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Tiesos: invisibles pero cercanos

Tras décadas rastreando la cara oculta de Andalucía, relato cómo la clase media se diluye y deja paso a una mayoría atrapada entre precariedad y apariencia.

 

Un digital que presume ser ‘rabiosamente independiente’ cuya temática es confidencial y ubicada sobre territorio andaluz no puede obviar las carencias del día a día que sufrimos quienes vivimos en la autonomía más grande, poblada y que más contribuye al estado español.

Desde hacen casi 45 años vive, servidor, de desvelar verdades más escurridizas de lo deseable, esa cara B social que no se quiere mostrar con la crudeza exigible. Una constante de los últimos años es la sensación vívida de que la clase media se va esfumando ante nuestra impotente mirada. Es aquella mayoría silenciosa que votó a Suárez y que confió, casi a ciegas, por el cambio de Felipe González, ya es historia. Era la misma clase media de la que ufanaba el ‘Generalísimo’ como parte de su legado.   

La clase política andaluza se convirtió, tras pocos lustros, en altavoz de sucursal sureña del bipartidismo PSOE-PP. Las subvenciones, créditos oficiales sin retorno, corrupción endémica y galopante pobreza hizo de la cacareada ‘California de Europa’ una región desnaturalizada por dogmas de partido, capitalismo salvaje, precariedad laboral, aunque el espíritu andalucista que intentó el alma de Blas Infante heredada del PSA-PA se desvaneció como aquella mayoría que parecía muda, pero hablaba muy bien en las urnas. El Estatuto que nos unió a las nacionalidades históricas parece también desnaturalizado desde que hay autonomías financiadas ‘singularmente’, con fueros, cupos, votos cautivos monclovitas….    

Hoy palpamos votos de cabreo, de rabia, prestados o que se depositan con la idea que lo peor es mejor evitarlo. El segmento social que decíamos, esa mayoría silenciosa, hablaba con el sentido común. Hoy se diluye por la polarizada lucha política. Inclusive se tutean con los ojos pantallas del ordenador o el móvil que nos lanzan mensajes para que se gaste en lo que no se necesita, se compre lo superfluo o aspire a lo inalcanzable. Eso importa más, por lo visto, que mantener el estado del bienestar

La cara B que cualquier detective acaba conociendo de primera mano la acuñó Raymond Chandler en El largo Adiós. Se refería a un tipo que ‘va por las calles canallescas sin ser un canalla ’. Este investigador que les cribe pone en la retina de cualquiera a los tiesos que, por diversas circunstancias, son ya mayoría social en el sur español. Estos personajes no son de novela negra. Ni aparecen en películas. Son reales e irán desfilando en los próximos párrafos.

El tieso, señoras y señores, ya lo pronosticó el filósofo de taberna y químico vasco-andaluz José Antonio Garmendia (1932-2007). Centrándose en la gracia, nos lo advertía ‘no es lo mismo tener gracia que ser un gracioso’. La semántica del giro lingüístico, según el cronista Gonzalo Grajera, no abandona el concepto de gracia: «qué gracia tiene tu amiga» o «tu amiga es una graciosa«. Es decir, y según Grajera, podemos escribir: ‘no es lo mismo estar tieso que ser un tieso’. El serlo, lógico, es algo esencial, sustantivo. El estarlo es algo circunstancial.

 

El reto del libro

Llegados a este punto, a quien suscribe el tema de los tiesos le viene pellizcando desde hace décadas. Inicialmente, porque bastantes años atrás ejerció de tieso. Qué remedio. Suele pasar. Andando los años repitió pautas que le sacaron de tal atolladero y evitó otras. Las que son errores u operativas nocivas han regalado un ensayo pionero. Y el afán es didáctico.   

El proceso de elaborar un ensayo pionero ha sido complejo, no exento de incomprensiones, puertas cerradas al toque o silencios a correos. Tras mucho preguntar, documentar lo invisible y no relajar la curiosidad se abrió paso el proyecto. Quienes sobreviven con lo justo, vivieron esplendores del pasado (aguinaldos, empleos, extras, herencias, regalos, préstamos sin retorno…) y ahora le cercan hipotecas, alquileres, subidas de todo o conflictos, divorcios, despidos integran ya un volumen de casi 300 páginas con 45 referencias.

