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Una furia épica diluvia sobre Irán

Estados Unidos e Israel ejecutan una ofensiva planificada contra Irán con el objetivo declarado de destruir su programa nuclear y forzar un cambio de régimen.

 

Nadie que hubiera entrado en esta web en las dos últimas semanas podría sentirse sorprendido por el desencadenamiento de las acciones conjunto-combinadas norteamericano-israelíes contra Irán, en la madrugada del pasado sábado.  En el post “FUERZAS ESTADOUNIDENSES PREPARADAS PARA SU INTERVENCIÓN EN IRÁN” , el pasado 22 de febrero, se alertaba sobre la alta probabilidad de tal intervención armada. Asimismo, hay que reconocer que los pasos dados por Washington han respetado “ortodoxamente” los procedimientos públicos habituales en estas situaciones. Entre ellos: un colosal despliegue de medios militares en la zona tensionada, incluso mientras se desarrollaban negociaciones con Irán; un encuentro entre los líderes de los países “coaligados” (Trump y Netanyahu, en la Casa Blanca, el 11 de febrero); la evacuación de diplomáticos y nacionales de la potencial zona de operaciones; y un ultimátum a Irán, previo al desencadenamiento de las operaciones. Éstas, casi “reglamentariamente”, se han iniciado con el descabezamiento del país logrado con la rápida eliminación de, entre otros, el líder espiritual iraní, ayatola Ali Jamenei, y el jefe de la Guardia Revolucionaria, general Pakpour (inmediatamente sustituido por el general Ahdmad Vahidi). Acciones en las que el aroma de los eficaces servicios de inteligencia israelíes resulta inocultable.    

Reconociendo implícitamente que con la operación “Midnight Hammer” (Martillo de Madrugada), del pasado 22 de junio, no se había destruido “totalmente” el programa nuclear iraní, la nueva operación “Epic Fury” (Furia Épica), lanzada el pasado 28 de febrero, tiene doble finalidad estratégica: eliminar los programas nuclear y misilístico iraníes y promover el cambio de régimen en el país. Se trataría así de abortar la posibilidad de que Irán devenga en una permanente y terrorífica amenaza contra la seguridad de todos: Israel; los países musulmanes de Oriente Próximo y Medio; las rutas energéticas globales; e Occidente en general, donde Irán opera a través de múltiples organizaciones y grupos terroristas a los que financia y alienta. Tan formidable empeño ha justificado el envío a la zona de colosales capacidades militares norteamericanas. Resaltando, entre ellas, dos grupos de ataque: los de los portaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald Ford. Este último desplazado desde el Caribe para, entre otras misiones, complementar la cobertura de los cielos israelíes frente a las represalias iraníes mientras duren las hostilidades.   

La reacción/respuesta militar iraní está consistiendo en el lanzamiento de misiles y drones artillados tanto contra Israel, como contra las múltiples instalaciones militares norteamericanas en países musulmanes aliados de la zona. Entre otros, Qatar, Bahréin (donde se localiza el cuartel general de la Quinta Flota norteamericana), Emiratos, Jordania o Kuwait que activaron las correspondientes defensas antiaéreas. Teherán trataría, por tanto, de infligir el mayor número posible de bajas norteamericanas, ya que éstas son el talón de Aquiles de Washington frente a su opinión pública. 

También han sido objeto de amenaza las instalaciones norteamericanas por todo el mundo. Se incluyen, por tanto, las bases de Rota y Morón. No son previsibles ataques directos contra ellas, al estar alejadas a 5.000 km de Irán y, por tanto, fuera de alcance de sus misiles. Los indirectos ya son otra cosa, que podrían manifestarse en forma de ataques terroristas de células durmientes o proxis, especialmente cuando nuestro país está tan “abierto” a la entrada y circulación descontrolada de inmigrantes. También existe el riesgo de ciberataques y de protestas de nacionales y desórdenes públicos.    

Sorprende que todavía el Reino Unido no se haya llamado a parte en los ataques de respuesta a las reacciones iraníes, ya que existen bastantes contingentes británicos dispersos por la zona. En muchos casos junto a los contingentes norteamericanos. Pero lo más curioso es el atronador silencio de Moscú, supuesto aliado de Teherán. Afonía que hace sospechar una suerte de entente entre Washington y Moscú que, en su caso, se reflejará pronto en las negociaciones tripartitas sobre la paz en Ucrania. Los servicios y analistas militares occidentales deben de estar, y previsiblemente lo estarán durante algún tiempo, muy atareados con todo esto…