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ETA: elogio de la barbarie

Lo más cierto es que ETA ha sido derrotada por la democracia.

Estamos ante el llamado final de ETA , que ya dura 7 años, en el que los bandidos tratan de parecer que se van, pero intentan quedarse. Una larga y nauseabunda farsa desde que, el 10 de enero de 2011, la organización terrorista comunicaba un “alto el fuego” permanente, para el siguiente 20 de octubre anunciar “el cese definitivo de su actividad armada”. En marzo de 2017 comunicaba su “desarme total” y el 8 de abril siguiente, entregaba a la policía francesa la localización de 8 de sus depósitos de armas. Recientemente, en carta de 16 de abril de 2018, ETA anunciaba a instituciones y diversos colectivos económicos y sindicales su decisión de “disolver sus estructuras” y terminar el presente “ciclo histórico”. El pasado 20 de abril, en un comunicado publicado en Gara admitía “el daño ocasionado” y pedía perdón a las víctimas “sin participación directa en el conflicto”.

En el colmo del esperpento y el autobombo, hoy mismo se ha teatralizado, en Cambó (Francia), una especie de acta notarial de esa supuesta disolución ante testigos como los autoproclamados mediadores internacionales a sueldo”

Ayer, 3 de mayo, el infame Josu Ternera voceó una llamada “Declaración final de ETA al pueblo vasco”. Un texto arrogante y propagandístico de un folio, sin mención alguna a las víctimas, con el que se trata de justificar su trayectoria criminal, anunciando “el desmantelamiento total del conjunto de sus estructuras” y “el final de su trayectoria y su actividad política”. En el colmo del esperpento y el autobombo, hoy mismo se ha teatralizado, en Cambó (Francia), una especie de acta notarial de esa supuesta disolución ante testigos como los autoproclamados mediadores internacionales a sueldo,  representantes del PNV (“recogedores de nueces”), Bildu, UGT, sindicatos abertzales y, cómo no, de ese cochambroso pseudo-partido llamado Podemos (“recogedores de cáscaras de nuez”). .

Lo más cierto es que ETA ha sido derrotada por la democracia. Pero detrás de aquélla queda una tétrica andadura de casi 60 años de actividad criminal, con unas alforjas que contienen, entre otras “hazañas” más de 853 asesinados, casi 80 secuestros (12 de ellos con asesinato del secuestrado) y más de 6.300 heridos. Y quedan pendientes de esclarecer casi 200 casos más de los que, en su ajetreada prosa “justificadora”, nada se dice ni de colaborar con la Justicia para resolverlos, ni de hacer frente a las indemnizaciones civiles. Y, sin embargo, los etarras, tras el fracaso de su proyecto criminal, todavía quieren un borrón y cuenta nueva. Como la violencia no les funcionó plenamente y como no lograron ni doblegar a la sociedad, ni poner de rodillas al estado de derecho, ahora quieren pasar simplemente “de un ciclo a otro”. Y, además, ganar la batalla del relato para volver blanqueados  al País Vasco.

Siempre atentos al soplo del viento, ahora los obispos vascos pretenden escamotear tanta basura como acumulan bajo sus alfombras, apuntándose al nuevo ciclo “de reconstrucción moral y de reconciliación”

Coordinadamente en el tiempo con la patraña etarra, los obispos vascos emitieron también, el mismo 20 de abril, un comunicado pidiendo perdón por las “complicidades, ambigüedades y omisiones” dadas en el seno de la Iglesia durante los años de terrorismo de ETA. Y asimismo considerando que la disolución de ETA “ofrece nuevas posibilidades para la normalización” que deben ser “aprovechadas por todos”. Ese ambiguo “todos” debe referirse a ellos mismos, cuando en el comunicado se precisa que “hay que “atender las peticiones de los familiares de los presos inmersos en diversas necesidades humanitarias”.

La jerarquía religiosa vasca logró resguardarse del asesinato a ellos mismos y a sus hermanos consagrados, durante los casi 60 años en que ETA asesinó y extorsionó a mansalva a guardias civiles, policías, militares, empresarios, magistrados, fiscales, niños y, en general, a todo el que no pensara como ellos,  que estuviera a tiro fácil. Siempre atentos al soplo del viento, ahora los obispos vascos pretenden escamotear tanta basura como acumulan bajo sus alfombras, apuntándose al nuevo ciclo “de reconstrucción moral y de reconciliación” al que la Iglesia “quiere contribuir, consciente de que la reconstrucción moral está en íntima conexión con los valores evangélicos”. Qué fuerte oír eso de quien ha sido placenta de nacionalismo vasco y ubre del terrorismo etarra (por “sus complicidades, ambigüedades y omisiones”).

Por tanto, nada de acercamiento de presos ni de beneficios  penitenciarios. Mucho de persecución continuada de todos los que tiene cuentas pendientes con la Justicia”

Basta ya de tanto debate estúpido y propaganda interesada. ETA se disuelve: pues qué bien. Es lo normal cuando te han dado la vuelta al forro. Pero si sus miembros no se arrepienten, ni piden perdón a todas las víctimas, ni hacen autocrítica, ni cooperan en la resolución de los casos pendientes y un largo etcétera, nada deberían esperar ni de la sociedad ni del Estado, excepto la aplicación estricta de la ley. Eso es lo que yo entiendo por la futura “convivencia normalizada”, de la que habla ―, quizás con sentido distinto―, el lendakari Urkullu. Por tanto, nada de acercamiento de presos ni de beneficios  penitenciarios. Mucho de persecución continuada de todos los que tiene cuentas pendientes con la Justicia; especialmente los buscados por delitos de lesa humanidad. En definitiva, dejarse de tanto elogio de la barbarie y aplicar estrictamente todo el peso de la ley contra los etarras.