Episodio Ceuta
El episodio Ceuta retrata la incapacidad de Gobierno y oposición para afrontar juntos una crisis de Estado que afecta a la frontera y a Europa. Sin respuesta.
Ceuta no es precisamente un episodio. Ceuta es el suelo español que pisan unos compatriotas de los que nos debemos sentir orgullosos por muchas cosas y de manera muy particular por su especial forma de ser y sentir la integración cultural y la tolerancia que han practicado históricamente y a los que se les ha violentado, y de qué manera, su diario discurrir en paz y seguridad. Con ellos, estamos.
Pero todo lo que está ocurriendo en Ceuta, el que podemos llamar “episodio Ceuta” de la política española de final de esta legislatura, puede ser el “episodio” que suponga el final de un proceso de deterioro de un Gobierno, al que han llamado más progresista de la historia sus acríticos seguidores y al que han tachado de ilegítimo los de esas bancadas de la derecha, toda ella. Ambas cosas, y a la vez.
A unos y otros habría que pedirles que se enfrenten a su imagen en el espejo, en esa intimidad en que cada uno se enfrenta a sí mismo en el espejo del cuarto de baño y, en ese momento en que no hay que actuar con esa su especial vehemencia, sin ejercer de jaleadores desde el peor de los gamberrismos adolescentes, mediten cuál es su aportación seria y eficaz, con seria altura de miras a eso que dicen defender como nada que es España y sus instituciones. La España vigente en la Constitución de 1978 y todas las instituciones que de ella emanan.
Si sinceros se mostrasen (incluso en ese trance íntimo del espejo del cuarto de baño, dúdolo), deberían convenir en que ellos y sus líderes ciega y acríticamente seguidos, poco, muy poco, casi nada, ó nada han hecho por aportar a la estabilidad de España y todas sus instituciones constitucionales en los últimos años.
Han hecho del cortoplacismo, de la brocha gorda, de la política para impactos rotundos en redes sociales, de la política del insulto y del y tú más; de levantar muros y ensanchar trincheras, de enfrentar al enemigo que no adversario, y otras sutilezas que dejo de citar por falta de espacio, la mejor de sus formas de hacer política, si es que esto lo es y merece así ser llamado.
Después de muchos episodios de enfrentamientos, sobre todo parlamentarios, que muchas veces he pedido su no retransmisión por radio y televisión para no herir la sensibilidad del espectador político y espantar a los ciudadanos de la POLÍTICA, éste es el resultado.
Después de muchos episodios en que ha faltado, ciertamente, un mirar un poco más lejos de lo que alcanza la vista; después de muchos episodios en que pareciera que primaba más la ridiculización del ya enemigo y antes adversario y su desautorización y descalificación.
Después de tantos episodios de andar cada uno de los actores de los dos lados de los hemiciclos, más pendientes de lo que hace o dice el que está más a su izquierda o su derecha respectivas, que de lo que en puridad debiera cada uno hacer.
Después de tantos y tantos episodios en que han dejado claro que han renunciado a proyectos políticos autónomos, se han entregado a quienes le garantizaban por encima de todo su estar en el poder; antes que pensar en esas líneas rojas que cada uno de los dos mayoritarios, los llamados de estado, nunca deberían haber traspasado, han decidido dormir tranquilos a pesar de pactar con quienes decían nunca lo harían. Unos y otros.
Después de todos estos y otros innumerables e innombrables episodios a los que nunca a muchos nos hubiera gustado tener que asistir, el ahora “episodio Ceuta” ha puesto claramente en el sitio en que se han colocado, ellos solitos, a los dos partidos mayoritarios y a sus respectivos líderes.
Y ese sitio, es desgraciadamente, el de su manifiesta incapacidad para ser hoy el uno, Presidente de un gobierno náufrago, desnortado y tardío en reaccionar en el tema Ceuta y sus múltiples derivadas; y el otro, se ha mostrado como líder insolvente de la oposición para ofrecer con agudeza e inteligencia, ora alternativas de salida en temas de estado, ora ayuda al Gobierno legítimo ante un tema de tan especial significación.
