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Andalucía en el ‘Brexit’

 

Pedro Pitarch
Pedro Pitarch*

Las negociaciones entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido (UE), para acordar los términos de la salida del segundo de la primera, ya están en marcha. En principio, el RU aborda las negociaciones en peores condiciones de las que estaba hace solo un par de meses. Porque la Premier, Theresa May, que gozaba de mayoría parlamentaria en los Comunes, adelantó las legislativas en ¡tres años! para reforzar su mayoría; y las urnas, siempre volubles, le dieron calabazas dejándola en minoría mayoritaria. Por otra parte, el inocultable fracaso de Scotland Yard y del MI5 en la prevención y lucha contra el terrorismo islámico, han puesto en almoneda el enorme prestigio que ambas organizaciones daban, hasta la fecha, a la marca británica. Se necesitarán muchas películas de James Bond para salir del bache.

Pero no nos engañemos, el RU es, y sobre todo tiene vocación de ser, una gran potencia en Europa. Una realidad y un sentimiento que hacen prever que el gobierno de su Graciosa Majestad diseñará una estrategia negociadora ―la esencia de la estrategia es la búsqueda de la libertad de acción―, que ayude a los británicos a alcanzar sus objetivos. Éstos, obviamente, estarán en relación directa con lo que pretendieron al votar mayoritariamente por el SÍ en el referéndum para salir de la UE: obtener mayores beneficios estando fuera que dentro de la Unión.  Nada nuevo; ya tanto Adam Smith como Napoleón calificaron al Reino Unido como “una nación de tenderos”.

 

Sería deseable que tanto el Gobierno como la Junta de Andalucía se preparen y blinden frente a presiones futuras, por la vía del sensible campo de los trabajadores españoles en Gibraltar.

 

Tengo el pálpito que Gibraltar va a ser uno de los puntos fuertes británicos durante las negociaciones. Y, ya se sabe, mencionar Gibraltar es hablar de problemas para España. Porque los naturales de la colonia, con la experiencia de sus más de 300 años de litigio, contrabandeo, tráficos ilícitos de casi todo y un sin fin de otros desmanes quieren ahora cuadrar el círculo: seguir siendo el felpudo del Reino Unido para obtener también los potenciales beneficios que Londres obtenga en su negociación con la UE. Si hemos de dar crédito a su alcalde, Fabián Picardo, los “llanitos” ni tan siquiera quieren oír la palabra co-soberanía.

Y eso es precisamente lo que la señora May ha planteado desvergonzadamente el pasado 26 de junio. En el texto británico para inicio de las negociaciones, se especifica que los acuerdos a alcanzar se aplicarán al conjunto de Reino Unido, que abarca Escocia, Gales, Irlanda del Norte y todas las partes de Inglaterra, y Gibraltar”. Remachando, para que no quede duda de su postura, dice que los acuerdos “incluirán a los naturales del RU y a los ciudadanos gibraltareños”. Con ello, el gobierno británico vuelve a pasarse por el forro todas las normas internacionales, calificando a la Roca española como territorio británico. Ni tan siquiera como territorio no autónomo tutelado por el Comité de Descolonización, o de los 24, de Naciones Unidas, cuya descolonización deberá alcanzarse “por negociaciones entre los gobiernos británico y español”.

Nos encontramos, obviamente, ante una postura británica antagónica con las directrices del Consejo Europeo, aprobadas el pasado 29 de abril,  sobre la negociación comunitaria del Brexit. Entre ellas, la que prescribe que, tras la salida del RU de la UE, ningún acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido se podrá aplicar a Gibraltar sin el acuerdo entre España y Reino Unido”. Gibraltar, por tanto, se perfila como una cuña de desavenencia y división en el seno comunitario que introduce la pérfida Albión, seguramente para tratar de convertir un proceso de negociación constructiva en un pleito destructivo interno en el seno de la UE a 27.

Todo esto tendrá eco inmediato en la Comunidad Autónoma de Andalucía y, especialmente, en el Campo de Gibraltar. De entrada y astutamente, el cabeza de los negociadores británicos, Robin Walker, ha deslizado que “la UE ha reconocido que incluyen los derechos de los ciudadanos de la UE que viven, trabajan en Gibraltar (…) estaría en el interés de ambos lados, y en particular de la economía de Andalucía, alcanzar una relación que permita a los trabajadores que continúen beneficiándose de la capacidad de cruzar la frontera”.  Vaya, una especie de amenaza de cierre de la verja, pero ahora por el otro lado, si la UE no tragase con las bastardas pretensiones británico-gibraltareñas de estar fuera pero con un pié dentro para lo que les interese.

Sería deseable que tanto el Gobierno como la Junta de Andalucía se preparen y blinden frente a presiones futuras, por la vía del sensible campo de los trabajadores españoles en Gibraltar. Unas presiones que incluso podrían proceder del interior de la UE, para evitarse problemas y satisfacer así las injustas apetencias del bodrio RU-Gibraltar.

 

*Pedro Pitarch es Teniente General del Ejército (r).

@ppitarchb