El sacrosanto pueblo elegido y elector
El respaldo social legitima políticas extremas mientras la guerra y el control global se entrelazan en un escenario donde las consecuencias ya empiezan a volverse contra sus propios impulsores.
Si no tenemos suficiente con lo desolador que resulta que un gobierno gobierne en contra de los intereses generales de sus ciudadanos, sobre todo si se trata de supuestos regímenes democráticos, resulta todavía más descorazonador que un gobierno que mantiene una guerra continuada contra sus vecinos desde que nació como estado, Israel, país que se repobló con gentes de quinientas naciones diferentes, sea apoyado por el sacrosanto pueblo y este legitime toda clase de medidas racistas y genocidas escudándose exclusivamente en la práctica impunidad de la población Israelí durante décadas. Una población que se ha convertido en un auténtico laboratorio sociológico para las élites tecnofeudales que nos gobiernan a todos en asuntos de control y seguridad. Ahora, sin embargo, y ahí está la gran novedad, les ha tocado a ellos sufrir las consecuencias. Las posibilidades de que el Tercer Templo, ese que todavía no se ha construido, acabe arrasado, y con él, el propio estado de Israel, son cada día más altas.
Valga esto para recordarnos, cuando miremos los muros de la patria nuestra, Andalucía, España, Europa, la que sea, la gran responsabilidad que tenemos los ciudadanos a la hora de votar (o no votar) y las consecuencias sociales y políticas que cada una de nuestras decisiones arrastran. Creo que esto que digo hay mucha gente que lo tiene muy claro, y por eso vota lo que vota, por epatar, por fastidiar al prójimo, por buscarle la cara al vecino de otro equipo, aunque el escupitajo que se lance al cielo acabe cayéndole también encima. No es ignorancia, es odio, maldad, y eso podemos apreciarlo, por ejemplo, en las redes, aunque desgraciadamente de ese odio y esa maldad no se libra ninguna tendencia política, si bien es cierto que hay grados. Esa rabia actual, que no rebeldía, es un sentimiento muy inducido por medios masivos y redes sociales, y esas reacciones populares, tan difíciles de erradicar racionalmente, son exactamente las que busca el dinero y el poder, porque tienen obviamente un plan, como lo tenían cuando se provocó la guerra de Irán, lo cual no significa que tengan una certeza absoluta de que las cosas van a salir tal y como lo tenían previsto. Si tuviesen la certeza absoluta de acertar invertirían más: ¡todo al negro!, pero muchas veces el caos, las caídas y subidas constantes de los mercados, jugar a corto, medio o largo plazo, usar información privilegiada, etc., les compensa lo suficiente.
Lo que en Medio Oriente es guerra en España y Europa es presión para controlar el mercado inmobiliario, la bolsa, la salud, la educación, la alimentación, la energía y todo lo que se esencial. El dinero y el poder con mayúsculas actúa a escala global, pero también a escala nacional y local y, por supuesto, tienen sus guiñoles en todos los teatros y teatrillos. Influir influyen absolutamente en todos los gobiernos, en todos, pero hay auténticos gobiernos títere, como puede ser actualmente el de la Argentina de Milei, por citar el más obvio. En España tanto Vox como el PP han demostrado, aparte de un absoluto desconocimiento geopolítico, una más que preocupante sumisión a EEUU/Rambo y al poder económico sionista. El otro día apareció este meme que ilustra este artículo en el grupo de Facebook Almería Política, con Arias Navarro en televisión con una foto de Silvester Stallone en su papel de Rambo y el titular: Españoles, Rambo ha muerto. Han sido muchas pelis, muchos videojuegos, muchas series, y nos cuesta creérnoslo, pero: españoles, de verdad: Rambo ha muerto. Y Chuck Norris también. Vamos, ojalá así sea, a un mundo mucho más multilateral, y no, China no va a sumir el papel de EEUU, China no es un país adicto a la guerra como EEUU sino al comercio, y desde siempre, desde hace miles de años.
Pero, ¿qué pasa entonces con Europa? Europa tiene que volver a la senda socialdemócrata que nació tras la II Guerra Mundial. Un camino, el socialdemócrata, compartido entre los propios socialistas y los democristianos. Los primeros en ser absorbidos, por las buenas o por las malas, fueron los democristianos, convertidos en unos ultraliberales a base de ir colocando en puestos decisivos a políticos que provienen, caso de Macron, caso de Merz, caso de otros muchos, de la gestión en bancos y grandes fondos de inversión, y por tanto en manos de la élite económica mundial, y a base de eliminar a los más recalcitrantes, caso dicen ahora después de tantos años, de Aldo Moro. Este caso del político italiano, un ataque de falsa bandera atribuido a grupos de extrema izquierda que, como ETA, estaban muy mediatizados por la CIA.
Los socialdemócratas, hasta ayer mismo en franca recesión, tienen la gran oportunidad de volver a construir la gran Europa libre e independiente junto a verdes e izquierdas más a la izquierda y apostar decididamente por un modelo europeo centrado en los derechos y la calidad de vida de los ciudadanos liberados por fin, ya está bien, de la tutela estadounidense y sionista.
Si bajamos al ruedo electoral actual, en el caso de Andalucía, por ejemplo, llama la atención ese apoyo popular a quienes están decididos clarísimamente a desviar determinados flujos de dinero a determinadas empresas y multinacionales, dentro de un modelo, el anarcoliberalismo, que posiblemente esté dando sus últimos coletazos con esta guerra. Pero la desinformación consiste precisamente en eso, en que las decisiones ‘acertadas’ se tomen lo más tarde posible en todos los ámbitos, de ahí que auténticas catástrofes de gestión en algunos ayuntamientos y diputaciones carcomidos por la corrupción consigan un respaldo mayoritario elecciones tras elecciones gracias al control local de la información y al odio y la maldad inoculados, como si de una vacuna con chips se tratara, en el sacrosanto pueblo elegido y elector.