¿Es normal?
Es normal que trece días después del asalto a Ceuta, miles de personas siguen sin identificar ni acoger mientras el Gobierno habla de volver a la normalidad.
La invasión, asalto, atropello, acometida, agresión, ataque, embestida, arremetida, irrupción, penetración, allanamiento, atraco a una de nuestras fronteras, en suma, la “violación de la integridad territorial de España”, como la describió el Presidente del Gobierno fue el día treinta de julio pasado. Hoy, han pasado ya, trece días.
Los hechos, según los gobiernos de Marruecos y España manifestaron de consuno, fueron debidos a las mafias y a la interesada interpretación en redes sociales de una sentencia del Tribunal Supremo sobre la imposibilidad de devolución en caliente si la frontera violada se traspasa a nado. Y ya está.
Lo cierto y verdad es que desde que se produjo esa sentencia hubo algún tiempo de reacción sobre cómo proceder después de la misma poniendo algún medio físico delimitador de la frontera; hubo informaciones del CNI y de otros servicios sobre lo que estaba moviéndose en el otro lado de la valla; hubo entrevistas de representantes del Gobierno de la Ciudad Autónoma con los del Gobierno de España trasladando su preocupación; hubo información de los responsables del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta a sus superiores jerárquicos del Ministerio del ramo sobre lo que parecía intuirse: hubo, hubo…
Hubo todo eso que sepamos, y posiblemente más, pero nada ocurrió, según hemos visto, hasta que el 30 y el 31 de julio hubo lo que hubo.
Como éxito vendimos que, como prueba de la mejor de las relaciones de colaboración histórica entre España y Marruecos, no se sabe cuántos miles de los violadores de la integridad territorial de España, volvieron motu proprio (¿?) a su país de origen. ¡Qué bien!
A las pocas horas empezamos a descubrir que por muchos que se fueron en prueba de la mejor de las históricas colaboraciones, se quedaron en el camino, aún no sabemos cuántos menores no acompañados y cuántos adultos. Algo más de dos mil según parece. Y digo parece porque en doce días aún no saben nuestras autoridades cuántos son.Miren ustedes, algo más del quince por ciento de la población censada en Ceuta. Ni más ni menos.
Entre los que se han quedado hay distintos grupos que, por resumir, podrían ser: magrebíes, básicamente buscadores de mejores expectativas de desarrollo personal y familiar, emigrantes económicos, en suma; otros, de distintas procedencias, en búsqueda de amparo internacional, huyendo de guerras y persecuciones por razón de género, etc.No faltan entre ellos, al parecer, viejos conocidos de expulsiones anteriores del territorio patrio por relaciones no precisamente claras con entornos próximos a algunas formas tipificadas en el Código Penal, o incluso alguna forma de yihadismo.
Y sobre todo se han quedado no menos de 1300 menores no acompañados, en situación de desamparo y necesitados de especial protección. Entre éstos, además, según las versiones oficiales, se ha producido una variación en el perfil de los mismos. Ahora hay mayor presencia de niñas y ha bajado la edad media. A tener muy en cuenta.
Desde las comunicaciones oficiales se nos viene dando una narrativa de que vamos de vuelta a la normalidad que, con todo respeto, no parece convencer a nadie o a casi nadie que no esté en el mayor de los seguidismos oficiales acríticos.
Los ceutíes, en un sabio saber estar como pocas sociedades, supieron expulsar a los “abascalianos” y sucedáneos varios que fueron a pescar en esos ríos revueltos en los que tan bien saben encontrar ganancias. Días después en una manifestación multitudinaria, en muestra de perfecta armonía entre las cuatro comunidades que conviven en la ciudad, dijeron a quien quiso escuchar que son gente quieta y pacífica, tolerante, y española. Y está cansada.
La ciudadanía caballa ha estado a la altura. Pero empieza estar cansada porque se siente abandonada, porque está incómoda con esas imágenes que vemos de los deambulantes mayores y menores, ociosos, sin que se les dé amparo sanitario, de alojamiento, de alimentación, higiénico, etc. Y ellos también empiezan a tener algunos problemas de abastecimiento o de inseguridad deambulatoria, donde no sabemos cuánta es real y cuánta inducida.
Lo único cierto y verdad es que desde que el Presidente y su Ministro de Interior acudieron a Ceuta han aparecido por allí, comandados desde La Mareta: el citado Marlaska, Sira Rego, Ángel Víctor Torres, Albares y Robles. Todos ellos, Ministros del Reino.
