Yo vengo a recomendar un libro (en realidad dos)
Las tesis del historiador Shlomo Sand cuestionan el origen histórico del pueblo judío y sitúan el debate en la construcción política y cultural de Israel.
En el principio fue la palabra.
Ya hace años que me dio por recomendar este libro de Shlomo Sand, La invención del Pueblo judío, Akal, que se puede acompañar con La invención de la Tierra de Israel (o Israel eretz). Sand fue en su momento profesor de Historia de la Universidad de Tel Aviv, culturalmente judío, pero de familia no practicante, nacido en Linz ni más ni menos que en 1946, pasó los dos primeros años de vida en un campo de refugiados de Munich. Era hijo de judíos polacos supervivientes del Holocausto y se crio en Israel. Sus tres años obligatorios en el ejército matando palestinos y su tradición antirrabínica familiar lo reafirmaron completa y absolutamente en su antisionismo de izquierdas. La tesis que defiende particularmente en este libro anteriormente citado, echando mano de una amplia historiografía que, dice el autor, avala sus tesis, es que la mayoría de los que llamamos judíos o se autodenominan así, sobre todo los askenazíes, no proceden, ni lejanamente, de Palestina y Medio Oriente, son JÁZAROS, cuyo reino, parece que con más consistencia histórica que mítica, se ubicó, supuestamente, en la actual Ucrania, Cáucaso y zonas limítrofes. Se conoce la carta que un médico judío del califato de Córdoba, Hasdai ibn Shaprut, le envió al rey José, convertido al judaísmo por decisión racional eligiendo entre las tres religiones del Libro, según cuenta la tradición, al que por lo visto lo siguió todo su pueblo, que todos sabemos que suele ser muy pelota con sus gobernantes por aquello de la servidumbre voluntaria o por simple estupidez, conveniencia o lo que sea. Ay, el sacrosanto pueblo, que nunca se equivoca.
Actualmente se dice que más del 80-90 % de los reconocidos como cultural o religiosamente judíos serían de origen jázaro, el Israel actual, sería en cierta medida, una parte escindida de Ucrania, la punta de lanza de las élites judías neoyorkinas que manejan el cotarro y a los césares sucesivos actuales y toda su camarilla. Todos jázaros si excluimos a los sefardíes (que tienen muchas papeletas de ser descendientes de los judíos de la diáspora posterior a la destrucción del segundo templo de Jerusalén por Tito, hijo del emperador Vespasiano, en el año 70 de nuestra era, a los mizrajíes, o judíos árabes, los judíos negros de Etiopía, etc.). Tengamos en cuenta que los humanos, al contrario que los pastores alemanes, los Rottweiller y otros perros de presa, tenemos una tendencia natural, por culpa de las hormonas, la libido y otros apechusques, a mezclarnos y convertirnos en mestizos, en chuchos, en definitiva, y el askenazi/judío de turno igual tiene, si acaso, un 0,3% de sangre ‘auténtica’ judía.
De cualquier forma, toda esta película propagandística sionista, ahora reforzada por los evangélico-gnósticos americanos, también sionistas, pero peores, una auténtica peste, una amenaza real para el mundo civilizado, un vector de contagio e infección realmente peligroso (no me refiero a las víctimas/feligreses obviamente) se pone mejor en contexto si nos damos cuenta de la risa que nos entraría si alguien se proclamara delante de nuestras narices descendiente y heredero de fenicios, cartagineses, troyanos, griegos o romanos, si bien es verdad que la continuidad en el relato bíblico, mayormente el Pentateuco, pero también en el Tanaj, el Talmud, el Zohar y todos los demás escritos de época rabínica, es lo que le otorga cierto sentido y continuidad al RELATO.
Dicho a la manera bíblica: es la PALABRA, la literatura, el cuento, la mitología o como queramos llamarlo (a mí me gusta llamar a todo esto FICCIÓN, en sentido lato, o sea amplio y extendido, como de realidad aumentada), en definitiva, lo que le ha otorgado esta gran influencia al judaísmo, siempre una minoría en contextos sociológicos más amplios. Eso Y EL ENORME PODER que ha supuesto histórica y teológicamente que los epigonismos cristiano y musulmán, que culturalmente han influido en media Humanidad (en realidad en toda Humanidad y también, como podemos observar a diario en las redes, en algunos primates superiores).
La FICCIÓN además de sus funciones y mecanismos internos que se autoafirman y autocompletan, tiene un enorme poder PODER PERFORMATIVO, y por tanto de creación y recreación de la realidad, y, por consiguiente (que diría Felipe González) de la Historia. Como se decía en la famosa coplilla de Bob Dylan (Rober Zimmerman, de origen askenazí) ya en su etapa cristiana, conocida en España como ‘Vendo bikinis’: Man gave names to all the animals, In the beginning, in the beginning. La persistencia en el conocimiento y en la preservación del logos, la palabra, el verbo, el hecho de nombrar, de decir: de contar, cuando no tienes otra cosa, o ya en tiempos modernos (en los que el analfabetismo funcional de las mayorías sigue persistiendo) con suficiente poder y presupuesto, puede ser un arma de destrucción masiva, compaes.