Además de casos reales que ilustran la casuística, servidor ha clasificado a los integrantes de la tiesura en varios segmentos. Los hay Clásicos (los más dignos), Prácticos (Activos y pasivos), Invisibles y digitales (Anónimos y discretos), orgullosos (Venidos arriba), Palmeros, aduladores y serviles (pelotas de-toda-la-vida). También entran en el inventario los avergonzados (No lo asumen) y los que causan Bochorno con jeta (imitan al Woody Allen de ‘Coge el dinero y corre’). El tieso en grupo o manada, tanto da, actúa en varios contextos: grupos de mensajería telefónica e internet, comunidades vecinales, Sindicatos y Partidos, Trabajo, Alumnado, Viajeros o son emprendedores en búsqueda permanente de inversores.

Los hay inclusive los tiesos y tiesas que frecuentan barras de bar, terrazas, restaurantes, supermercados, eventos y hoteles. Allí sablean lo que pueden. De igual modo, los hay agresivos y filo-delincuentes, los que buscan ‘cueste lo que cueste’ sexo gratis o bien escalan hasta racanería borderline, actúan miserablemente, con resentimiento o codicia patológica.

Pare vanidoso escribir, en primera persona, de obra parida por la misma mente que escribe. Pero se debe a quien lea estas líneas que el tema ha suscitado un gran interés entre las personas consultadas. Hasta el punto que el libro se ha elaborado con el mismo humor que debe un tema benigno si contemplamos la dignidad del tieso o tiesa porque la vida es así. El volumen también previene, defiende y neutraliza ante los peores personajes instalados en la tiesura más genuina.

Deben saber que los tiesos, amén de ser clasificados como anteriormente se expuso, admiten una escala ascendente que los convierte en varios sinónimos: carpantas, tacaños, caraduras, canino, descarado, fresco, rácano, aprovechategui (personen por la incursión semántica de la política), o quienes van de válvula, son siesos innobles.    

Más arriba en esa escala que nos permitimos en base a la práctica de verlos actuar están los rácanos, miserables, cicateros, vende humos, defraudadores, engañabobos, desalmados caza fortunas, viles, abyectos, rastreros, bellacos y mala pécora. La última denominación se centra en mujeres, además de tiesas, malvadas con malas intenciones. Haberlas haylas, como las meigas gallegas.

Para igualar al sexo femenino, también hay tiesos plus o individuos que, al creerse inmunes e impunes, desvalijan, rapiñan y expolian con sonrisas, respeto medioambiental, sostenibilidad, dogmas de partidos o sindicatos o ponen ‘encima de la mesa’ los que sea menester. Sus socorridos principios al final entran y salen de la cuenta corriente, el Registro Mercantil o de la Propiedad.

Quienes ‘entiendan’ a qué se refiere este modesto junta letras saben a qué de lo que se habla. Sin volver a la dichosa política, sumar que el libro que se estrena en librerías lo prologa alguien que conoce bien esa cara B social. Nos referimos a Paco Robles, filólogo y escritor. Y calca el tema ‘…. un libro capital en su vida, un manual de supervivencia, un tratado de sálvese quien pueda ………  se descubre al tieso que todos llevamos dentro …. ‘

 

¿Son invisibles?

Sobre estos personajes que parecen no existir, se añade que son difíciles de ubicar y de identificar, se esconden detrás de etiquetas que ellos mismos refuerzan o que otros les asignan. Sobreviven cortos de recursos, asfixiados por hipotecas, deudas o alquileres, o fingen un estatus social muy alejado de sus ingresos.

Con frecuencia se presentan como víctimas y buscan a alguien a quien culpar de sus despropósitos. Nunca admiten carencias y logran sacar ventaja de todo, incluso usando la inteligencia artificial en internet. Otros gastan más de lo que tienen para aparentar, sin asumir las consecuencias.

Esta radiografía de la tiesura es la que nos hace dudar de su son invisibles o los tenemos demasiado vistos. Si los tenemos muy cerca, o el propio subconsciente personal los aparta como parte de ese talento innato que debe tener cualquiera, debemos aclarar que siempre están ahí. Son los que chafan conocer un nuevo restaurante porque parapetados en grupos de mensajería dicen que su cuñada o amiga fue antes y es caro y malo. La razón: vieron la carta y se aleja de la tiesez que padecen.

La tiesura a la que nos referimos dice disfrutar de lo ‘vintage’ como tendencia, es decir, muebles sueltos de herencias o rapiñas. Pero en realidad no tienen para comprar los muebles que ansían y descalifican lo que se sale de su ínfimo presupuesto. La conclusión es que los tiesos no son invisibles. Hay tropa, tiene la piel muy fina y pueden ser, por pensar en alguien, parte del vecindario, amistades, compañeros/as laborales, superiores, familiares o esos cuñados que no soportamos.