A las otras organizaciones políticas que nutren nuestra vida pública se me antoja difícil encontrar su calificativo y el sitio en que se sitúan. Es difícil, pues por levante los nacionalistas, por serlo y ejercer como tales, ya sabemos lo de las ascuas exclusivas para su siempre maltratada sardina y, a los demás, que nos den. Y por poniente, los extremos de uno y otro lado se han buscado perfecto acomodo bajo el manto de los partidos mayoritarios para extender tensiones y provocar claudicaciones ante sus exigencias para que alcancen el poder.
Pues miren ustedes, no todo vale. Legítimo es pactar, negociar, pero los precios que pagamos los españoles, España en su conjunto, por pasar esas líneas rojas, ésas que todos conocen, conocemos, es que lo que se va por el sumidero es nuestro modelo de estado, nuestro sistema de relación y convivencia que tanto nos costó alumbrar y asentar.
El Presidente del Gobierno estuvo en Ceuta una hora y cuarenta y cinco minutos,dándole tiempo a calificar lo ocurrido como una “violación de la integridad territorial de España”. Ni más ni menos. En mi medidor de situaciones políticas, este calificativo aplicado a un hecho, me resulta de los muy, pero que muy graves. Un hecho profundamente grave. Y lo dijo el propio Presidente del Gobierno, y pareciera que nadie lo coaccionó para reconocer la situación.
Después de ello, dejándonos una lista de música y libros, se fue de vacaciones defendiendo veinte días después, a su vuelta, su descanso estival. Afirmó que ha “trabajado y descansado” y que pasar tiempo con su familia es un “derecho” que tienen los políticos. Reivindicó el derecho al descanso y la conciliación familiar. Sin comentarios. La relación entre aquella reconocida violación de la integridad territorial de España y estas vacaciones presidenciales lanzaroteñas, no las acabo de encontrar. Lo siento. Y menos mal que se abortó la operación Andorra, estrambote inicialmente previsto para después del primer Consejo de Ministros.
Mientras, a Ministro por día, en agosto, el Gobierno de España ha aparecido a diario en Ceuta hablando, analizando, apareciendo en los medios y en reunión con el Gobierno de la Ciudad Autónoma, pero sin hacer nada o casi nada en lo que eran los resultados sobrevenidos después de la calificada como violación de nuestra integridad territorial: “nosecuantosmiles”, ni yo ni el Gobierno, menores y adultos siguen deambulando por las calles de Ceuta ante el hartazgo de sus nativos, sensación de abandono, y falta de atenciones básicas de salud, acogimiento y alimentación. Y eso lleva así casi cuarenta días.
Las responsabilidades por evitar lo que acabó en esa violación de la integridad territorial siguen en esa zona gris de las guerras híbridas donde nada es lo que parece, pero casi todo parece lo que es.
Rusia, Israel, las mafias del tráfico de personas, las lecturas sesgadas de las sentencias del Supremo español, etc., etc. Muchas conjeturas y pocas certezas; ninguna explicación a fecha de hoy por parte de nadie, más empeñados en excusarse que en encontrar y acusar a algún responsable. Pero lo cierto es que todo lo que ocurrió entre el 30 y 31 de julio pasados “no responde a un fenómeno espontáneo de inmigración irregular, sino que es la consecuencia/finalidad de un proceso planificado que se inicia con anterioridad y se diseña anticipadamente, con una característica definitoria asociada al mismo y que se concreta en la búsqueda de una «autoría intelectual y directiva difusa» (Informe CENIF)
Marruecos, no, Marruecos, sí. Marruecos monarquía; Marruecos con rey y a la par, príncipe de los creyentes; Marruecos gobierno y Marruecos majzén (el poder real del país vecino). Nada tiene nuestro vecino de qué que responder según nuestro Gobierno. De todo tiene que responder, según el resto de fuerzas políticas. ¿Verdad Ministro Albares?
Nuestros funcionarios de la seguridad, policías, guardias y CNI, lanzados a unacontroversia distinta según cada actor político, pero ciertamente lesiva, muy lesiva,sobre si supieron o no, si hicieron o dejaron de hacer. Pero sobre todo enfrentados a una campaña de descrédito, incluso, a veces, en demasía, y lo que es peor, también desde nuestras instituciones llamadas a defenderlos. Esa factura la habremos de pagar, y cara.
