Adamuz: la muerte, la política y el sentido de los ritos
El accidente ferroviario revela el contraste entre una cultura política que naturaliza la muerte y una sociedad que la reviste de sentido mediante el rito, la fe y la comunidad.
Los antropólogos constatan que desde que se pueden datar signos de la humanidad en el mundo pueden recogerse conductas del trato reservado a los muertos. Y frente a quienes piensan como buena parte de gobernantes, políticos profesionales, científicas, académicos, periodistas, técnicos y financieros que ven la muerte como un proceso natural, simple cesación de la vida y el cadáver un mero objeto sin posibilidad de arreglo y, por tanto inútil. Frente a esta concepción se alzan los datos mostrencos de todas las sociedades humanas de la universalidad de los ritos funerarios que identifican toda muerte con la fuerza de lo sagrado y por ende el culto a los muertos es una de las poderosas raíces de toda religión. Durkheim resalta la identidad de lo social y lo religioso y la anterioridad cronológica de lo religioso sobre la concepción sociológica, o sea política.
El fracaso, al menos temporal, de la organización del funeral de Estado en los días inmediatamente posteriores al accidente ferroviario de Adamuz, con 46 muertos hasta hoy, muestra la sideral distancia entre una clase política, periodística e intelectual que detenta las claves del poder, de los poderes, con una concepción naturalista de la muerte con el deseo personal de escapar a la consciencia de la muerte frente una muchedumbre de los sufrientes por sus familiares y amigos muertos en una inesperada tragedia en teóricos lugares seguros por la ciencia y por la técnica que han clamado y hecho un duelo unificador cargado de sentido y esperanzado y apresurados en convertir esas ausencias y ese dolor en una fuente de vida.
En Huelva, la Onuba romana, 4.300 personas se reunieron en el pabellón deportivo Carolina Marín para acompañar a las familias de las 46 víctimas, 28 onubenses, y heridos en el accidente de tren de Adamuz. Los ritos exequiales – que según el diccionario de la RAE es el ritual religioso propiamente dicho- se celebraron por decisión de las familias y allegados al modo de los fieles creyentes miembros de la Iglesia católica. Rememoraron el bautismo de de los fallecidos. Honraron sus cuerpos que han sido piedras vivas del gran templo humano que es la Iglesia que peregrina en este mundo. Recomendaron al Dios de Jesucristo a los difuntos. Esperan que se integren en la comunión de los santos que les precedieron en la fe en la resureccion. Saben y viven que quién creyó en Jesús tiene vida eterna. Con todo respeto: nada que ver con la frialdad melódica y la guerra politica de otros funerales de Estado. Los creyentes católicos esperamos la resurrección de los muertos y la vida del siglo futuro . Reconozcamos que hay que tener valor. Ya Bernanos nos avisó de que la esperanza cristiana “ Es un riesgo que hay que correr”.