Las negociaciones de Islamabad no echarán el telón a la guerra de Irán
Mientras se anuncia la negociación, los movimientos militares y los discursos cruzados revelan un equilibrio inestable donde todos se proclaman vencedores.
Hoy deberían iniciarse en Islamabad las conversaciones para la paz en la guerra de Irán. El escenario en muy complejo a pesar de que, a veces, parezca lo contrario. Han sido ya tantos los ultimátum de Trump, ahora convertidos en “multimatum” y en forma de tregua o cese el fuego, que parece difícil saber lo que subyace bajo cada uno de aquéllos. La confusión se incrementa por la incontinencia verbal de los actores principales del drama sobre el presente escenario de la guerra. Obviamente, no existen resultados definitivos pero tanto Washington como Jerusalén y Teherán manifiestan ser ganadores del conflicto. Sintéticamente. Washington se atribuye la victoria de lograr sentar a Irán en una mesa de negociación en Paquistán y amenazando con utilizar “una fuerza sin precedentes”. Jerusalén argumenta que, con la colaboración de EE. UU., ha logrado destruir el programa nuclear militar de Irán, mientras sigue machacando a los terroristas de Hizbolá en el Líbano. Y Teherán porque con su “bomba nuclear Ormuz”, lanzada contra todo el mundo, ha conseguido que EE. UU. se haya sentado también a la mesa de negociación.
Pero las cosas no están tan claras. Porque los EE. UU., a pesar de la tregua, continúan acercando fuerzas al Golfo. Tal es el caso, como significativo ejemplo, de la 11ª MEU (Unidad Expedicionaria de Marines), basada en San Diego (California) que se está moviendo hacia el Golfo Pérsico embarcada en el “USS Boxer” (LHD-4), el “USS Portland” (LPD-27) y el “USS Comstock” (LCD-45) protegida con los correspondientes escoltas y submarinos. Esta unidad, de asalto anfibio, tardará aproximadamente entre 7 y 10 días en estar operativa en la zona.
La escena actual, supuestamente de esencia negociadora, no echará el telón al drama. Por el contrario, sugiere recordar ese “cuando la flecha está en el arco tiene que partir” de Rafael Sánchez Ferlosio. Porque el arco cuando esté completamente tensado y la flecha adecuadamente colocada, el propio gesto exige el disparo. Mantenerla ahí indefinidamente llevaría a romper el arco.