Pero además de este desfile ministerial, me asaltan inocentes preguntas
¿Es normal que en doce días sigan en la calle, al raso, donde pueden, asistidos por organizaciones no gubernamentales esas, posiblemente, dos mil personas?
¿Es normal que aún no estén identificados y censados los menores no acompañados que entraron en España?
¿Es normal que no se haya activado una célula conjunta con las autoridades marroquíes, con las que ahora mejor que nunca nos relacionamos, para identificar a esos menores y encontrar, desde esa insuperable e histórica colaboración, a los familiares de esos menores para que se produzca el reagrupamiento familiar en el otro lado?
¿Es normal que no sepamos quiénes y cuántos son los menores y los adultos que deambulan por las calles, playas, acantilados y montes de la ciudad?
¿Es normal que un estado europeo, socio de la Unión, cuarta economía entre los socios, siga sin dar respuesta de acogida de los que deben serlo, o expulsión de los que no deban serlo?
¿Es normal, por otra parte, que entre el Gobierno y el otro Partido que se dice de gobierno anden, también en esto, en esa forma de desencuentro insensato que aleja a la ciudadanía sensata de la POLÍTICA y siguen dando crédito electoral a los extremos más reaccionarios?
¿Es normal que andemos en debates de si deben los Ministros comparecer en el Congreso a fin de mes y no en el Senado la semana que viene? (La Ministra Robles anda deshojando la margarita dispuesta a ir, dejando al aire con salva sea la parte, otra vez, a sus colegas de la mesa del Consejo de Ministros)
¿Es normal que no nos hayan transcendido aún, cuántas y qué medidas ha desarrollado el Gobierno de España, además de visitas ministeriales, para que el creciente sentimiento de abandono no sea la percepción de los ceutíes?
¿Es normal que desde el ocho de julio en que se conoció la sentencia del Supremo,sigamos tan solo con una insuficiente barrera anticontaminación marina como único elemento físico delimitador de la frontera marítima con Marruecos, como continuación del inútil e ineficaz espigón de El Tarajal que debiera contener los ya habituales saltos de la frontera?
Me reconozco torpe. Pero estas preguntas, entiendo, no sólo me las hago yo, y creo debieran ser de fácil respuesta para mí y para quienes igualmente nos la hacemos.
Hay otras preguntas que me hago del ámbito de la seguridad de las personas y los bienes y de la defensa de las eventuales nuevas violaciones de la integridad territorial de España que se pudieran producir, con más que honda preocupación, pero que lógicamente no pueden tener pública respuesta. Ciertamente no deben ser publicitadas en su totalidad por razón de la materia. Pero tampoco vendría mal dar alguna pincelada genérica que transmitieran algo de tranquilidad a quienes nos inquietamos y sirvieran de alguna disuasión a quienes nos inquietan.
Tampoco quiero pensar que en eso de las relaciones internacionales no se está, tras la cortina, haciendo gestiones que no ahonden en esa carrera sinsentido en la que afloran los sentimientos menos solidarios que inspiraron a los Padres Fundadores de la Unión para crear ese ensamblaje de entendimientos hoy tan perdidos.
Si los recordados Konrad Adenauer, Jean Monnet, Robert Schuman y Alcide De Gasperi vieran en lo que hoy se enzarzan sus herederos, se tentarían la ropa mil y una veces. Ver a la italiana Meloni alineada con la danesa Frederiksen; y al alemán Merz expulsando a los emigrantes llegados a Alemania desde Italia, no sé si es siquiera curioso.
Recuerde, por otra parte, señora Meloni, que Sua Eccellenza a través del llamado Decreto Flussi (Decreto de Flujos) ha autorizado la entrada legal y regularización laboral de 452.000 migrantes extracomunitarios desde que llegó a la sede del Palazzo Chigi. Que siendo como es tan poco contemplativa en estos temas y tan ejecutiva, no está nada mal. Ahora que caigo, tiene elecciones ella también, en 2027 y el General Roberto Vannacci le come el terreno en lo más extremo de la derecha.
Resulta muy significativo que justo en el tema de las migraciones, familias políticas europeas tan distanciadas en tantas otras cosas, aquí vienen a coincidir. El disputado voto facilón y populista, es lo que tiene.
¿Es pedir mucho lo que acabo de compartir contigo, querido lector? Seguro que son elucubraciones fuera de lugar y no nos merecemos respuestas a tan complejas preguntas. Seguro que es por eso. ¿Verdad?