El síndrome de Cansinos Assens
Parece estar cundiendo en el maravilloso mundo de los grandes egos y las pequeñas obras, ser sionista o prosionista renta, como dicen ahora.
Lo más increíble de estos tiempos es que se está confirmando (como una profecía o como esas maldiciones contra las que no se puede luchar) todo eso que, por prudencia o por cobardía, siempre hemos considerado simplista, demagógico, conspiranoico o fruto de cierta psicosis: que la guerra siempre se produce por intereses económicos muy concretos, que hay una élite que lo controla casi todo y que necesita controlarlo todo en régimen de monopolio y no quiere un mundo multipolar y colaborativo, que los grandes medios de comunicación internacionales, nacionales y regionales están controlados por ‘sionistas’ cristianos, judíos y ateos, en realidad ‘promonopolistas’ y defensores del statu quo actual al margen de orígenes, idioma, cultura o religión, y que parte de esa élite es ‘culturalmente’ judía por nacimiento o adopción, aunque ganan por goleada los sionistas cristianos, ahora en expansión exponencial. Para que nos demos cuenta de lo poderosa que son la ficción y la mitología, y más concretamente los relatos bíblicos, principalmente del Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento, y sobre todo la doctrina universal paulina y la influencia de la antigüedad clásica en el cristianismo católico y su permeabilidad y tendencia al mestizaje cultural y al sincretismo (véase la religiosidad popular católica en Semana Santa) parece estar perdiendo la batalla ante los dogmas literalistas bíblicos protestantes, mayormente evangélicos, más cercanos al dios del Antiguo Testamento o al Pentateuco judío, pero todavía más cercanos a la religión y el dios verdadero: el capitalismo y el dinero, al que parecen que están supeditados otros dioses menores como el poder, que es una consecuencia colateral del control, la acumulación, la tenencia y el uso del dinero en grado extremo.
Todas esas teorías religiosas más o menos escatológicas relacionadas con conceptos como fin de los tiempos, el apocalipsis, el armagedón, el mesías, la parusía, hablemos de milenarismo, viva la apocatástasis, las cuatro postrimerías (qué gran nombre para una pizza) etcétera, son, creo, árnica para el dolor espiritual y cuentos asustaviejas que persiguen conseguir determinados fines por diversos métodos, el primero meter miedo. Tal poder ha alcanzado el sionismo que hay miembros de la élite judía que presumen de tener a más del 90% de los congresistas y senadores controlados y en nómina, por la vía Epstein (poco se habla de su viuda, la hija del magnate de la prensa Robert Maxwell, judío y dicen que espía del Mosad desde que era muy pobre y muy joven), o por otras vías. La cuestión es que actualmente hay una cantidad creciente de ‘apestados’ (presentadores de tv, exmiembros de la CIA, exmilitares, profesores universitarios, escritores, analistas, etc.), algunos de ellos cercanos al ecosistema de Trump y su ya olvidada doctrina de no injerencia en asuntos bélicos internacionales, sobre todo en Medio Oriente, y muy contrarios al lobby sionista y su influencia en el gobierno de EEUU. Es el caso de Tucker Carlson, que está siendo incluso baneado de Youtube, perseguido, amenazado y acusado de alta traición y espionaje.
Qué contar de nuestro propio ecosistema desinformativo mediático y del control de las redes por parte de los señores tecnofeudales. Decir que en la aparentemente libre Unión Europea se están llevando a cabo persecuciones que suponen la ‘muerte civil’ de críticos con peso como Jacques Baud, coronel de Inteligencia suizo, experto en geopolítica y escritor, que actualmente vive en Bélgica con su familia y que, de volver a Suiza, tendría prácticamente imposible poder entrar de nuevo en la UE. Se le acusó de ‘difundir y defender’ las tesis rusas en la Guerra de Ucrania. Volviendo la vista a los muros de la patria nuestra, podemos observar que el control ‘sionista’ (que yo defino como pro élites capitalistas globalistas, mayormente norteamericanas, lejos de cualquier connotación religiosa, tribal o étnica, salvo para lo que supone el control de masas a través de la mitología y la elaboración del relato) es cada vez mayor en España. Pero, a mi juicio, el gran problema es que, actualmente, el ‘sionismo’ controla a los dos partidos que, juntos, pueden ser alternativa de gobierno en breve, al PP, con la inestimable ayuda de Aznar, pero no solo Aznar, claro, y Vox entregado en cuerpo y alma al dinero facilón que aporta el sionismo y la oposición iraní (son lo mismo) y cada vez más apartado de sectas ultracatólicas como El Yunque. Como diría Iker Jiménez, otro que baila estupendamente el klezmer junto a su querida esposa: ESCALOFRIANTE.
