitrante llamado Manuel Gavira. Me extrañaría mucho que este representante de Vox, en quien Moreno Bonilla ha puesto todas sus complacencias, se sepa el himno. Más bien creo que estará pensando en cómo presionar para acabar con él. Vox no quiere una Andalucía libre porque no cree en el Estado de las autonomías. Se cuelan dentro para cercenarlas.
Me imagino a Gavira rechinándole los dientes cada vez que se ve obligado a escuchar en un acto institucional el texto escrito por Blas Infante. Vox no tiene ningún interés en respetar y honrar su memoria. Quienes asesinaron al notario de Coria del Río hace noventa años fueron los suyos, los que han vuelto ahora dispuestos a sumirnos de nuevo en la ruina intelectual, en la miseria mental, en la muerte de la inteligencia. Y todo esto, para más inri, con las bendiciones de un Moreno Bonilla al que tantos en su día creyeron una persona moderada.