Juanma I el Incoherente: prometió sin VOX, gobierna con VOX
VOX hereda 200 millones en publicidad turística: los mismos que sostienen los medios andaluces. El grifo cambia de mano. Imagínense el resto.
Sevilla, 2 de julio de 2026. Más de cuarenta grados marcan los termómetros en las calles y campos de Sevilla. Juan Manuel Moreno Bonilla ha estampado su firma esta mañana en un documento que cambia Andalucía de una manera que muchos de sus votantes no eligieron el 17 de mayo. El acuerdo suscrito con Manuel Gavira, portavoz de VOX, no es un pacto de investidura al uso. Es un programa de gobierno compartido con reparto de consejerías, presencia en la Mesa del Parlamento y un senador para la formación de Santiago Abascal. ¡Y dos huevos duros! Moreno no apoya a VOX. Gobierna con VOX, se encama con Vox. La diferencia no es retórica.
Hay algo en esto que conviene subrayar antes de entrar en los detalles del texto, porque sitúa lo de hoy en un contexto más amplio que el mero cálculo parlamentario andaluz. Juan Manuel Moreno Bonilla lleva meses repitiendo en público que VOX no entraría en el gobierno. Un lío, de esos que no dejan dormir a uno por la noche. Lo dijo en campaña, lo dijo en entrevistas, lo dijo en los debates. No era una ambigüedad ni un matiz. Era una condición presentada como innegociable, parte esencial de su oferta al votante de centro-derecha que en 2022 le dio la mayoría absoluta y que el 17 de mayo le dio el 41,6% del voto. Hoy esa condición se ha evaporado. Y la pregunta que queda en el aire no es sólo cómo ha llegado Moreno a este punto, sino por qué el presidente de la Junta jugó durante semanas con la amenaza de repetir elecciones si exactamente esto —un gobierno con VOX— era, al parecer, lo que tenía en mente cuando nadie le daba el resultado que necesitaba para gobernar solo. ¿A quién engañaba con ese pulso? ¿A los votantes, a su propio partido o a sí mismo?
La pregunta no es inocente. Porque este manual —prometer una cosa en campaña, hacer la contraria al gobernar, y usar la amenaza del caos electoral como palanca de negociación— no lo ha inventado Moreno Bonilla. Pedro Sánchez lo perfeccionó antes que él. Los que en su día denunciaron que Sánchez gobernaba con quien había prometido no gobernar, que firmaba acuerdos que había presentado como líneas rojas, que utilizaba la convocatoria de elecciones como instrumento de presión en lugar de como mecanismo democrático, tienen hoy frente a ellos el mismo fenómeno en clave andaluza y con signo ideológico inverso. Todo ello liderado por el que algunos creen que es la gran esperanza blanca del PP tras un Feijóo que no acaba de enterarse y encajar.El problema, en uno y en otro caso, no es el partido. Es el método. Y el método es el mismo.
Las líneas rojas que ya no existen
VOX ocupará una Vicepresidencia con rango propio —Consejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local—, la Vicepresidencia Primera de la Mesa del Parlamento y un senador por designación autonómica. Los 580.293 votos que obtuvo VOX el 17 de mayo —un 13,8% del electorado, tercer partido en número de sufragios— se traducen en una cuota de poder institucional que ninguna formación de ese peso relativo ha conseguido en ninguna comunidad autónoma sin que mediara un acuerdo explícito de coalición plena. Porque eso es exactamente lo que se ha firmado hoy: no un apoyo puntual, no una abstención negociada medida a medida. Una integración formal en el ejecutivo. Quien ocupa una consejería tiene acceso directo a la administración, a la contratación pública, a la gestión cotidiana de recursos del Estado. Moreno lo sabe. Y ha elegido firmarlo.
Y algo más, especialmente relevante. Hoy Moreno Bonilla no solo le abre la puerta a la extrema derecha como ya hizo en 2018 y gracias a eso llegó a presidente con tan solo 26 escaños. Hoy Bonilla pone en marcha el ensayo general de lo que se avecina en unos meses en España si las derechas suman juntas para gobernar. Hoy ha quedado reinaugurado el laboratorio andaluz de toda la vida.
