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Argüello argulle

Un arzobispo que habla como ciudadano: soberanía, gobierno y responsabilidad política sin pedir permiso a nadie.

 

El arzobispo de Valladolid, preside la conferencia de obispos de España.Tiene NIF, es palentino como Peridis, y forma parte de la nación en quien reside la soberanía según la Constitución de 1978. Y aunque acepta el gobierno que resultó de la composición de mayorías parlamentaria, tiene ojos en la cara y sabe lo que está pasando y le rige el cerebro para saber que Pedro Sánchez no es dios en el Olimpo, aunque así lo crean y se lo  digan los mil y picos asesores y funcionarios que le rodean en Fort Moncloa. Dicho claro: el ciudadano Argüello ejerce su derecho a hablar de política o de mecánica cuántica como a bien tenga. 

La soberbia es mala consejera. Y pretender que elegir a dos , que estuvieron a punto de ser tres, sinvergüenzas como segundos puestos en un partido político cesarista con acceso a miles de millones de euros del erario público, no le hace responsable in eligiendo et in vigilando a un presidente del gobierno que dispone en La Moncloa de 1.500 funcionarios, es insufrible para cualquier ciudadano al que no le patine el seso. No olvido que la gestión de este gobierno tiene 1/3 de quienes dan derecho a la prestación de ingreso vital mínimo, sin ella y que Caritas que es parte clave del trabajo del arzobispo entrevistado, corre con su asistencia. Menos lobos,

El arzobispo y ciudadano Argüello preside una entidad religiosa de la que no menos de un 45% de nacionales españoles que detentan la soberanía junto con los restantes hasta el 100% se sienten vinculados. Esa entidad goza de todos los derechos constitucionales como todas las asociaciones legalmente constituidas. La libertad de expresión también. Este presidente pro tempore termina su entrevista en La Vanguardia diciendo que él mismo puede mentir, abusar de su poder, violentar la sexualidad de otros, alzarse con el santo y la limosna y demás ocurrencias malvadas. Ejerce su soft skills, con claridad.

Asistimos, después de un elefante muerto, a un “me equivoqué, no volverá a ocurrir” que hizo abdicar un rey, perder su imagen ante Lis españoles y tambalear la forma monárquica del Estado. Conviene recordar lo. 

 Las amonestaciones ministeriales y presidenciales suenan a huero oyendo a las mujeres de su partido y viendo a quienes siendo elevados dirigentes del mismo andan de cárcel en cárcel y de juzgado en juzgado. Moliere: “!Ah! En qué términos galantes están dichas estas cosas”.