El ejército en la calle, y sin reglas de enfrentamiento. Que no pase nada. Y tampoco son agentes de la autoridad. Sí lo son las Policías Militares y la UME en el ejercicio de sus funciones. Al amparo del Real Decreto 194/2010, de 26 de febrero, por el que se aprueban las Normas sobre seguridad en las Fuerzas Armadas, esta condición de agentes de la autoridad se puede extender a otras unidades de las fuerzas armadas, según decida el gobierno. (Disposición adicional primera: “Los miembros de las Fuerzas Armadas tendrán el carácter de agentes de la autoridad en el ejercicio de sus funciones… b) En los supuestos de otras necesidades públicas en intervenciones en apoyo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en operaciones de vigilancia y protección o como consecuencia de … otros actos ilícitos y violentos. Estas intervenciones se producirán en los términos que determine el Gobierno.) ¿Verdad Ministro Marlaska, verdad Ministra Robles?
Todo eso pasó el 30 y 31 de julio. Y no se evitó por fas o por nefas.
Hubo una posterior (¡oh sorpresa!) salida voluntaria de la inmensa mayoría de los que entraron violentando nuestra frontera; decenas de miles de ellos. Pero quedaron atrás y mal asentados, un conjunto que supone más de un 15% de personas sobre la población ceutí estable.
Casi cuarenta días después, en la cuarta economía de la UE, mayores y menores de edad, magrebíes y subsaharianos, emigrantes económicos y buscadores de refugio internacional por diversas causas, siguen en la calle, estando atendidos fundamentalmente por organizaciones no gubernamentales y ciudadanos del común, en su mayoría. Y el gobierno diciendo que estamos camino a la normalidad. Y aún no se ha hecho tan siquiera la filiación de la mayoría de esas personas. Cuesta trabajo tener funcionarios y medios materiales en la representación del Gobierno de España en Ceuta(¿Verdad, Ministros López y Bolaños?)
Y por el otro lado del espectro político, el líder de la oposición, jaleado por uno de sus antecesores dedicado a la loa de la hazaña perejilera, hace gala ostensible y estentórea de su falta de propuestas y de una leal puesta a disposición del Gobierno de España para solventar la más grave de las crisis sufridas por España en décadas. Aunque pareciera que nuestros próceres no lo hayan detectado así.
Ante una violación de esa nuestra integridad territorial, lo “normal”, digo yo, es que el Rey hubiera presidido el Consejo de Seguridad Nacional. Que el Presidente del Gobierno, hubiera asumido un mando único (le es propio siempre en crisis) el mismo día 30 y no delegarlo treinta días después, a la vuelta de vacaciones. Haber demandado de la UE, y ya desde entonces y no tardíamente, la adopción de medidas propias del entramado comunitario. Que las hay. Pero, claro, los miembros del Consejo andan más pendientes de sus cuitas internas que de la solidaridad y ayuda entre todos. Porque Ceuta y Melilla no son territorio OTAN, pero sí fronteras de la UE. Pero nos tienen facturas pendientes de cobro.
Y sobre todo, el Presidente del Gobierno debiera haber citado en Moncloa (no en La Mareta) al líder de la oposición y enfrentarlo a sus obligaciones de alternativa de gobierno y fraguar entrambos una posición de país, de políticas consensuadas de estado hacia dentro y hacia el exterior. Y si no hubiera acudido a la cita, que lo hubiera explicado.
Digo yo que todo esto y algunas cosas más, hubiera sido “normal”. Pero acaso el raro soy yo. El “no normal”. Seguro.
Quienes desde la noche del 23 de julio de 2023, llevamos diciendo, machaconamente y con resultado de prédica en el desierto, que la solución de los problemas que nos acaecen pasan inevitable e indefectiblemente por la buena relación y acuerdo entre PSOE y PP, somos calificados como gente trasnochada, resentida, descontextualizada y similares descalificaciones.
La muestra de otra forma de estar a la altura de las circunstancias podía haber sido el “episodio Ceuta”. Una magnífica ocasión perdida de no dar un espectáculo lamentable ante una situación tan grave, ante España, los españoles y ante el mundo.
Pues ya vemos lo que nos espera de aquí a las municipales y autonómicas y generales. Todo ello, Ceuta mediante. Y cómo no, sentencias pendientes, mediante.
Españolito que al mundo vienes…