El emérito y la caspa en la Maestranza sevillana
Dado que Felipe VI es aún Jefe del Estado, no se me ocurre mayor ultraje hacia él que el perpetrado por su propio padre.
Pasando por alto el carácter desafiante de un viaje así y el dinero que debió costar, como ciudadano me siento insultado por la presencia de Juan Carlos de Borbón ayer en la Maestranza. En Sevilla, el domingo de resurrección es el día que cada año se inaugura la temporada taurina; el momento en que, en torno al albero, vuelve ese aroma rancio que mezcla incienso, olor de puro y colonia cara para presenciar un espectáculo tercermundista que se resiste a admitir su declive. En esta ocasión, el cartel incluía la reaparición de Morante de la Puebla y al Borbón no se le ocurrió mejor idea que salir pitando de Emiratos Árabes para no perderse el “acontecimiento”.
Toda una osadía que la sevillanía más añeja se dispuso a capitalizar sin pudor alguno: palco de honor, vítores a la entrada y a la salida, vergonzosas aclamaciones y foto al lado de su hija Elena con los toreros del cartel; instantánea que, confieso, en un principio pensé que se trataba de una travesura de la Inteligencia Artificial ¡Qué vergüenza, por favor! ¿De verdad que estas cosas están sucediendo en el año 26 del siglo XXI? ¿De verdad que ocurren en mi querida ciudad?
La verdad es que me importa poco lo que, como consecuencia de todo esto, pueda estar repercutiendo en la institución que representa su hijo. Pero dado que Felipe VI es aún Jefe del Estado, no se me ocurre mayor ultraje hacia él que el perpetrado por su propio padre. Ellos sabrán, pero en lo que concierne a lo institucional, alguien debería pegar un puñetazo encima de la mesa y poner este culebrón familiar en su sitio, al margen de los focos y de nuestra vida diaria. Lo de padre e hijo empieza a parecer una serie interminable, el uno intentando preservar el menguante crédito de la monarquía y el otro empeñado en dejar huellas dactilares por todas partes.
El emérito actúa como quien ya no tiene nada que perder, pero… ¿desde cuándo lleva actuando así, haciendo lo que le sale de las narices e importándole todo un bledo? Si hoy lo hace con este desparpajo, ¿cómo debió hacerlo durante su reinado, cuando cortesanos, allegados y medios de comunicación nos contaban milongas sobre su vida y milagros ocultando celosamente su verdadera manera de proceder?
Y a todo esto la caspa sevillana aplaudiendo genuflexa, ¡qué bochorno! ¿Son ellos solos los que apuestan por la amnesia y el peloteo? Mucho me temo que no. Ayer Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda torearon seis toros y el Borbón nos toreó a todos una vez más. Morante cortó dos orejas y el emérito nos hizo un corte de mangas. Con ovación y vuelta al ruedo. Ya puestos, podían haberlo sacado a hombros por la Puerta del Príncipe.