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¿El envío de dos MEU norteamericanas al golfo, preludia invasión terrestre?

El envío de marines al Golfo intensifica la presión sobre Irán mientras crecen las especulaciones sobre una escalada militar de mayor alcance

 

Se especula con la posibilidad de que Washington se acabe decantando próximamente por poner “boots on the ground” en Irán. Eso supondría una enorme escalada en el actual conflicto armado entre EE. UU.-Israel e Irán. Tales especulaciones flotan sobre el ambiente de desinformación que siempre se genera en los conflictos bélicos. Hasta ahora, los únicos movimientos de fuerzas detectados con capacidad terrestre se refieren a la actividad de las unidades expedicionarias de marines (MEU). Estas unidades de respuesta rápida, con un volumen de cerca de 2.500 efectivos cada una, y con elementos embarcados de combate terrestre, aéreo y logístico, poseen un alto grado de alistamiento con potencia y capacidades de asalto anfibio y de posterior combate sobre terreno hostil. Pero su limitado volumen también encorseta su alcance en espacio y tiempo. Las MEU serían, quizás, la avanzadilla de un despliegue posterior de unidades de combate terrestre. Un escenario de alta intensidad que, seguramente, el Pentágono debería tener bien en cuenta, al tratarse Irán de un país de más de 1,7 millones de km2 (más de tres veces la extensión de España) y 93 millones de habitantes.  

La 31ª MEU, basada en la isla japonesa de Okinawa, y ahora embarcada en el “USS Trípoli” (LHA-7), en el “USS New Orleans” (LPD-18) y el “USS San Diego” (LPD-22), y que el pasado 18 de marzo ya transitaba el Estrecho de Malaca, escoltada por buques de superficie y submarinos, se mueve en demande del Golfo Pérsico donde, probablemente, llegará antes de finales de marzo. Asimismo, en las últimas 24 horas, ha zarpado la 11ª MEU, basada en San Diego (California) para dirigirse también hacia el Golfo Pérsico embarcada en el “USS Boxer” (LHD-4), el “USS Portland” (LPD-27) y el “USS Comstock” (LCD-45) con los correspondientes escoltas de superficie y submarinos. Esta MEU, en su caso, no llegaría a la zona del Golfo hasta mediados de abril  

La finalidad de tales movimientos también son objeto de enorme especulación. Son, sin duda un elemento adicional de presión sobre las autoridades de Teherán, para incentivar lo que Trump ha denominado su “rendición”. No obstante, preludiaría un sustancioso despliegue de fuerzas terrestres norteamericanas sobre el suelo iraní. Bien que esto supondría una ducha de agua helada para los aliados europeos en la OTAN. En todo caso, y a la vista del actual desarrollo de las hostilidades, tal evolución operativa parece hoy improbable. Tal vez se trataría de ocupar algunos objetivos terrestres que pudieran concretarse en la costa iraní en las proximidades de Bandar Abbás (Ormuz) para aliviar las dificultades de tránsito del Estrecho. Y, posteriormente, sobre la isla de Jark en el fondo de la bolsa del Golfo, y punto esencial de carga y despacho del crudo iraní.  

En el ámbito de los órdagos, destaca que ninguno de los dos misiles iraníes lanzados, el 20 de marzo, contra la base británica de Diego García (archipiélago de Chagos) alcanzaron su objetivo. Uno de ellos se desintegró sobre el mar. El otro fue abatido, también sobre el Índico, por un destructor contra misiles norteamericano. ¿Esos lanzamientos fueron muestra o solo intento de Teherán de vender la moto de una capacidad de lanzar misiles IRBM de alcance intermedio? La segunda hipótesis parece más probable.   

Lo último sobre el tapete de lo conjeturable es el anuncio, no plenamente confirmado, del fallecimiento del nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jamenei, quien sucedió a su padre, Alí Jamenei, abatido durante el ataque norteamericano-israelí, el pasado 28 de febrero, contra la cúpula iraní. ¿Quién está a los mandos en Teherán en cada momento? Saberlo daría indicios sobre cuánto puede durar esta guerra. En fin, lo más claro de todo es la galopante velocidad con la que están corriendo los escalafones políticos y militares iraníes.