Un programa que no es neutro
El documento consta de 150 medidas distribuidas en 15 bloques. Algunas tienen una lógica técnica razonable: planes de reducción de listas de espera en el SAS, incentivos para médicos rurales, bajadas del ITP para compradores jóvenes, inversión en infraestructuras hidráulicas. Son medidas que el PP podría haber suscrito solo, sin intermediarios.
Pero hay otra parte del texto que no es técnica. Es ideológica en sentido estricto, y lleva la marca de VOX con una claridad que no admite lectura benévola. El acuerdo compromete a la Junta a suprimir el programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en las escuelas andaluzas. Compromete a prohibir el burka y el nicab en espacios públicos autonómicos. Aprueba recortar a la mitad las subvenciones a sindicatos y organizaciones empresariales. Establece una «prioridad nacional» en el acceso a ayudas públicas que, leído con detenimiento, es un sistema de discriminación formalizada por arraigo. Suprime los impuestos autonómicos sobre bolsas de plástico, emisiones de gases y vertidos a aguas litorales. Compromete a la Junta a rechazar formalmente el Pacto Verde Europeo y a blindar el sector primario frente a, en sus propias palabras, «los aspectos negativos de la Agenda 2030«. Aprueba una Ley de Concordia que sustituirá a la actual normativa de memoria democrática.
¿Cuántos de los 1.744.728 votantes del PP eligieron esto el 17 de mayo? ¿Cuántos votaron a Moreno para que VOX controlara la Justicia y la Administración Local de Andalucía? ¿Cuántos querían suprimir los impuestos sobre emisiones de gases o enterrar la ley de memoria? Son preguntas con respuesta electoral conocida: si los votantes del PP hubieran querido ese programa, habrían votado a VOX.
El grifo de los medios
Hay una dimensión de este pacto que los análisis de hoy apenas mencionan y que tiene una importancia estructural: el control de la publicidad institucional. La Consejería de Turismo que hereda VOX maneja en 2026 un presupuesto total de 198,7 millones de euros, con más de 160 millones destinados al área turística. Sólo en 2023, la Empresa Pública para la Gestión del Turismo y el Deporte de Andalucía licitó 32 millones de euros en un único concurso publicitario para promoción internacional. En el conjunto de cinco años anteriores, el gasto en publicidad institucional de esa consejería superó los 165 millones de euros. Esos millones son los que mueven —y en muchos casos sostienen— el ecosistema mediático andaluz. Son las campañas que llenan páginas, los contratos que alimentan redacciones, la inversión que decide qué medio sobrevive y cuál no en una comunidad donde la publicidad privada nunca ha compensado la sangría del papel. Desde hoy, quien decide cómo, cuándo y a quién se reparte ese presupuesto es Manuel Gavira. ¿Alguien imagina la fuerza que da ese grifo en manos de un partido que lleva años denunciando que los medios son el enemigo?
El nombre que nadie quiere decir
En España existe una tradición consolidada de pactos poselectorales que modifican el mapa de poder que se anunció en campaña. No es un fenómeno de partido ni de ideología. Sánchez pactó con quien prometió no pactar. Moreno gobierna con quien prometió no gobernar. La diferencia entre ambos casos es de etiqueta, no de método. En los dos, la promesa electoral funcionó como señuelo para capturar votos que, conocida la verdad, podrían haber ido a otro lado.
Lo que distingue el caso de hoy es que la negación de Moreno era explícita, reiterada y central en su mensaje. No hubo ambigüedad que interpretar. Hubo una promesa que hoy se incumple con firma notarial.
Moreno ha calculado que cuatro años de gobierno estable con mayoría de tres quintos valen más que la coherencia con sus propias palabras. Puede que tenga razón desde una lógica estrictamente táctica. Pero los 1,7 millones de andaluces que votaron al PP el 17 de mayo merecen saber que lo que eligieron y lo que empieza hoy no es exactamente la misma cosa. Eso no es política. Es una estafa con urna de por medio.
Por cierto, ¿qué van a hacer ahora con «El Padre de la Patria Andaluza» Blas Infante, sabiendo lo que la extrema derecha piensa de su figura? O lo quitan o lo ponen boca abajo. Es el guión de quien manda y por lo que se ve mandará mucho en el gobierno andaluz salido del 17M.