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La fidelidad perruna del andaluz

Benito Fernández / Opinión.- Sé positivamente que este artículo puede rayar en lo políticamente incorrecto y levantar los ánimos de muchos de mis paisanos que defienden eso de que el pueblo nunca se equivoca a la hora de depositar su voto en las urnas. Una cosa es que debamos de respetar esos resultados ateniéndonos a las leyes que todos hemos respaldado, y otra muy distinta tragar con ruedas de molino. Porque el pueblo, como ente abstracto, como pura entelequia de masas, puede ser todo lo sabio que ustedes quieran pero tenemos cientos de ejemplos que nos demuestran que esa pretendida mayoría toma decisiones erróneas y se equivoca en bastantes ocasiones, desde el apoyo masivo a los nazis en la Alemania de Hitler al “vivan las caenas” de los absolutistas españoles en la época de Fernando VII. El pueblo se equivoca muchas veces, vaya si se equivoca.

Viene todo esto a cuento de las últimas encuestas publicadas por algún medio de comunicación sobre los resultados de las próximas elecciones generales del 20-D. Siempre se ha dicho que para vencer en estos comicios es necesario contar con los votos de los andaluces y los catalanes. Si eso sigue siendo verdad, el PP lo tiene claro. Andalucía es, junto con su hermana Extremadura, la única comunidad donde gana el PSOE de Pedro Sánchez, y Cataluña la única donde obtienen la victoria los muchachos de Pablo Iglesias. Aunque el partido de Mariano Rajoy ganara en las otras quince restantes comunidades nunca conseguiría los diputados necesarios para gobernar. Y como parece que en esta ocasión hay unanimidad no en quien va a gobernar sino en quien no quieren todos que no gobierne, que no es otro que el PP y la consigna unánime es “echar como sea a Rajoy de la Moncloa”, pues blanco y en botella.

 

[blockquote style=”1″]Alguien está propiciando como mal menor, un ejecutivo inestable que tenga sus días contados cuando haya madurado el lógico relevo en la cúpula socialista. La apuesta podría ser maestra si la ambición rubia andaluza es capaz de ser paciente y jugar con habilidad sus cartas. El tiempo nos dirá quien lleva razón.[/blockquote]

 

Pero a lo que iba cuando me refería a lo políticamente incorrecto es a analizar esa fidelidad perruna que los andaluces tenemos con el PSOE. Aquí nunca ha importado que el partido gobernante durante cuatro décadas seguidas haya cometido mil y una corrupciones institucionales, que sus dos últimos ex presidentes y una docena de ex consejeros se encuentre imputados por el escándaloso caso de los EREs fraudulentos, que seamos la comunidad que ostenta el trista record de parados de toda la Unión Europea, que tengamos la menor renta per cápita, la mayor probreza, el peor nivel educativo y el mayor fracaso escolar. Nada de eso tan importante, importa a la hora de depositar nuestro voto en las urnas.

El entramado es tal, la tela de araña tan tupida, el régimen tan bien urdido durante cuarenta años que desde trabajadores a empresarios pasando por funcionarios y autónomos, amas de casa y parados, aquí la mayoría sigue votando a los de siempre, a los socialistas, a los que ya conocemos de sobra como si los hubiésemos parido. En en el fondo somos el pueblo más conservador de toda España, los que menos nos hemos arriesgado a cambiar desde que comenzamos la andadura de esta última etapa democrática.

El próximo 20 de diciembre, Andalucía volverá a darle su confianza mayoritaria al PSOE de Pedro Sánchez que en esta ocasión y sin que sirva de precedente, no parece que sea el PSOE de Susana Díaz. La presidenta andaluza, por lo que pudiera ocurrir, se está desmarcando bastante de su lider ocasional y solo aparce lo justo y necesario en algunos mítines para apoyar su candidatura no sea que le salpique el previsible fracaso de Sanchez.Y atentos a la jugada porque Susana parece dispuesta a apoyar que, en contra de las tesis mantenidas por su candidato a la Presidencia del Gobierno, y así se lo ha hecho saber a sus íntimos colaboradores, gobierne la lista más votada el 20-D, que casi con toda probabilidad será la del PP. Alguien está propiciando como mal menor, un ejecutivo inestable que tenga sus días contados cuando haya madurado el lógico relevo en la cúpula socialista. La apuesta podría ser maestra si la ambición rubia andaluza es capaz de ser paciente y jugar con habilidad sus cartas. El tiempo nos dirá quien lleva razón-