En España las dos principales vías de penetración de las ideas que ahora intoxican a buena parte de los ‘fachapobres’ han sido el periodismo ‘futbolero’ y el ‘periodismo’ del Misterio (si crees en las ánimas benditas, en los fantasmas y en los extraterrestres te puedes creer cualquier cosa). Yo no he visto el programa Horizonte, pero me cuentan que de vez en cuando aparece un señor que es el presidente de una asociación sionista llamada ACOM (Acción y comunicación sobre Oriente Medio), que han sido denunciados públicamente por algunos comunicadores refugiados en Youtube (aunque baneados con frecuencia) por supuesta difamación y amenazas más que directas.
Si en EEUU dicen que controlan más del 90% de los congresistas y senadores, en la UE llevan camino. Si en EEUU muchos votantes muy de derechas señalaban a los demócratas como marionetas del sionismo (baste ver las imágenes de Clinton con las menores en los archivos de Epstein) y ahora se dan cuenta de que Trump, que fue un tiempo la esperanza de algunos de estos ‘antisionistas’ de derechas, también es un muñequito, pero de vudú. De momento tenemos localizados a los dos partidos que, sin no era suficiente con que estuvieran controlados por las grandes familias de la oligarquía económica española clásica o por el último que llegue y ponga lo suficiente, ahora están manoseados por el sionismo internacional, esperemos que nunca lleguen a infiltrarse en el PSOE, aunque lo de Felipe González es más que alarmante. La izquierda a la izquierda del PSOE es obviamente el enemigo, como lo es la propia izquierda israelí, la sionista o partidaria de la existencia del estado de Israel, o la antisionista, pero judía.
En los últimos años vengo detectando lo que yo llamo humorística y burlonamente el Síndrome de Cansinos Assens; si existe el Síndrome de Münchhausen deberían existir como mínimo dos síndromes con nombre español: el Síndrome del Gran Capitán (‘En picos, palas y azadones cien millones’), aplicable sobre todo a los gestores públicos, y el Síndrome Cansinos Assens. Rafael Cansinos Assens, poeta, escritor e intelectual nacido en Sevilla y madrileño de vivencias y ni más ni menos que ‘maestro’ del joven Borges que anduvo por España, pariente de Rita Hayworth, hijo de familia muy católica con hermanas que llegaron a ser novicias, al ser consciente de que su apellido Cansinos o Cansino podía tener origen judío converso, y coincidiendo con el conocimiento de la existencia de judíos en el antiguo imperio otomano o en el norte de Europa que hablaban sefardí, gracias a, por ejemplo, Ángel Pulido, Menéndez Pidal, Fernández de los Ríos o el embajador y escritor granadino Ángel Ganivet, fue el defensor más entusiasta del reencuentro con la raíz judaica en España, algo que quedó cercenado precisamente desde la raíz por el franquismo y que ahora ha vuelto a brotar como un olivo milenario en el huerto de los herederos del Franquismo y también y muy especialmente en lo que llaman con un término odioso y que creo que es la primera vez que lo uso: ‘letraherido’ y que yo dejaría en un ‘leído’ raso. No olvidemos que la experiencia del Holocausto ha centrado buena parte de la literatura europea, y no olvidemos que la literatura judía norteamericana ha dominado buena parte del ‘relato’ literario desde el final de la II Gran Guerra. Pero están también el cine, el cómic, el arte, la música culta, el jazz, los medios y esa musiquilla ambiental que creo que no se transmite de forma inocente de que, si eres projudío, concretamente prosionista, lo tienes más fácil para escalar en el proceloso mundillo cultural, algo que ya se empezó a rumiar cuando el Nobel de Literatura a Cela. Qué gran conversión la suya, del falangismo a la cultura judía. En el caso de Vargas Llosa, y gracias a las amistades judías de Aznar, también hubo algo, aunque en su caso el Nobel fuera más merecido.
¿Se te ocurre algún nombre, por ejemplo de los medios, al que una mano invisible lo haya ayudado especialmente? Es para un amigo. Pues eso es lo que parece estar cundiendo en el maravilloso mundo de los grandes egos y las pequeñas obras, ser sionista o prosionista renta, como dicen ahora. En España la influencia sionista no es más que un añadido al nepotismo ilustrado habitual, al nepotismo de sacristía, el de después de misa, y el nepotismo masón, pero solo acaba de empezar. Si le damos tiempo y esta guerra no pone el mundo patas arriba podría ir a bastante más, y no digamos si los suyos llegan al gobierno.