¿Qué nos está pasando?.
Los malos resultados electorales del PSOE abren un debate interno sobre liderazgo, estrategia y el desgaste de la marca en un clima político cada vez más polarizado.
A los anteriores y más recientes malos resultados electorales del Partido Socialista, se van a ir sumando en la misma línea los de las convocatorias inmediatas y no sé si a más largo plazo. Hoy, en un análisis ligero, mi convencimiento, dicho de forma muy sintética, es que creo que los paradigmas clásicos de la democracia han caído estrepitosamente. Cada vez más una mayoría de la población no valora en cuanto vale la democracia y sus principales aspectos esenciales, aunque, como casi todo, también tiene elementos negativos. Dan por hecho que tenemos una situación consolidada que no hay que cuidar y que se puede defender cualquier tesis por muy peregrina que sea. Es más, en mi opinión, y creo que desgraciadamente no es la única, la verdad cada vez tiene menos valor.
Si yo siempre he pensado que en democracia se vota, con total legitimidad, con una o varias de las tres ”C”, es decir, con la Cabeza, con el Corazón, o con la Cartera, y todas, repito, son legítimas; esto creo que está pasando cada vez más a la historia. Y hoy día se vota, por muchísimos ciudadanos, que creo que componen la mayoría, con las entrañas, con el odio al otro. No a favor de nada coherente o sólido sino en contra de alguien o de algo. Por ejemplo, ¿Cuántas veces hemos oído hablar del “sanchismo” como una entelequia, pero que a algunos les va muy bien?. ¿Alguien de los que emplean ese término sería capaz de definirlo, no de una forma primaria, sino con pleno fundamento y solidez?. Y no me valen afirmaciones peyorativas…
Es un simple ejemplo de cómo muchos votan a alguien, no por lo que pueda ofrecer con un programa electoral sólido y por tanto, con lógica, sino porque dice lo que el votante quiere oír, con el agravante de que da igual que sea verdad o que sea mentira. Es ahí donde creo que radica el gran problema que está teniendo la democracia hoy, y el ejemplo no solamente lo podemos tener en España, sino en muchos países empezando por Estados Unidos o en muchas de las grandes (y pequeñas) democracias europeas y mundiales. El votante ya no hace análisis, no escarba en las palabras o los mensajes que recibe simplemente los acepta, tal cual, o los rechaza, tal cual sin valorar cuánto de cierto y de trascendencia puede tener cada uno. Y si intentas pedirle una explicación, te puede responder o bien con un exabrupto o bien con esa frase tan absurda de “yo es que no soy político”. Olvidan, una vez más, que tú puedes pasar de la política pero que la política no pasa de ti y por tanto, que muchas de las cosas que te pasan y que te pasarán en el futuro son consecuencias de la política, te guste o no te guste.
Y ante todo esto, como socialista me pregunto ¿qué nos está pasando?. Desde mi punto de vista nos está pasando que los militantes estamos más abandonados que nunca, justo cuando es más necesaria nuestra actividad diaria en las calles, en las redes sociales, en los encuentros, con familiares, amigos, vecinos, etc. Porque hoy día, para defender a esa democracia en decadencia, para contrarrestar esos mensajes tan primarios, y con frecuencia dañinos, falsos o tergiversados, nuestra respuesta ya no puede estar solo en los medios de comunicación, que sabemos en manos de quien están, cada vez más: En manos de quienes tienen unos intereses concretos para los que necesitan condicionar y beneficiarse de las decisiones políticas.