The news is by your side.

Las negociaciones entre EE.UU. e Irán no degradan la probabilidad de un conflicto en Oriente Medio

EE. UU. e Irán reanudan negociaciones nucleares tras meses de tensión, mientras Washington refuerza su presencia militar en Oriente Medio con un segundo portaaviones en la región.

 

El pasado 6 de febrero se abrió una ronda de negociaciones, en Omán, entre EE. UU. e Irán, tras el perentorio aviso de Washington a sus nacionales para que abandonasen Irán o, en su caso, cancelasen viajar a ese país. Tal evento negociador se ha producido tras años de amenazas, provocaciones, conflictos localizados y ataques selectivos de y contra grupos y organizaciones salafistas ligadas a Teherán por Oriente Medio (Hamás, Hizbolá, hutíes y todo un abanico de milicias yihadistas). Por eso, la novedosa consecuencia de esa ronda negociadora, más allá del férreo apoyo estadounidense a Israel, es el reconocimiento norteamericano de Irán como legítimo actor regional.   

La intención estadounidense es poner sobre la mesa un objetivo de máximos que alcance tanto el programa nuclear iraní como el de sus miles balísticos e, incluso, las alianzas regionales de Teherán y la propia gobernanza teocrática del país. Por su parte, Irán solo admite discutir sobre el programa nuclear, negándose simultáneamente a hablar sobre los misiles balísticos, asunto que considera esencial en su estrategia de disuasión frente a un Israel que sí posee armas nucleares. En principio, ambas potencias tratan de evitar la guerra. EE. UU. para no enfangarse en Oriente Medio en detrimento de su objetivo prioritario localizado en el Indo-Pacífico.  Irán para evitar una guerra que no podría ganar.  

Con ese telón de fondo se ha desarrollado la reciente visita de Netanyahu a Washington sin que, al parecer, haya supuesto un acuerdo formal con Trump sobre el camino a seguir. No obstante, y en coherencia con el realismo político actualmente imperante en Washington, EE. UU., ha proclamado su intención de reforzar con otro portaviones el ya enorme despliegue de medios navales y aéreos en zona, de los que su más significativa fuerza es el grupo de ataque del portaviones USS Abraham Lincoln. Ha habido dudas sobre si ese segundo portaviones seria bien el USS George H. W. Bush, recién salido de mantenimiento, o el USS Gerald R. Ford que, en el Caribe, ha soportado las acciones del conflicto venezolano. Parece confirmarse que finalmente el Pentágono ha decidido enviar al segundo, lo que indicaría que, al menos de momento, una nueva acción ofensiva contra Venezuela está descartada.  

En definitiva, Washington está concentrando en Oriente Medio   una formidable capacidad aeronaval de acción rápida y de respuesta duradera.  Falta por comprobar si EE. UU., amenazando con el uso de la fuerza como respaldo a su acción diplomática, intenta solamente coaccionar a Irán para que negocie bajo presión. O bien, simplemente, trate de ganar tiempo; tanto para acumular la fuerza necesaria para dar un golpe decisivo, como para que Israel se prepare consecuentemente. La postura estadounidense, no exenta de ambigüedad. y danzando entre la provocación y la disuasión, hace probable el solape de ambas hipótesis. En todo caso, el mensaje de fortaleza y protección que envía Washington hacia sus aliados norteamericanos en la zona es diáfano. Un nuevo conflicto regional en curso no es descartable.